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Sí se puede, presidente Morales

Nada como la opinión de un experto, cuando se trata de aclarar temas complicados como el de la diplomacia, por ejemplo. Por eso valoro la columna del embajador Francisco Villagrán de León del domingo pasado en elPeriódico, que tituló “¿Puede el Presidente Morales sacar a la CICIG?”. En su escrito, el embajador Villagrán afirma que “Es cierto que el Presidente de Guatemala podría pedir a las Naciones Unidas que quiten al comisionado de la CICIG”, e indica que “También podría declarar non grato al embajador de otro país”, refiriéndose, asumo yo, a Todd Robinson.

Las afirmaciones de Francisco Villagrán van acompañadas de sus apreciaciones personales al respecto de las complicaciones que, según él, podrían derivarse de la expulsión de ambos personajes, y toman un rumbo previsible, dada la relación de Villagrán con el Movimiento Semilla, una organización de extrema izquierda que ha aplaudido las malas artes de la CICIG, especialmente durante el mandato del colombiano Iván Velásquez, quien ha pasado por alto la corrupción del gobierno de la UNE, del que el embajador Francisco Villagrán fue funcionario. Guatemala se encuentra bajo la dictadura de Iván Velásquez, quien a su vez ha sido un instrumento del Departamento de Estado.

Eso es un hecho indiscutible, y es necesario llamar de una buena vez la atención del presidente Donald Trump con el propósito de que enderece su política exterior para Guatemala, que está torcida hacia la izquierda, y para tal propósito qué mejor que declarar non grato a un embajador que ha sido desleal a su propio país, al impulsar políticas que ponen en riesgo la seguridad interna de los Estados Unidos. El argumento que se puede utilizar para declarar como una persona no deseada a Robinson lo indica el propio embajador Villagrán, cuando señala la importancia en el ámbito diplomático de “nunca ofender o menospreciar a otros países”, y vaya si Robinson no nos ha ofendido y menospreciado.

Están escritas ya en nuestra Historia aquellas frases del embajador con las que indicó, palabras más, palabras menos, que nuestra soberanía le importa un carajo. Con respecto al colombiano Velásquez, con una simple carta, el presidente Morales puede exigir a las Naciones Unidas su destitución, o declararlo non grato. O las dos cosas a la vez. Además, ya es tiempo, después de 10 años, que la CICIG termine su obscuro papel en Guatemala, y que el Ministerio Público se encargue de la persecución penal plena. La capacidad de la Fiscal General Thelma Aldana para presentar un frente sólido contra la corrupción y la impunidad ha sido reconocida reiteradamente incluso por el colombiano Velásquez y por el embajador Robinson, por lo que no es cierto que ocurriría un cisma al quedar totalmente en sus manos la responsabilidad del manejo del Ministerio Público, entidad que, eso sí, necesita ser liberada de funcionarios que han abusado de la confianza de la licenciada Aldana, como es el caso de la secretaria general de la institución, la licenciada Mayra Véliz, quien fue denunciada por el delito de tráfico de influencias  entre otros en un caso que se ventila en el Tribunal Décimo de Instancia Penal.

El ataque judicial contra el diputado Fernando Linares Beltranena, es una prueba irrefutable de que vivimos bajo una dictadura. El derecho a la falta de responsabilidad por lo que expresa, de la que como diputado goza Linares Beltranena, fue violado, con la obvia intención de callar su voz como el parlamentario que ha opuesto la más só- lida oposición a los abusos de la CICIG y del embajador. De que se puede, se puede, presidente Morales; y también se debe hacer.

Todo depende de cómo quiere usted que los guatemaltecos recordemos su paso por la presidencia.

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