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Sala de Espera

Emunah

Aquí me encuentro, una vez más en una de las salas de espera del hospital, aguardando para que me realicen algunos exámenes médicos. Me entretuve con mi celular por un rato, y luego empecé a observar al resto de los pacientes que también estaban esperando ver al doctor. Algunos los miraba tranquilos entretenidos con algo, a otros un poco desesperados constantemente mirando el reloj y sacudiendo sus piernas, y más de alguno con la mirada perdida.

Ya casi había pasado una hora, cuando por fin llamaron mi nombre. Después de que la enfermera me chequeara los signos vitales, tomara mi peso, e hiciera otras preguntas de rutina, fui escoltado a la habitación donde el doctor me atendería. Ahí sentado en una silla continué esperando, en cuestión de unos minutos me preguntaba: ¿Por qué tanta espera? ¿Por qué no hacen el proceso más simple?

Y ahora pregunto: ¿Por qué nos desespera esperar? En cierta forma es porque queremos tener el control. Por eso cuando las cosas no marchan como nosotros esperábamos, nos frustramos, nos desesperamos. Las “salas de espera” de la vida no son fáciles, todos tenemos emociones y somos humanos; la demora puede parecer injustificada, podemos perdernos en pensamientos y emociones negativas, frustrarnos, enojarnos, y sentirnos que Dios nos ha olvidado.

Luego de unos 20 minutos el doctor llegó, revisó cierta información médica, habló dos minutos conmigo y posteriormente me prepararon para un CT Scan. Ya con mi bata de hospital ingresé a otra pequeña sala donde una vez más seguí esperando por mi turno para dicha tomografía. Después de realizada, me dijeron que me darían una nueva cita para que me dieran los resultados. De nuevo en otra sala de espera.

Pareciera como si la vida fuera una carretera llena de semáforos, en cada parada una pequeña sala de espera. Avanzas un poco, te detienes, y vuelves a avanzar cuando te toca la luz verde. A veces nos vamos a topar con un bloqueo, con un accidente o una congestión de tránsito. Muchas de esas paradas serán agradables en algunos casos y otras llenas de profunda tristeza. Sin embargo el viaje continúa, lleno de desafíos, sueños, alegrías, tristezas y despedidas.

Por fin llegó el día de ver al doctor, y más que impaciente estaba ansioso de saber que me diría. Ese día él me dijo: “El escáner CT muestra unas manchas en el hígado, y hay algo que no nos queda muy claro, en el área dónde el cáncer fue removido. Necesitamos repetir el escáner en tres meses, junto con otros exámenes para descartar cualquier probabilidad de reincidencia.” ¿Tres Meses? Esperar de nuevo, eso sí que me hizo sentir triste y confundido. Las escenas de cuando padecí cáncer viajaron por mi mente, mi ritmo cardíaco se aceleró y empecé a llenarme de miedo.

Los períodos de espera suelen estar acompañados de temor, incertidumbre, estrés o dolor; y una larga espera podría empujarnos con facilidad a la desesperación precipitándonos para actuar, o a renunciar antes de tiempo. ¿Que hacer en esos momentos? Lo mejor que podemos hacer es descansar en Dios. Él ha prometido protección y provisión para todos aquellos que esperan en Él. Sólo en la sala de espera de Dios nos sentiremos seguros, confiados y en paz.

“Los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.” (Isaías 40:31). Si confiamos en su sabiduría y su amor, no sólo nos fortalecerá para resistir en el tiempo de espera, sino que también nos ayudará a madurar a través del proceso. Saber esperar es un verdadero talento, que desarrolla nuestro carácter brindándonos equilibrio, autocontrol, paciencia, tolerancia a la frustración y fortaleza en las adversidades.

Me dije: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”. Respiré profundo y traté de calmarme. Recordé las promesas de Dios y empecé a descansar en ellas “No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia.” (Isaías 41:1). Como humanos nuestras fuerzas decaen, pero la Biblia nos recuerda que en medio de esas debilidades es cuando Dios se hace fuertes en nosotros.

Desde nuestra perspectiva terrenal limitada nunca entenderemos el porque de la espera, el porque de las circunstancias adversas; más sin embargo cuando vemos las cosas a través de los ojos de Dios, la manera de ver las situaciones cambiaran, y nuestra fe, confianza y paciencia crecerán. Entonces en vez de preocuparnos, frustrarnos o enojarnos; celebremos la vida y confiemos en Dios. “Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: !!Regocijaos!! ¡Todo lo que respira alabe al Señor! (Filipenses 4:4, Salmos 150:6).

TEXTO PARA COLUMNISTA

Lea más del autor: https://elsiglo.com.gt/2019/07/07/el-sufrimiento-es-el-mismo/

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