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Hasta que la muerte nos separe

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Una boda es un evento trascendental en la vida de los seres humanos. Por medio de ella dos personas se comprometen a amarse, a honrarse y a respetarse como pareja, en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad, y a disfrutar de su amor cuidando uno del otro hasta que la muerte les separe. Asimismo, genera compromisos contractuales u obligaciones legales entre ambas partes.

La frase “hasta que la muerte nos separe” conlleva una poderosa declaración y juramento con el cónyuge, el cual se hace frente a muchos testigos, amigos, familiares, y ante Dios. Ese día se asume un compromiso para toda la vida de amar en todo tiempo, situación y circunstancia a la pareja y de nunca abandonarla ya que juntos resolverán los conflictos, limitaciones y problemas que les aquejen.

Esa promesa solemne manifiesta la madurez de los contrayentes para empezar una relación matrimonial. Al hablar sobre las responsabilidades entre los cónyuges, el apóstol Pablo comparó esta relación humana a la relación entre “Cristo y la iglesia”, indicando que debía basarse en lo justo, lo bueno y santo.

La Biblia indica: “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella”; “Esposas, sométanse a sus propios esposos como al Señor. Porque el esposo es cabeza de su esposa, así como Cristo es cabeza y salvador de la iglesia “; “Tengan todos en alta estima el matrimonio y la fidelidad conyugal, porque Dios juzgará a los adúlteros y a todos los que cometen inmoralidades sexuales.”

El libro de Apocalipsis, en su capítulo 19, muestra una visión fascinante en la cual el apóstol Juan escuchó las voces de una gran multitud celestial que clamaban: “¡Aleluya, porque el Señor nuestro Dios Todopoderoso reina! Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado, y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente; porque el lino fino es las acciones justas de los santos.

Según Got Questions, el concepto de la “Las bodas del Cordero” refleja las costumbres que se llevaban a cabo en las bodas durante los tiempos de Cristo. Esta costumbre constaba de tres etapas principales: En la primera parte se realizaba un contrato que debía ser firmado por los padres de los futuros cónyuges, donde los padres de la novia entregaban una dote al novio o a sus padres. Esto inauguraba el período de los esponsales, lo que ahora conocemos como el compromiso.

La segunda etapa, generalmente tomaba lugar un año después, cuando el novio, acompañado por sus amigos varones, desfilaban a medianoche con antorchas por las calles hasta la casa de la novia. La novia enterada de esta procesión se preparaba con sus doncellas, para luego unirse a ellos y culminar la marcha en la casa del novio. La tercera y última fase era la cena de las bodas, que podría durar por 7 días, como se ilustra en las bodas de Caná en el evangelio de Juan capítulo 2.

De acuerdo con la perspectiva bíblica, la parte profética de la fase uno se cumple en la tierra cuando cada creyente deposita su fe en Jesucristo como su único y suficiente Salvador. La parte de la dote ya fue pagada por Jesucristo, a nuestro padre celestial, cuando nos compró a precio de sangre en la cruz del calvario; por lo tanto, la iglesia está comprometida con Cristo esperando con ansías desfilar hacia la casa del novio.

La iglesia, la prometida de Cristo, actualmente se encuentra en espera de esa aparición del novio, la segunda venida de Cristo a la tierra; en la cual será arrebatada al cielo, a la casa del Padre. Para entonces disfrutar de la cena, la cual culmina con el tercer paso de la boda tradicional del pueblo judío. Hablando de su regreso a la tierra, Jesús dijo que únicamente el Padre sabe “el día y la hora”; y cuando eso suceda Jesucristo enviará a sus ángeles para juntar a todos los que perseveraron hasta el fin para convertirse en su esposa amada.

Según las tradiciones hebreas, el novio iba a buscar a la novia usualmente a la medianoche, por ello era necesario que la novia estuviese velando. En una relación de matrimonio siempre será necesario velar porque la paz, la armonía, el amor y la felicidad reine entre ambos y para ello es necesario armarse de paciencia, buena voluntad, contribuir y aprender a vivir con las diferencias siempre cultivando el amor.

El amor no es equivalente a un impulso sentimental sino un principio santo y una decisión que abarca toda la vida. Dios es amor por eso es vital que su presencia y sus principios sean el cimiento del hogar. Para construir un matrimonio sólido y duradero, es indispensable que desde el principio idealice y tenga la convicción que su matrimonio es algo permanente.

La lealtad mutua aporta estabilidad a cualquier relación y el compromiso perenne alimentado de amor, respeto, fidelidad y la buena comunicación construyen una unión duradera. Es necesario admitir de forma humilde los propios errores y sobre todo, no esperar la perfección de la pareja para así tener la certeza de vivir un matrimonio fiel y feliz “Hasta que la muerte nos separe”.

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