No a la polarización

El radicalismo en sentido estricto es una corriente política surgida en la segunda mitad del siglo XIX, a partir de la creación de partidos radicales en varias partes del mundo. Aún sin ser homogéneo y habiendo seguido evoluciones diferentes en cada país, el radicalismo histórico se caracteriza por su postura intransigente respecto de una serie de principios humanistas, racionalistas, laicos, republicanos y anticlericales, y una visión más avanzada de la sociedad desde una perspectiva liberal progresista con especial acento en los derechos civiles y en los derechos políticos.

El radicalismo en sentido amplio es todo conjunto de ideas y doctrinas de quienes, en ciertos momentos de la vida social, pretenden reformar profundamente (de raíz) el orden político, científico, moral y aun religioso. Radicalismo proviene del latin radix, que significa “raíz”, empleado como equivalente a “principio”, “fundamento”, “causa” o “razón primera” de las cosas. En este sentido amplio, el radicalismo está emparentado con el fundamentalismo.

El radicalismo, surge originalmente del liberalismo y los movimientos liberales del Siglo XVIII y XIX y fue durante mucho tiempo la orientación política de la izquierda burguesa. Los demócratas radicales abogaron por el sufragio universal, una sistemática pérdida de poder de la Iglesia y la República Parlamentaria como forma de gobierno.

En su origen histórico, el concepto se refiere a la actitud política de aquellos partidos que para la solución de los problemas políticos y sociales de su tiempo proponían reformas de fondo, aplicando hasta sus últimas consecuencias principios de inspiración jacobina, humanista, agnóstica y democrática: educación laica para todos, separación de la Iglesia y el Estado, reforma social, etc. En su evolución posterior, sus ímpetus reformistas se amortiguaron y el Radicalismo apoya en general posiciones de centro, con fuerte hincapié en la ética cívica, la democracia política, un planteo económico moderadamente estatista y cierto asistencialismo social. Actualmente, los partidos radicales asumen posturas relacionadas al social liberalismo, la socialdemocracia y el progresismo.

Las palabras radical y radicalismo se usaron con alguna frecuencia en Europa desde fines del siglo XVIII y en América Latina durante el siglo XIX y la primera mitad del siglo XX para dar nombre a varios partidos políticos que se caracterizaron principalmente por el desarrollo de la teoría de los derechos civiles y políticos, y de la soberanía popular que sirvió de base a las formulaciones socialistas de las próximas décadas.

En los últimos días, en Guatemala nos hemos visto imbuidos en toda una debacle promovida o no, entre la institución del Presidente Constitucional de la República y la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), como producto de la intromisión de su titular Iván Velásquez, en asuntos que son de interés nacional y que le atañen al ciudadano presidente.

Los grupos de izquierda y sus llamadas organizaciones de la sociedad civil han promovido toda una descalificación de la institución del Presidente de la República, con el objetivo de impedir la expulsión del señor Velásquez, provocando confrontación, polarización y estancamiento aún peor, de la economía nacional, sin importar los efectos que esto trae consigo, con el único objetivo de imponer su criterio, recurriendo al NINGUNEO y el irrespeto a la otredad.

El colmo del caso se pudo ver ayer, durante un dialogo promovido por Eduardo Valdizán, en su programa Estado de la Nación, en donde participó el nuevo Procurador de los Derechos Humanos, y Gustavo Porras Castejón. En dicho programa se pudo observar muy bien, la posición radical que asume el señor Jordán Rodas, como buen representante de la izquierda radical, al atreverse a proponer que el presidente Jimmy Morales dé marcha atrás en su decisión de declarar Non Grato a Velásquez.

¿Quién se cree Rodas para descalificar a la institución del Presidente de la República? Si desconoce la situación y toma partido, calladito se vería más bonito, pues al inicio de su gestión, se ha dado a conocer como alguien que próximamente estará en la lista de los malos procuradores, promoviendo el odio y descalificando sin fundamento, al no entender que su papel no es tomar posición en asuntos políticos internacionales.

Siglo.21 invita a la población guatemalteca a guardar la calma y observar el respeto a todas las formas de pensamiento sin insultar ni promover el odio. Al nuevo procurador a reflexionar y evitar dar opinión sobre aspectos que no le competen pues al descalificar al presidente, únicamente hace y logra que su figura se vea como otro de los que solamente defiende los derechos de su interés. Es nuestro fin, luchar por la libre emisión del pensamiento y la defenderemos aún y cuando no estemos de acuerdo con lo que expresen otros medios o personas.

Por una nación libre, justa y solidaria.