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La vida loca

El fenómeno delincuencial de las pandillas juveniles conocidas como maras, surge formalmente en Guatemala a mediados de los años 80. En la actualidad, cerca de tres décadas después de su aparición, esta aberración se ha ido convirtiendo en un flagelo diario para la población civil, derivado de la alta organización que manejan a efecto de lograr sus objetivos y del consecuente terror que producen con sus actividades.

El término mara, se origina como una contracción del nombre de las hormigas brasileñas marabuntas, quienes a su paso son capaces de arrasar con todo. Si bien el vocablo comenzó a asociarse a la organización pandillera guatemalteca a finales de 1970, existen registros documentales que dan cuenta de que en las décadas 50 y 60 ya existían estructuras pandilleras de jóvenes, cuya integración se limitaba a hombres jóvenes que consumían drogas y peleaban entre sí, utilizando cadenas y cuchillos, generalmente por problemas de índole territorial, pero no fue sino a mediados de la década de los 80 cuando las maras emergen en el tejido social como colectividades sociales, mayoritariamente compuestas por jóvenes o jóvenes adultos, quienes comparten una misma identidad social que se expresa a través del nombre de la pandilla.

El conjunto formado por clicas, quienes interactúan frecuentemente entre ellos implicándose en actividades al margen de la ley y expresan su identidad mediante cierta simbología, y además, reclaman con trol sobre ciertos territorios, asuntos o mercados económicos. Las maras representan un fenómeno social que debe invitar a la colectividad a enfrentar con inteligencia, fuerza y decisión a efecto de reducir su impacto negativo en el tejido social. Para lograrlo, es preciso utilizar toda clase de herramientas de investigación, tanto de inteligencia civil, como de análisis científico de las evidencias para lograr la identificación positiva de los integrantes de las pandillas a efecto de someterles, de conformidad al debido proceso, al imperio de la ley, pero además, las fuerzas de seguridad deben contar con un absoluto respaldo de la población guatemalteca a efecto de que puedan desarrollar su labor a favor de la paz social y el bien común.

Las recientes acciones perpetradas presumiblemente por los grupos delincuenciales en contra de elementos de la Policía Nacional Civil, que dejaron el saldo de 3 agentes fallecidos y 9 heridos, deben constituir un parteaguas en la lucha contra la amenaza que representan los grupos delincuenciales que, entre otros, se dedican a la actividad delictiva en varios estratos, destacando entre estos, el sicariato y la extorsión, entre algunos. Por lo tanto, es preciso tomar conciencia colectiva, de que estos grupos delincuenciales se forman de manera circunstancial, es decir, sus integrantes se adhieren a la misma ante la falta de opciones, por lo que es absolutamente necesario cuidar a nuestra juventud y adolescencia, a efecto de preservarlos de caer en el círculo infernal de la vida sin sentido, llamada por los mismos pandilleros, La vida loca.

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