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La celebración de la Navidad

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Cuando escucha la palabra “Navidad”, ¿qué es lo primero que se le viene a la mente? Quizás regalos, estrenos, árbol de navidad, luces navideñas, convivios, viajes y vacaciones laborales o escolares. O podría ser fiestas, consumo de bebidas alcohólicas, ponche, tamales, platillos y postres tradicionales. O tal vez tarjetas navideñas, canciones navideñas, el pesebre, copos de nieve, Santa Claus o el Grinch.

La mayoría de las personas piensan que la navidad es la oportunidad perfecta para compartir con familia y amigos; disfrutando de una deliciosa cena, con un buen vino, y expresando el cariño a los que amamos con un abrazo y un “feliz navidad”, acompañado de un lindo presente. Pero, por más maravilloso que sea el compartir con nuestros seres queridos, y disfrutar de las comidas tradicionales el significado navideño aún está incompleto.

Una agenda saturada con fiestas, programas especiales de televisión, villancicos, compras, actividades en la iglesia, y un sin fin de otros preparativos; tampoco es su complemento. Nos llenamos de tantas actividades que a menudo estos días festivos se vuelven agotadores, y nos dejan sin tiempo para disfrutar y apreciar su verdadero significado. Así que hoy hagamos una pausa y echemos un vistazo a este maravilloso evento al que llamamos Navidad.

El verdadero significado de la Navidad se originó hace más de dos mil años, cuando Dios vino a este mundo, en la forma más frágil, pequeño e indefenso, para revelar su amor por la humanidad. Trayéndonos el mejor regalo de todos, la salvación. Eso representa la verdadera celebración navideña, el nacimiento de la esperanza para toda la humanidad, la salvación del mundo a través de Cristo Jesús.

Jesucristo vino a la tierra a construir un puente, entre Dios y el hombre y a revelarnos que Dios es amor. Abolió todas las leyes religiosas, para decirnos “ama a Dios con todo tu corazón, mente y alma; y a tu prójimo como a ti mismo”. Se hizo hombre con el fin de enseñarnos a ser puentes de amor, y a amar aún a nuestros enemigos; ese es el verdadero espíritu navideño, que su amor se cultive y de mucho fruto.

Fue por medio de su muerte en la cruz que pagó la deuda que teníamos por nuestros pecados. Por Su gran amor, Dios nos dio el mejor regalo, y por ello “ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús”.

Es tan fácil dejar que las tradiciones navideñas nos envuelvan, al punto de perder de vista a Jesús. Sin embargo, tal celebración, no hubiera existido sin su nacimiento. Jesús es el centro de la navidad, ya que sin Él no hubiera existido ni la crucifixión, ni la resurrección, y la humanidad viviría sin esperanza alguna. Por tanto, hagamos un espacio y meditemos por un momento en aquel que vino a ofrecernos vida eterna.

No estoy proponiendo que dejemos de lado todas nuestras tradiciones, sino que seamos agradecidos reconociendo a Jesucristo como el centro de nuestra celebración navideña; y de nuestras vidas. Que más que regalos caros, celebremos el amor. Que juntos derribemos los muros de odio, de indiferencia, de la ignorancia y todos aquellos otros obstáculos que nos limitan a amarnos y a estar unidos como nación.

Compartir un tiempo memorable con nuestros seres queridos, abrazarlos, dedicar tiempo en las tiendas para comprar los regalos, o en la cocina para cocinar esa gran cena navideña, y ver las caras de emoción de nuestros hijos al abrir con tanto entusiasmo sus regalos, no tienen precio. En esos gestos se ve expresado el amor de Dios.

Pero todo eso combinado con un corazón agradecido en adoración a Jesucristo que se dio a nosotros como un indefenso bebé para salvación, nos harán apreciar y disfrutar aún más la navidad. Ya que una cosa es estar agradecido por las personas y las circunstancias de la vida, y otra muy diferente es ser agradecidos con Dios, nuestro creador y Salvador.

Al considerar todo lo que Dios ha hecho por nosotros, deberíamos sentirnos llenos de gratitud durante estas fechas de fiestas navideñas y por el resto de de nuestras vidas. Sabemos que efectivamente, Jesús no nació en diciembre, pero lo importante es que se estableció una fecha para recordarlo, para reflexionar y unirnos como familia y nación.

Celebremos con nuestra familia y amigos, y compartamos el amor y las bendiciones que Dios nos da con los demás; y recordemos aquel nacimiento extraordinario en Belén que vino a regalarnos la salvación. Dejemos atrás la amargura y las cicatrices, perdonemos y busquemos la paz, el gozo y el amor de Dios. Esa es la mejor forma de celebrar la Navidad.

Le deseo de todo corazón a usted y a toda su familia una muy feliz navidad, y que el amor de Dios reine en cada uno de sus corazones, y que crezcan la alegría, la paz y la esperanza. Reciban abundantes bendiciones del Señor en esta temporada navideña y en los años venideros. ¡Feliz Navidad!

TEXTO PARA COLUMNISTA