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Del tín marín de don pingue, a nuestra compleja realidad

Lugar Hermenéutico

De tín marín de don pingue, cucaramacara títere fue, yo no fui, fue tete… Como olvidar la primaria en la escuela de la colonia, recordar a las compañeritas cuando jugaban a echarse las culpas y acusarse sobre algo, repitiendo esta especie de trabalenguas o jerigonza, hasta que producto del azar, la jerigonza terminaba en una de ellas, en quién recaía la culpa del hecho en cuestión.

En la actual realidad política y social del país, la forma de actuación de las principales dirigencias nacionales pareciera una analogía del juego de niñas de la Escuela de la colonia.  Nadie quiere asumir su cuota de responsabilidad de la debacle de este Estado que está en el umbral de ser considerado fallido.

Con el nivel de desigualdad más alto en Latinoamérica solo después de Brasil, de acuerdo con el coeficiente de Gini, Guatemala inicio el 2019 con la mayoría de su población sumida en la pobreza, lejos, pero muy lejos de alcanzar las metas trazadas en los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU.

Que si son los empresarios, los políticos, los obreros, las mujeres, los hombres, los jóvenes, los indígenas, los sindicalistas, los pastores, los curas, el ejércitos, los narcos, los mareros, los funcionarios, los futbolistas, los banqueros, los universitarios, los chuchos, el gallo, el caballo, en fin, sobra a quien cargarle la responsabilidad cuando de asumir costos se trata.

Y efectivamente, parafraseando el principio de Naciones Unidas sobre el cambio climático, “Responsabilidades Compartidas pero diferenciadas”, todos tenemos nuestra cuota de responsabilidad pero por supuesto en diferente cota.  En términos ambientales no es lo mismo el nivel de contaminación de un país como China o Inglaterra, que la de un país como el nuestro, con niveles marginales de CO2  emitidos a escala planetaria.  Por ello es absurdo a veces golpearnos el pecho indicando que todos somos causantes de este fenómeno climático.

Como igual de absurdo sería indicar que todos los ciudadanos tenemos la misma responsabilidad que la de los agentes públicos y privados que han corrompido la función pública del Estado, o que tenemos la misma responsabilidad de aquellos que con la privatización de servicios públicos nos condenaron a oligopolios o carteles que fijan tarifas discrecionalmente en la prestación de servicios.

Menos aún, puede decirse que tenemos el mismo nivel de responsabilidad del cura o del pastor que cambio su rol de referente moral y ético en una sociedad por servirle de comparsa a un sistema que le es útil en términos económicos y políticos.

Solo cuando cada uno asumamos la actuación responsable en nuestro radio de acción, veremos opciones de salida del laberinto, caso contrario seguiremos viendo a los diferentes “grupitos” jugar al tín marín.

TEXTO PARA COLUMNISTA
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