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Prurito legal que asegura la podredumbre

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Es un axioma que la corrupción prosperará vigorosamente allí donde no tenga ningún límite, legal o ético, como en las tinieblas del totalitarismo o las dictaduras, o aún en aquellos regímenes supuestamente democráticos donde, como ocurre en Latinoamérica, se tornó costumbre burlarse de la ley.

A este espíritu, jovial y deportivo, contribuyó por siglos el vicio exagerado de normar -por capricho o intereses mezquinos-, lo que fue balanceado en la realidad con el placer, casi religioso, de desobedecer lo legal. El primero de los males fue pretender una solución para cualquier problema, decretando una ley.

Esto provocó un alud de regulaciones que fueron acumulándose y que nadie conoce en conjunto, incluyendo a los jueces. Ciertamente la abundancia regulatoria nos viene de lejos. Sancho de Moncada, en el lejano 1619, reconocía: “Muchos se quejan que no puedan asentar el pie sin incurrir en alguna denunciación contra alguna de las leyes.  Aclaró que estas deben pasar de cinco mil porque solas las de la Recopilación son tres mil, y fuera de ellas hay las del estilo, partidas, ordenamiento real, fuero real, y fuero juzgo, leyes de Toro y premáticas que salen cada día, sin todo el derecho común.

En estos tiempos de trágica comicidad, por esto, resulta patético el reclamo al Congreso, de algún medio noticioso, por no trabajar y seguir la diarrea legislativa. En particular cada fin de año, cuando se evalúa a los diputados por el volumen de regulaciones aprobadas. Ignorando que estamos urgidos, pero de una revisión de la bazofia de leyes que tenemos, para dejar un mínimo eficaz que solo asegure la convivencia en paz.

El estado de inconsciencia profundo y permanente en el que nos hemos sumido, no nos permite ver a nivel colectivo que precisamente el grave problema de la corrupción empieza con el exceso de leyes inservibles y la grave falta de leyes necesarias. La cacareada reforma constitucional, que contiene oscuras apetencias con fines supuestamente urgentes, posee el mismo matiz. Necesitamos cambios, es cierto.

Pero no de la forma ni contenido de los planteados.  Si como tendríamos que saber todos, la Constitución es límite al ejercicio del poder, entonces queda claro que la corrupción se ha dado por desconocimiento y desacato al orden constitucional; y del desarrollo, vigencia y sometimiento a una breve y eficaz normativa ordinaria. Vista así la corrupción, incluso fallos de tribunales no acordes a la Constitución son además de ilegales, corruptos. Porque la Constitución es límite, tope al ejercicio del poder. Un caso patético. La hidroeléctrica Oxec, un complejo de 100 millones de dólares de inversión.

Por un amparo concedido a una ONG, indiciariamente activa con millonario apoyo extranjero, fue clausurado aduciendo que no se habían hecho consultas comunitarias, que por otra parte son responsabilidad del Gobierno. Habrá que ver en las Cortes, quién o quiénes son los nuevos millonarios…

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