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Cerca de la Cruz y lejos de Cristo

Emunah

Estamos en víspera de Semana Santa, durante este tiempo se llevan diferentes actos religiosos que nos hacen reafirmar nuestra fe y recordar las bases fundamentales del cristianismo. Siglos y siglos han dado forma a esta tradición anual, en la cual se han implementado una gran cantidad de símbolos; entre los cuales, la cruz contiene el significado más importante y valioso.

La cruz es, sin duda alguna, el símbolo del Cristianismo por excelencia; ya que, simboliza tanto el sufrimiento, crucifixión y muerte de Jesucristo, así como la salvación, reconciliación y unión de la humanidad con Dios. Sin el sacrificio de Jesucristo en la Cruz no tendríamos esperanza ni en esta vida ni en la eterna, ya que tendríamos que sufrir la pena de muerte por nuestros pecados y nuestra vida no tendría propósito.

Más que un símbolo, la cruz nos recuerda una nueva vida, el perdón de nuestros pecados, la salvación de nuestras almas, la cancelación de cualquier maldición, y el regalo de la vida eterna en el reino de Dios; lo cual se resume en el evangelio. Por medio de ella Dios nos mostró su profundo y maravilloso amor a través de la muerte de Su Hijo.

En la historia de la humanidad, la cruz siempre había estado reservada para la lacra de la sociedad, una ejecución denigrante. Roma la utilizó no sólo como un instrumento de tortura y ejecución, sino también como símbolo de vergüenza y humillación, otorgada para los peores y más bajos criminales. En la actualidad sería como la silla eléctrica, la cámara de gases o la inyección letal.

Para los judíos, la cruz, era una señal de maldición; un castigo justo para aquel que blasfemaba al afirmar que era Dios. Aún después de su muerte, la idea de que el creador del universo, murió en una cruz para salvar a los pecadores, era inconcebible y ofensivo. Por eso la Biblia afirma que “hay gente que piensa que hablar de la muerte de Cristo en la cruz es una tontería o locura, pero aclara que aquellos que piensan así no se salvarán”.

En esa cruz, Jesús decidió renunciar a sus derechos, recibir la maldición de la humanidad y voluntariamente entregar su vida por amor a nosotros. Filipenses 2 dice que “…estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre.”

De hecho, la Biblia afirma que en ningún otro hay salvación, porque no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres mediante el cual podamos ser salvo. Así que la cruz aunque sea un evangelio difícil de creer, no es una opción, es el único camino que tenemos para la salvación del alma; porque en ella murió Jesucristo, para luego resucitar al tercer día, asegurándonos que hay vida más allá de la muerte física.

Con este irrepetible evento histórico, aquél símbolo de ejecución romana de una muerte lenta y dolorosa en ese madero maldito, se convertiría en símbolo de vida. Con una nueva identidad, conteniendo un significado completamente diferente, un mensaje de poder divino, de amor, de perdón, de vida, de resurrección, de salvación y de la más genuina liberación y limpieza profunda de nuestra alma.

Sin embargo, con los años ese significado se ha ido disipando. Actualmente la cruz se usa en ambulancias, farmacias, botiquines, en la cruz roja; y algunos se la han colgado en el cuello, la han venerado, la han explotado, la han odiado, la han quemando, e inclusive matado en su nombre. En el proceso se han olvidado de la esencia, de quien realmente colgó en esa cruz, del mensaje fundamental de la Biblia que es la salvación de nuestras almas.

Poco a poco el evangelio ha ido mutando hasta ser un evangelio que solo ofrece lo que la gente quiere creer o oír. Es sorprendente ver a muchos que se persignan, se bautizan, diezman, y se congregan todos los domingos en la iglesia pero no conocen a Cristo. Si sólo un ritual, un evento especial, una denominación, o un cargo religioso nos acerca a Cristo, entonces no tenemos mucho que envidiarles a los soldados que estuvieron cerca de la cruz durante el viacrusis.

¿Conoces realmente a quién colgó de esa cruz? Muchos han oído hablar de la cruz, muchos han estado cerca de la cruz, muchos han cargado la cruz, pero muy pocos tienen a Cristo en su corazón. Jesucristo es el camino, la verdad y la vida; y la salvación del alma está vinculada irrevocablemente con la persona de Jesucristo. Como escribió el apóstol Juan: “El que tiene al Hijo, tiene la vida” (1 Jn 5.12).

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