Columnas

Darle de tiros al dictador es lo fácil

Divi Filius

Se argumenta de forma coloquial que la Venezuela anterior al chavismo era uno de los países más ricos.  Quizá lo era, pero al mismo tiempo era uno de los países más desiguales de la tierra.   Razón por la cual cuando un ´café-con leche´ (mulato) en campaña electoral ofreció no solamente darle fin a la crisis de inseguridad sino además toda una serie de compensadores sociales las urnas cambiarían el destino del país.  El denominado Socialismo del Siglo 21 no adquirió legitimidad para gobernar vía una revolución tradicional, la adquirió precisamente en las urnas y con un resultado electoral que le permitió eventualmente realizar reformas estructurales.  En sí la idea del Socialismo del Siglo 21 no era una mala idea: a) desarrollismo democrático regional, b) la economía de equivalencias, c) la democracia participativa y d) las organizaciones de base popular.  En esencia, el grave problema de la desigualdad podía verse al fin, atendido.

¿Atender el problema histórico de la desigualdad y la exclusión no se puede hacer con los instrumentos tradicionales de política pública?  Allí comienza la actual tragedia venezolana.  Porque si, en efecto, dicha tarea es muy difícil de llevar a cabo si los poderes ejecutivos no adquieren ventajas considerables sobre los actores que tradicionalmente han ostentado el poder.   El problema es que con lo anterior comienza a desmoronarse el concepto de la democracia liberal, el balance de poderes y eventualmente el mismo concepto de la democracia competitiva (aquella democracia donde cualquier opción partidista puede participar en igualdad de condiciones).  Las transformaciones se dieron,  pero el régimen político en Venezuela comenzó a otorgarle mayores ventajas el poder Ejecutivo.  Si, no se niega ni se duda, las ´masas´ saldrían a votar reiteradamente al chavismo pero también hay que notar que el chavismo realizó reformas electorales que le otorgaron ventajas de cancha entre ellas, el alargamiento de mandato, reelección ininterrumpida y modificación de distritos electorales.  Razón por la cual dicho sea de paso, incluso si hubiesen elecciones, sería muy difícil determinar si las mismas fueron claramente libres y transparentes.  Por eso es que, la salida a la crisis venezolana no es tan clara por mucho que sea cierto que la única salida es adelantar las elecciones y permitir que el modelo político del chavismo se la juegue en las urnas.

Pero,  que no se olvide, darle de tiros a un ´dictador´ es lo de menos y es siempre lo más fácil.   Es siempre claro una salida sangrienta y violenta pero no requiere mucho ´seso´.  Lo complicado en realidad es, ¿Qué hacer después?  Porque no se trata solamente de ´sacudirse´ al chavismo asumiendo que Maduro acepta las elecciones adelantadas, acepta la presencia de observadores internacionales y además suponiendo que Guaidó no compite en ellas para purgar su unilateral auto-proclamación.  Se trata de darle una salida viable a la crisis pero al mismo tiempo, construir un proyecto político que no vuelva a generar las condiciones que originalmente produjeron el fenómeno chavista.  Tampoco se trata -cómo ha sido expuesto por representantes de la oposición-  de hacer proscritos a todos los partidos que simpatizan con el chavismo.

Sin duda alguna lo que sucede en Venezuela tendrá repercusiones a futuro y nos muestra, lo importante que resulta mantener vigentes las reglas del juego democrático sano.  Es decir,  ni que los Ejecutivos se den ventajas y tampoco, que aparezcan presidentes auto proclamados.

TEXTO PARA COLUMNISTA

David Martínez-Amador

Becario Fulbright del Departamento de Estado Norteamericano. Politólogo, UMASS-Amherst. Investigador Social en las áreas de Consolidación Democrática, Crimen Organizado Transnacional, e impacto del crimen transnacional en la gobernabilidad democrática. Miembro de la Red de Investigadores Latinoamericanos por la Paz y la Democracia ÍNSUMIISOS´ con sede en Ciudad de México. Profesor universitario y consultor. Ha trabajado en Centroamérica, México, Estados Unidos y Canadá.

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