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Brecha salarial entre sexos

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#DescubrirLasRaíces

Un estudio reciente sobre conductores de autobuses de una empresa de transporte público de Boston, muestra que, aun sin discriminación por sexo, las mujeres ganan menos que los hombres. La causa es que ellas tienen distintas preferencias: valoran más que el tiempo de trabajo se adapte lo mejor posible a su vida personal y familiar, aunque eso suponga menos dinero.

Y realizaron este trabajo para detectar porqué, aunque todos los conductores están en pie de igualdad, con independencia del sexo, el sueldo medio de las mujeres es un 8% inferior al de los hombres. Dos economistas de Harvard examinaron para detectar las causas de la diferencia de retribución entre mujeres y hombres.

Y algo quedó claro: que los empleados con hijos buscan un plus, pero los padres prefieren ingresos adicionales a base de horas extras, mientras las madres se inclinan por trabajar menos o en horarios más favorables para atender a sus hijos especialmente menores de edad

En un artículo reciente ya se tocaba esto: que “una hora gastada en un tipo de tarea no es necesariamente equivalente al esfuerzo de una hora dedicada a otra”; por ejemplo, cuidar a los hijos genera mucho más intensidad que otros tipos de trabajo. Porque hay otros elementos que también inciden en la diferente percepción de lo que supone el tiempo dedicado, como la falta de sueño continuada en los primeros años de cuidado de los hijos, que afecta más a las madres que a los padres, y les causa agotamiento. En esta exposición, una madre con trabajo remunerado hará de media unas diez horas semanales más que los padres, lo que se denomina “multitarea”, que está compuesta de trabajo de la casa y cuidado de los hijos.

Es interesante a este respecto la afirmación con ocasión de un Congreso nacional promovido por el Centro Italiano Femenino señalando que, si en el mundo del trabajo y en la esfera pública es importante la aportación incisiva del genio femenino, tal aportación permanece imprescindible en el ámbito de la familia, que no es simplemente un lugar privado, sino algo que es condición para la salud y prosperidad de la entera sociedad.

Todo esto parte de una concepción correcta del feminismo. Porque, como comentaba alguien, realmente durante siglos los varones no tomaron demasiado en serio a las mujeres, incluso las despreciaron. Según se cuenta, fue el griego Aristóteles quien planteó la tesis de que la naturaleza había creado algunos individuos para que éstos mandasen sobre los demás, y a otros para que les obedeciesen. Entre los primeros estarían los varones, entre los segundos las mujeres. Desde entonces, según dice, los varones se envanecieron. Bueno…

Porque hay un buen feminismo y otro desenfocado. Este segundo es la tendencia que consideraba a la mujer como subordinada y que para recuperar su posición debía ser antagonista del hombre; y llevaba, equivocadamente, a la rivalidad. Ahora se va consolidando una corriente que sostiene que hombre y mujer deben advertir sus diferencias en armonía y colaboración.

Ya hace un tiempo, Katherine Ellison, premio Pulitzer, comentaba cómo una falsa concepción feminista consideraba dos grupos de mujeres, las madres y las que no lo son, y eran a veces hostiles entre sí. El feminismo moderno sale de ese error y valora a las mujeres que se dedican a sus hijos. Bastantes mujeres sienten el orgullo de ser madre. A veces han alcanzado éxito profesional, y son conscientes de que eso no justifica el sacrificio de sus deseos y satisfacciones familiares.

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