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El consejo de los notables (parte 2)

TEOREMA

Sinopsis: Cinco personas consideradas parte de la élite moral de nuestro país ––Notables–– fueron citados misteriosamente por el Presidente para comunicarles su intención de defenestrar a los principales funcionarios de la Corte de Constitucionalidad, la Procuraduría de Derechos Humanos  y el Tribunal Supremo Electoral.

El Presidente agregó con vigor: tal vez inicialmente alguno de mis antecesores quiso poner orden en el país. Quizá también él o ellos, como ahora yo, quiso rescatar a nuestra Guatemala. ¿Serían esos los móviles de Serrano? A diferencia de este, otros habrían buscado soluciones políticamente “correctas”; todos fracasaron. La mayoría se desentendió por completo del futuro de la nación. Salieron con más prisa que vergüenza de la Presidencia. Con una sola excepción, todos ellos terminaron mal. Cerezo mereció una gigantesca rechifla propinada el pueblo cuando entregó el mando.

Sé que mi propósito, este que hoy someto al juicio de ustedes, va a enfrentar enemigos grandes y poderosos. Pero nuestros aliados, si bien más débiles, son numerosos. En contra de los políticos está el pueblo y yo confío plenamente en la gente de nuestro país. Sé que comprenderán que lo fácil es ver hacia otro lado, es no hacer nada, es dejar que todo siga como ha sido siempre, aunque cada vez peor. Lo difícil es enfrentarlo, y cambiarlo.

Como ustedes saben, llegué a Presidente por un azar del destino; tengo carencias muy grandes en temas de política, de historia, de filosofía y administración pública entre otras flaquezas de mi formación. Hasta en el manejo de la demagogia soy torpe. Pertenezco a la clase media del país y acuso todas sus fragilidades. Yo no tengo el nivel que tienen ustedes, soy como todos los demás. Gané la elección porque tuve la fortuna de que mi oponente generara desconfianza y temor en dos de cada tres electores. Ese, y no otro, fue mi mérito electoral.

Antes de ser candidato me ganaba la vida con un trabajo decente y honrado; era exitoso. Hoy enfrento lo difícil que es ser presidente de Guatemala y seguir siendo decente. Muchas veces me he preguntado: ¿Y si mi moralidad se fractura? ¿Y si no consigo dejar a mis hijos y su descendencia razones de dignidad y orgullo? Los descendientes de Árbenz recibieron las manchas que dejó el recuerdo de Pomona, de El Cajón, de las joyas, del efectivo y de otras riquezas mal habidas. En cambio los sucesores de Ubico se deben sentir orgullosos por la honradez de su antepasado, que fue ejemplar. Y yo ¿seré recordado como Árbenz o como Ubico?

Señor Presidente, dijo el señor C. quién parecía ser el más respetado del grupo, su sinceridad y confianza me conmueve. Como todo el pueblo nos indignamos al saber que algunos políticos, después de ocupar cargos por elección cobraron indemnizaciones millonarias. ¿Es verdad que Cerezo y todos los presidentes posteriores a él, siguen recibiendo pensiones del Estado? ¿Es cierto que la población, mayormente pobre, paga seguridad privada para ellos? ¿Sucede así también para algunos exministros, fiscales y magistrados?

Es terrible ––terció la señora D–– constantemente se señala la disparidad de ingresos dentro del sector privado nacional. Pero se calla, miserablemente, que los sectores paupérrimos contribuyan a mantener privilegios de por vida para algunos exfuncionarios. Hay concesiones y prebendas para unas empresas, ventajas que debieran ser canceladas. Pero con mayor premura, con urgencia, deben suprimirse las gracias, dispensas y favores para quienes después de robar del erario, lo siguen haciendo mediante una legislación ingrata que ellos mismos promulgaron. Con todo respeto Presidente, lo elevado de su salario es vergonzoso para nuestro país.

El Presidente tuvo intención de defenderse, como ya antes lo había hecho ante la prensa, argumentando que su sueldo no lo había decidido él, que era anterior a su mandato. Pero entendió que ante ese grupo, aquel habría sido un argumento superficial y simplón. Antes de hacer un papelote optó por callar.

Dígame Presidente, dijo la abogado A. ¿es verdad que los ex fiscales generales reciben seguridad del Estado y un sueldo de por vida? ¿Es cierto que además reciben gasolina y viáticos? ¿Es posible que aun la secretaria personal de la última fiscal siga cobrando sueldos al MP? ¿Cuántos otros exfuncionarios corruptos reciben cheques del Estado de Guatemala, con respaldo legal pero sin trabajar? ¿Está entre ellos Vinicio Cerezo y otros expresidentes? ¿Seguimos pagando los gastos de exprocuradores de derechos humanos, de exmagistrados de la CSJ y de la CC? ¿Cómo se ha llegado a tal nivel de despojo del dinero público a espaldas de los pobladores? El Gobierno aumenta su presupuesto, argumenta falta de fondos para alimentar a los niños en las escuelas o sanar a los enfermos en los hospitales, pero oculta esos otros destinos vergonzosos.

El constitucionalista M. intervino afirmando: Ciertamente, yo también me sentí insultado cuando el Congreso nombró en su comisión de probidad a sus elementos más sucios y corruptos. Con solo dos excepciones, la Comisión de Derechos Humanos ha escogido mal a los PDH; a uno de ellos hasta lo reeligieron. ¿Cómo evitar sentir vergüenza cuando se sabe que en el Organismo Judicial y de otras instituciones de máxima relevancia en la vida institucional del país sucede una compra y venta de encausamientos y sentencias? ¿Cómo no resentir que se sigan negociando posiciones y otorgando poderes, incluso a extranjeros indeseables? También a nosotros hiere que la Justicia haya sido cooptada y que ahora se persiga a personas honorables por motivos ideológicos y políticos.

El doctor S. cortés y amable, aunque compartía la postura de los demás, había empezado a preocuparse por el asedio al que estaba siendo sometido el Presidente. Aprovechando una pausa dijo: Señor Presidente, ahora permítanos retirarnos a deliberar y buscar consenso entre nosotros.

El Presidente se quedó solo, mirando a través de la ventana que comunica con la plaza central. Se sentía como el capitán de un barco que sabe que habrá tormenta y que su nave puede naufragar, pero también se sentía orgulloso como no había conseguido estarlo desde que le impusieron la banda presidencial. Había conseguido desembarazarse de “la rosca” que lo asfixiaba.

Por primera vez tenía la certeza de estar cumpliendo el mandato del pueblo que lo había electo. Ya no estaba dentro del papel decorativo que el sistema le asignaba. Ya no se trataba de inaugurar tramos carreteros, de buscar justificaciones para viajar o de condecorar a desconocidos, ahora podría cambiar la Historia, hacer algo trascendental por la gente, por el futuro de Guatemala. Al pensarlo así, sintió que la piel se le erizaba.

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