Home > Columnas > Los tatuajes del miedo
NUEVO

El miedo puede llegar a constituirse en una fuerza poderosa de dominio y control. Lo que existe como un recurso que opera para protegernos de riesgos reales o amenazas que atentan contra nuestra vida o alguna región de ella, también puede convertirse en una fuerza que se vierte por encima de nuestras decisiones para hacernos actuar aún sin reflexión alguna.

Los miedos, en muchos casos, no han sido producto sencillo de la imaginación, más bien han sido planeados deliberadamente y distribuidos a diferentes segmentos de la población, según clases sociales y grupos étnicos. Así las estrategias puestas en marcha son meticulosas y diferenciadas , según campos o regiones de contenido, grupos poblacionales, generaciones y medios a utilizar.

Los resultados del miedo se miden en términos de la oscilación entre la inmovilización o movilización de los grupos poblacionales en direcciones preestablecidas, sin importar sus conveniencias reales, sino solo los intereses de pequeños grupos que controlan el juego a su favor. Los miedos como parte del control social también han sido incorporados por las familias como marcos falsos que pasan por verdaderos, y los cuales son responsabilidad de los adultos.

Los miedos como parte del control social también han sido incorporados por las familias como marcos falsos.

Los espantos, el restablecimiento de un orden natural basado en un ethos de la venganza hacia verdades que no deberían decirse, preguntas comprometedoras o poner en tela de juicio las autoridades carentes de sentido incluyendo el último recurso disponible: el “temor a Dios”.

Es te tipo de recursos se quedan cortos cuando el hambre y el desempleo apremian o cuando la explotación de la gente llega a un punto en que no pueden sobrevivir, o aún más,  cuando se pretende mantener un orden de desigualdad e inspirado en superioridades étnicas.

En esas circunstancias hasta los dioses y sus operadores pueden darse vuelta y querer cambiar el orden de los miedos. En estos casos, como ocurrió aterradoramente en Guate, los miedos se incrustan en nuestro inconsciente y en la propia cultura como si fueran tatuajes con tinta de sangre grabada con violencia, secuestros, asesinatos, exterminio masivo y genocidio.

El miedo solo por medio de la violencia tampoco es suficiente. Además intervienen diferentes instancias de gobierno que operan como sucursales para mantener un conjunto de reglas y grupos políticos que rinden cuenta a la casa matriz, se manosea constantemente la información y los medios de comunicación. Los mensajes son diferenciados bajo un mismo propósito.

Cualquier intento de cambio tendrá de inmediato la respuesta contundente de un sistema complejo de activación de miedos altamente eficaz para impedir llegar más allá de los rangos establecidos. En estos días los miedos de antaño se han reactivado contra las reformas constitucionales que plantean un proyecto para mejorar el ineficaz sistema de justicia, el cual a la fecha muestra en toda su crudeza lo lejos que se está de un auténtico régimen de derecho.

Esto sin mencionar que uno de los temores mayores se esconde detrás de quienes niegan la necesidad de complementar y fortalecer la justicia guatemalteca con el sistema de justicia maya. Los miedos se utilizan para apoderarse y explotar los recursos naturales, la fuerza laboral indígena y la democracia real en el país.

En las últimas dos semanas hemos sufrido el levantamiento de una nueva ola que acrecenta los miedos entre clase media y baja, ladinos  e indígenas; cuando en realidad son grupos que deberían  articular alianzas si quieren un auténtico sistema de justicia.

Leave a Reply