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¿EL FIN DEL SOCIALISMO?

Evolución

Así se decía el 9 de noviembre de 1989. Miembros del partido Unidad Socialista que regía la entonces Alemania oriental habían forzado la dimisión de Erich Honecker, quien fue sustituido por Egon Krenz, con miras a suavizar la dura imagen del régimen totalitario, en función de las exigencias de la población y a la vez apertura del régimen socialista soviético a ciertos cambios que empezaban a vislumbrarse en esa época. Cambios en muchos casos no tan significativos, realmente, que se anunciaban en conferencias de prensa diarias, en cierta forma para apaciguar a una población desesperada y cada vez más valiente y exigente. Ese 9 de noviembre, Günter Schabowski, el portavoz improvisado del partido socialista anunció con cierta ligereza que se estarían relajando las políticas para que los Berlineses subyugados en el régimen socialista soviético pudieran viajar nuevamente hacia el Berlín libre luego de 28 años. Esa misma noche miles de Berlineses que interpretaron el anuncio como un levantamiento total de la restricción empezaron a cruzar, con la actitud pasiva de los oficiales del ejército socialista alemán que en ocasiones anteriores asesinaron a cualquiera que lo intentara, del Berlín socialista totalitario hacia el Berlín libre y próspero. El muro fue derrumbado, el mundo lo celebró y anunció el fin del socialismo.

Sería cuestión de tiempo para la reunificación de Alemania y para que todas las naciones que conformaron el bloque socialista soviético volvieran a la senda de la libertad, la democracia y la prosperidad. En Cuba, y posteriormente en Venezuela, el éxodo ha sido perenne. A pesar del mismo transcurso del tiempo Cuba sigue prácticamente inerte y hace veintiún años que Venezuela tomó el camino de su autodestrucción cuando optó por el socialismo del siglo veintiuno. Argentina lo sufrió con los Kirchner, Bolivia con Morales, Ecuador con Correa, y así otros en nuestra región, Nicaragua lo sufre con los Ortega y recién ha llegado el turno destructivo para México con López Obrador. Por supuesto que América Latina no ostenta el monopolio de votantes incautos ante los cantos de sirena de los políticos socialistas. España, por ejemplo, no termina de aprender y en Estados Unidos, otrora bastión de la libertad, particularmente milenials ingenuos son seducidos por las promesas irrealizables a la mode socialista cuya meta en última instancia es el totalitarismo y la tiranía que anula los derechos y libertades de los ciudadanos en la medida que se le permita avanzar.

Hoy Venezuela vuelve a dar alguna esperanza de que su socialismo podría estar llegando a su fin. Algunos gobiernos de la región han expresado su apoyo y reconocimiento a Juan Guaidó, presidente de la Asamblea Nacional y decenas de miles de venezolanos han colmado las calles para manifestar su rechazo al dictador Maduro. Aún está por verse si esta vez, por fin, Venezuela logrará salir de su pesadilla socialista, y si realmente aprendió la lección.

¿Cuál será el rumbo que tomará Guatemala este año? Habrá que esperar los resultados de las elecciones para identificar a los políticos vencedores. Sin embargo, el rumbo de la política en sí, en nuestro país, como en muchos otros, es y ha sido relativamente predecible. Históricamente, los gobiernos que no han sido identificados como de izquierda o socialistas, que convencionalmente han sido identificados como de derecha, tienen la característica común de haber sido, en el fondo, mercantilistas y visiblemente corruptos en mayor o menor grado. En dichos gobiernos ha prevalecido la práctica de repartir y mantener privilegios a sectores económicos poderosos y de utilizar las contrataciones públicas para enriquecer de forma exorbitante a políticos y contratistas corruptos. Según el grado de descontento y desprecio hacia esa diestra mercantilista es que en muchos países se ha impulsado el péndulo en la dirección siniestra del socialismo.

En todo caso, lo que Guatemala y América Latina no terminan de comprender, y lo que Estados Unidos y Europa han olvidado, es que en la medida que se sitúan las esperanzas en el estatismo se destruyen las posibilidades del progreso. Europa siglos antes, Estados Unidos de forma ejemplar, y los tigres asiáticos posteriormente, generaron niveles de desarrollo sin precedentes gracias al Liberalismo, auténtico, en el sentido económico sin los intervencionismos y cargas del estatismo, y en el sentido político en cuanto a la defensa de las libertades y derechos de los ciudadanos. En esos países desarrollados hoy en día quienes se denominan el 99% se pronuncian contra lo que no saben siquiera identificar como mercantilismo, o pagan a duras penas las consecuencias de dejar en manos de políticos populistas la precaria satisfacción de infinidad de necesidades que hoy reclaman como “derechos” bajo esquemas destinados a la quiebra y al fracaso, bajo el engaño que otros son los que pagan la fiesta. Mientras, el subdesarrollo de América Latina se origina en su propia mentalidad, que se niega a entender que lo que considera el peor de todos sus males, la corrupción, es intrínseca al estatismo y sigue esperanzada en que el cielo le envíe al déspota benévolo infalible que le sacará de su miseria. ¿Es el fin del socialismo? Difícilmente.

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