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Guatemala y Argentina: ¿iguales o diferentes?

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Las complejidades de las expresiones de la corrupción política y económica  de los dos países así como su origen y desarrollo y la difícil situación actual  hace posible establecer y hacer algunas comparaciones y paralelismos entre las dimensiones y las profundidades alcanzadas en estos países. En primer lugar, las fuentes de información de los delitos  investigados  se descubrieron, no por acusaciones penales, como era de esperar, sino por personas comunes. Los informantes claves eran trabajadores  cercanos a los protagonistas de los actos. Eran funcionarios  ubicados en un segundo o tercer plano de la escala administrativa de las instituciones y de los gobiernos a los que sirvieron. En Guatemala la operación hecha para delatar a Pérez Molina y a Baldetti por Monzón, y más recientemente a Sinibaldi por A. Herrera  fue relativamente sorpresiva mientras que en Argentina fue la entrega a un periodista, que judicializó, un buen número de cuadernos que guardaba toda la información, con gran detalle de los nombres, entregas y cantidades. De esta manera fue posible llevar a la justicia a cientos de personas miembros de gobiernos que  expoliaron y robaron por varios años, millones de Quetzales y de Pesos. En Argentina se obtuvo una gran cantidad de datos recopilados y detallados por un chofer de confianza, sobre los actos delictivos de funcionarios de la clase dirigente. La trama del robo, los montos y las vías establecidas para tales actos estaban fríamente organizadas y dirigidas por los funcionarios políticos y por Pérez Molina, Baldetti y Cristina Fernández. Fueron estrategias organizadas con todo detalle y tiempo para su llegada al poder. Por eso se le denomina corrupción estructural, pues  es una vía para actuar sobre el aparato político-administrativo y sobre la economía del país. La primera avanzada era el cobro de coimas a empresarios corruptos para que pudieran acceder al  reino de la riqueza, los negocios y el poder. Sus responsables sabían a lo que iban, pero para lograrlo utilizaron un lenguaje aparentemente democrático en Guatemala y falsamente progresista en Argentina.

En segundo lugar, resultado de ese “plan de campaña”, que en realidad era el plan A, el dinero robado era el necesario para paliar el hambre, la desnutrición,  pobreza y mejorar las condiciones de vida de la mayor parte de población. Pero no llegó a su destino. En lugar de resolver esta emergencia nacional, actuaron en su contra con toda la sangre fría. En Guatemala en este periodo murieron muchos niños de desnutrición como se pueden constatar en algunas fuentes, a pesar de existir instituciones gubernamentales responsables de esta terrible problemática. Enormes  cantidades de los dineros destinados a  programas fueron trasladados a arcas privadas  de Pérez y Baldetti  haciendo realidad el despliegue de un plan orquestado y ejecutado desde arriba. En ambos países fueron las “parejas presidenciales” las responsables de “tales estrategias”. Además de las víctimas de la desnutrición -los niños- las políticas públicas de la soberanía alimentaria fueron las menos practicadas, y el Estado guatemalteco el gran perdedor. Esta dio como resultado que la pobreza aumentara o no disminuyera significativamente como lo habían ofrecido los candidatos en sus programas de campaña y como lo están constatando periodistas e investigadores de importantes  instituciones de investigación y de cadenas de noticias nacionales e internacionales. Luego de estos gobiernos los países son más pobres: en Guatemala no baja del 50% y en Argentina está subiendo a más del 30%.

Tercero, ambos son países con mucha riqueza y potencial productivo agro-industrial. Pero las malas prácticas, la voracidad y el consumo de las clases poderosas no hacen nada para realizar proyectos de desarrollo nacional más modernos y distributivos. Sino todo lo contrario, se basaron en  mecanismos ilegales e ilegítimos para enriquecerse(los argentinos la denominan cleptocracia – gobierno de ladrones-), como lo han demostrado las declaraciones de empresarios guatemaltecos, sobre la forma del financiamiento de Jimmy Morales para mantener sus ventajas y su estatus político. Cuarto: la credibilidad de los partidos políticos en la democracia y en la clase dirigente se ha reducido significativamente y es casi inexistente. Esta, la democracia es la gran sacrificada, utilizada y degrada al máximo. Es percibida más como parte del problema, como un obstáculo y no como la solución que esperan y quieren los ciudadanos. Es impresionante el cinismo con el que se expresó en el Congreso Argentino Cristina Fernández, ante los contundentes datos que revelan la gravedad de sus acciones y las de su marido. Igual que como la hacía Baldetti en Guatemala hace unos años. Con la ayuda de los informantes y las investigaciones oficiales se han mostrado sus mentiras. Esto  dice y prueba cómo es posible hacerse con el poder, por personas y grupos inescrupulosos, que utilizan su vocación de poder con mecanismos ilegales o políticos, y con ello ensuciar cualquier esfuerzo o proyecto que asegure la idoneidad de los candidatos. Su peligrosidad provoca en la población el rechazo, la duda, la crítica y la aversión a la política electoral y hace que se alejen de la cosa pública. Todo lo cual ha generado en estos grupos la sensación de convertir (para su beneficio) a la política en un antivalor. Es algo que hay que rechazar y combatir. Y en ambos casos no estamos lejos de eso. Quinto: los procesos de corrupción son similares en ambos casos en todos los sentidos: robos, enriquecimiento ilícito de las élites políticas, encarcelamiento para los  políticos ladrones y sobre todo lo más grandes: inestabilidad, pobreza y más pobreza y debilitamiento de la democracia que es la única vía para combatir la corrupción, la pobreza y la participación ciudadana.

¿Es posible vencer la corrupción? Erradicar este veneno y cáncer con los resultados obtenidos hasta ahora parece ser un camino largo y sinuoso. Para resolver esta problemática que cubre lo social, lo económico y lo político la única alternativa es continuar ampliando y mejorando mecanismos de participación y modelos democráticos desde la base que hagan de la lucha contra la corrupción su primera tarea, y permita mantener un Estado Multicultural de Servicio y distribuidor de la riqueza, garante de las libertadas individuales y de los derechos humanos. La formación de recursos y capital humano es fundamental para el fortalecimiento de políticas públicas que establezcan nuevas reglas del juego que garantice su permanencia, pues de lo contrario los beneficiados seguirán siendo los mismos. Como reflexión final y de fondo  es importante no olvidar, sino actualizar, interpretar y recrear los caminos recorridos por países que han salido de profundas crisis políticas y que tienen hoy democracias fuertes y capaces, luego de haber logrado resolver situaciones tan graves y profundas como estas. También  requiere de volver a recordar el concepto ideal del hombre sabio de los griegos como el hombre (y la mujer) buenos, inteligentes, responsables ante sí y ante la polis. Así como el planteamiento filosófico de Nietzsche del superhombre en el sentido de ser capaces de moldear entre todos una democracia moderna y ciudadana, entendida como el hombre y la mujer cabal al estilo guatemalteco. ¡Inmensa tarea por hacer!

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