Press "Enter" to skip to content

Los crímenes de personas “BUENAS”

#DescubrirLasRaíces

Recientemente declaraba el Papa que la Iglesia no se cansará de hacer todo lo necesario para llevar ante la justicia a cualquier persona del clero que haya cometidos abusos sexuales.

En esta línea puede recordarse aquí al sociólogo Massimo Introvigne un artículo en que explica que el huracán mediático de varias semanas responde a lo que se conoce como un fenómeno de “pánico moral”, perfectamente dirigido desde determinados centros de influencia. Según su explicación se trata de una “hiperconstrucción social” tendente a crear una figura predeterminada (un monstruo) con materiales fragmentarios y desperdigados en el tiempo. Existe ciertamente algo real, pero las dimensiones y el contexto histórico son sistemáticamente alterados o silenciados. No ponen esos números en relación a la totalidad brutal del problema; nadie dice, por ejemplo, que en los Estados Unidos eran cinco veces más los casos imputados a pastores protestantes; o que, en el mismo periodo en que en ese país fueron condenados 50 eclesiásticos católicos, fueron cinco mil los profesores de gimnasia y entrenadores deportivos que sufrieron esa condena. ¡Y nadie ha pedido cuentas a la Federación de baloncesto! Y señala otro dato: el ámbito más habitual de los abusos sexuales a menores es precisamente el de la familia (allí suceden dos tercios del total de los casos contabilizados) …y no suceden por culpa de la institución familiar, sino a pesar de ella.

Y se señala que es bueno analizar datos. En Alemania, por ejemplo, de los 210.000 casos de abusos a menores denunciados, 94 corresponden a eclesiásticos. Cierto que 94 casos son demasiados y constituyen un dolor para todos.

Pero cuando la gran prensa fabrica primeras páginas a costa de 94 casos y calla sobre los otros 200.000, estamos ante una manipulación que debe denunciarse. Porque hablando claro, las cifras de esta catástrofe nos hablan de una enfermedad moral de nuestra época y reclaman dirigir la mirada, no a la Iglesia o al celibato de los sacerdotes católicos, sino a la revolución sexual, al relativismo y a la pérdida del significado de la vida que aflige a nuestra sociedad occidental.

Es un tema que podría seguirse comentando. Quizá baste ahora insistir en que siempre debe partirse de la responsabilidad personal. Cuando alguien se porta mal, él debe responder por sus actos, como en cualquier gremio. En el caso de la Iglesia, cuya doctrina moral es perfectamente conocida, si alguien comete un delito será a pesar de la Iglesia. De los primeros doce que escogió Jesús, uno fue traidor. Si la Iglesia se hubiera centrado en la traición de Judas, hubiera dejado de existir hace mucho tiempo. Por el contrario, se centró en los otros once. Es comprensible que algunos no presten atención a esos buenos ‘once’, pero es injusto: Son los eternos criticones, que van a morir rabiando.

TEXTO PARA COLUMNISTA
%d bloggers like this: