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Los enemigos del desarrollo

Evolución

Hace unos días se publicó una nota de prensa con la insinuación que Guatemala tiene la carga tributaria más baja de Centro América, hecha con base en un estudio publicado por el Instituto Centroamericano de Estudios Fiscales. De acuerdo a la publicación, Guatemala tiene una carga tributaria del diez por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) e ingresos estimados de US$8.3 millardos. Por lógica matemática, ello implica que el PIB sería de alrededor de US$83 millardos. Si tomamos en cuenta que en las mediciones del PIB se ha generalizado la mala práctica de incluir en el mismo las remesas que ingresan al país, que oscilan alrededor de US$9 millardos al año, una estimación más realista acerca del PIB sería de US$74 millardos, lo cual se aproxima al dato expresado en diversas publicaciones especializadas. En ese contexto, la carga tributaria respecto del PIB sube a 11.2%. Sin embargo, este dato no aporta más información que cuál es la presión fiscal en Guatemala como porcentaje.

Como lo explica el economista Dani Fernandez en un estudio publicado por Market Trends, un indicador más adecuado y que permite hacer una mejor comparación respecto de la carga fiscal entre países es el esfuerzo fiscal. Con esta métrica, se pone en contexto la presión fiscal, ya que ésta es ajustada por la renta per cápita, por lo que se tiene una idea más clara de la carga fiscal sobre el contribuyente con relación a sus ingresos. En el estudio referido, se midió el esfuerzo fiscal en diversos países de América Latina, y se aprecia que en Guatemala el esfuerzo fiscal está por encima de la media y es más alto que en varios países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, incluidos varios de Europa. En otras palabras, la carga fiscal que tienen los contribuyentes guatemaltecos con relación a sus ingresos es mayor que la media en América Latina y que en varios países europeos.

Dada una relativa mayor carga fiscal para los guatemaltecos, sus posibilidades de ahorro y por ende de capitalización se ven reducidas. Por supuesto que la carga fiscal no es el único factor que impide la acumulación de capital y también se deben considerar el efecto inflacionario provocado por la política monetaria y, principalmente, la expansión irresponsable del gasto público; la devaluación artificial de la moneda gracias a la errada política cambiaria del Banco de Guatemala de defender al dólar frente al quetzal; y otros factores como la incertidumbre e inestabilidad jurídica y, hoy, el craso desprecio y obstaculización del desarrollo propiciado a ultranza por la Corte de Constitucionalidad. Todos estos factores, y otros, contribuyen a que a al guatemalteco promedio tanto se le dificulte la mejora de sus ingresos y la  acumulación de capital, indispensable para invertir y crecer, para salir de la pobreza, para mejorar su condición o para crear fuentes de empleo para otros, tan necesitados de ellas.

Aún así, en Guatemala siempre se ha repetido la misma cantaleta: la carga tributaria es baja en comparación a otros países y por lo tanto se deben subir los impuestos. Como si dotarle de más de nuestros recursos a un gobierno intrínsecamente corrupto fuera la solución a todos nuestros problemas. Nunca se habla, por ejemplo, de ampliar la base tributaria o de simplificar los procesos, de reducir las tasas y eliminar ciertos impuestos para estimular la actividad económica, lo cual a su vez repercute en incrementar la recaudación fiscal. Ni se habla de reducir el gasto público, ni de priorizarlo, ni de hacerlo eficiente. Los enemigos del desarrollo no lo permitirán.

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