¿Hubo fraude electoral?

Barataria

Luego de los comicios del domingo pasado que se llevaron a cabo con resultados un poco sorpresivos, más sin embargo previsibles.  En mi artículo publicado el 7 de Abril advertí de que la actitud del Tribunal Supremo Electoral con su resolución de apelar amparos otorgados a candidatos presidenciales (como si en realidad le afectara una candidatura cuando esto, en todo caso es facultad de los partidos políticos y no del ente que supone es el rector o árbitro electoral), aunado a los desaciertos de la Licenciada Aldana, podrían incidir en que dentro de los demás candidatos apareciera uno que yendo en cuarta posición llegara a disputar una probable segunda vuelta.

En realidad, luego de las elecciones, la candidata del Movimiento Libertador de los Pueblos –MLP- Telma Cabrera fue la primera en rechazar los resultados desconociéndolos en su totalidad, que no llegó al tercer lugar sino a un honroso cuarto lugar pero aún así desacreditó por completo la elección argumentando, sin fundamento por supuesto, que desconocía el resultado.  Luego, apareció el candidato Estuardo Galdámez argumentando fraude electoral desvergonzado como ha sido, al parecer no le cuadra “la inversión” realizada por el propio Gobierno de Guatemala, que a pocos días del evento electoral en total violación de las normas procedió a realizar pagos a los Ex – Pac y luego los bonos que el Ministerio de Agricultura otorgo por hambre estacional a una semana de las elecciones con el número de diputados que ingresó el partido FCN-Nación que quizá era el propósito de tales entregas.  A ello habrá que sumar los argumentos y solicitudes de los candidatos Fredy Cabrera y Danilo Roca quienes requieren un recuento de voto por voto, lo cual desdice mucho de su conocimiento del sistema electoral guatemalteco y cuya acción lo único que pretende es poner en duda la honorabilidad de las Juntas Receptoras de Votos, cuyo voluntariado es más que honorable y a quienes no se les deberá demeritar su trabajo eficiente en la recepción de votos y recuento original de los mismos.

En efecto, las dudas que puedan generar lo escrito en las actas y lo ingresado al sistema y que presentan inconsistencia no puede considerarse un fraude electoral. El sistema electoral guatemalteco se garantiza desde las Juntas Receptoras de Votos, a quienes se le suman los fiscales de mesas de cada uno de los partidos políticos participantes quienes están presentes desde la apertura de los centros de votación, recuento de papeletas, durante la votación, al cierre del centro de votación y también en el escrutinio final.   Por lo que se consigna en las actas ha sido producto de eso trabajo y con la presencia de los fiscales de los partidos quienes obtienen copia de tales actas antes de que vayan a ser ingresadas por las Juntas.

 Evidentemente, el Tribunal Supremo Electoral ha admitido la posibilidad, sin duda alguna, de inconsistencias, pero esto no puede presentar un fraude electoral, porque las  inconsistencias bien pueden disiparse con cotejo de las actas en presencia de los fiscales de los partidos políticos que es lo que se ha decidido.  Los cotejos de actas que al final, seguramente no variará casi que ningún resultado, porque las inconsistencias aunque parezcan voluminosas en realidad por el caudal de votos no variaría el resultado de la mayoría de cargos, a excepción segura de algunas alcaldías en las que los resultados de la planilla ganadora es por un mínimo de votos.

Resulta muy irresponsable gritar a los cuatro vientos que hubo fraude tomando esto con total liviandad, sin embargo hay un defecto grave en cómo los partidos políticos forman cuadros para fiscalizar tanto las Juntas Receptoras de Votos, como los cuadros de fiscalizar las Juntas Municipales y Departamentales además de la capacidad de los tales respecto al conocimiento del sistema electoral.  Si a último momento toman a las personas como fiscales, no pueden quejarse ni por asomo de un fraude, porque en realidad es deberán hacer una introspección y examinar cómo se encuentra su estructura partidaria y los fallos de sus propios fiscales en muchas áreas.

Sin embargo, el sistema electoral funcionará con mayor eficacia cuando El Tribunal Supremo Electoral y los partidos políticos tomen muy en cuenta su rol.  No podemos seguir con partidos políticos que designen sus candidatos a dedo, que “vendan” los puestos de elección popular, que sean partidos que promuevan el clientelismo electoral que “compren” los sueños de muchos guatemaltecos con promesas vacías, con regalitos o con discurso populista. No podemos continuar teniendo partidos políticos sin norte ideológico, sin cuadros y sin capacitación de los mismos.   Necesitamos seriedad en los partidos políticos, porque en realidad estamos cansados los guatemaltecos de que traicionen la voluntad popular una vez lleguen al poder.

A la Corte de Constitucionalidad que siempre deberá emitir un dictamen sobre reformas electorales habrá que advertirle que la próxima vez, permita que los Comités Cívicos puedan promover candidatos a diputados distritales, ya que traiciona la voluntad de un pueblo protegiendo a los partidos políticos que son empresas electorales en lugar de verdaderas organizaciones políticas como ya lo hicieron en las últimas reformas electorales, bajo argumentos totalmente inaceptables negaron la posibilidad de que verdaderas organizaciones políticas emergentes como los Comités Cívicos pudiera promover personas notables a Diputaciones.

TEXTO PARA COLUMNISTA

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Emilio Estrada

El Doctor Emilio Estrada, es abogado egresado de la Universidad de San Carlos de Guatemala, obtuvo su PhD en Sociología en la Universidad de Salamanca, España, es abogado litigante.