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Participación ciudadana

La Picota

Son días de tribulación en el territorio guatemalteco. Los ciudadanos, en su mayoría, estamos indecisos entre el apoyo a un gobierno que no da muestras de querer acabar con la corrupción y los grupos disidentes -poco confiables- que abanderan las protestas en favor de la CICIG.

La incertidumbre prevalece entre quienes tendremos que ir a las urnas a estampar nuestro voto en las próximas elecciones. Es evidente que los binomios presidenciales escogidos por los partidos políticos no son los idóneos. Muy poco podemos esperar de esas figuras deslucidas cuyas fotografías veremos en la papeleta blanca. Seguramente, acudiremos al llamado para votar por quienes consideremos los menos malos.

Esta vez, los empresarios serán más cautos a la hora de apadrinar candidaturas. Los partidos políticos tendrán menos oportunidad de quedarse con el vuelto de la campaña electoral. En esa coyuntura, es posible que el financiamiento ilícito lleve las de ganar, pues no tiene que rendir cuentas a nadie, pero también, se usarán los fondos públicos en gran medida.

La elección de diputados y alcaldes será diferente. Esta vez, esperamos madurez política para ejercer el voto cruzado y elegir a ciudadanos íntegros, que sean capaces de generar el cambio que tanto anhelamos. Algunas caras nuevas se están animando a participar, en el entendido que los partidos políticos son un vehículo efímero pero necesario para alcanzar un puesto de elección popular.

El caudillismo ha tenido que ceder espacio a la participación ciudadana externa, ante el temor de perder su menguante caudal político. Los partidos que se aferran a una organización cerrada están en peligro de extinción. El populismo también tendrá su cuota de poder para movilizar a las masas, aunque su capacidad se verá disminuida por el control que esperamos ejerza el Tribunal Supremo Electoral.

A pocos días de la convocatoria, hay poca información sobre los candidatos y sus propuestas, en virtud de los cambios efectuados a la Ley Electoral y de Partidos Políticos que, dicho sea de paso, no fueron los más acertados. Habremos de votar por quienes ofrezcan desengavetar las leyes que, desde hace décadas, nos impiden caminar hacia el desarrollo, la modernización y la tecnificación del Estado.

La duda persiste entre quienes tienen la capacidad para asumir un reto en la administración pública, pero no se atreven a dar un paso adelante por temor a sucumbir en las arenas movedizas de la política corrupta. Atender al llamado de la participación electoral conlleva el riesgo de ser objeto de ataques despiadados a la honorabilidad de la persona. Por otra parte, implica dejar la comodidad del hogar y la familia para dedicarse, casi por completo, a procurar el bien común.

En las próximas semanas asomarán las caras de viejos políticos con las mismas mañas. Jurarán que han cambiado y que se arrepienten de sus acciones pasadas. Además, emergerán otras caras con nuevas propuestas; su efectividad será calificada de acuerdo a la gestión de quienes sean favorecidos con el voto popular.  Les exhorto a ejercer la participación ciudadana con responsabilidad, evitando la confrontación ideológica y los ataques a la dignidad de las personas.

TEXTO PARA COLUMNISTA
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