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Entre la vida y el desarrollo

Tanmi Tnam

Mucho se habla del desarrollo en nuestro medio y su impacto en las condiciones de vida de la población guatemalteca varía según cómo se concibe y se practica. Para algunos significa oportunidad para obtener más dinero, para otros, es acción que provoca reacciones por las consecuencias que se viven que de alguna manera no son positivas. El gobierno en turno habla de desarrollo, la y el candidato para la segunda vuelta electoral dicen que sus planes de gobierno contiene acciones para alcanzar el desarrollo.  Así ha sido por muchos años y las condiciones de vida siguen igual y en muchos casos empeora debido a que parte de la realidad del país es que no hay fuentes de trabajo, abunda la sobrevivencia, la violencia está presente en todas partes, hay desnutrición, sigue el analfabetismo, la educación con poca cobertura en el nivel medio, los pueblos originarios siguen sin reconocimiento por parte del Estado, el medio ambiente se está deteriorando rápido, escasea la lluvia en distintas partes del país y campea la corrupción en tantos ámbitos.

Es sano y recomendable revisar el modelo de desarrollo que se practica y que se caracteriza por ser impuesto, en muchos casos no reconoce la vida de las personas y de las comunidades, se acompaña de la violencia, persigue y hasta asesina a quienes no comulgan con la voracidad de determinados actores, se hace acompañar de fuerzas con que cuenta el Estado y en muchos casos causa daños irreparables al medio ambiente. Es de lamentar que muchas manifestaciones de lo que se considera como desarrollo, no  reconoce ni aprecia la vida de las comunidades de pueblos originarios, invade aldeas y caseríos, desvía agua de ríos, contamina el lugar donde viven otros seres vivos, ha llenado muchos espacios de plásticos y otros materiales que no se degradan, lanza demasiado humo contaminando el aire y la tierra es solamente un medio para obtener más riquezas.

Por obtener algún dinero y acumular más riqueza, a la naturaleza no se le reconoce vida y por eso la explotan sin misericordia terminando con las montañas y bosques, la contaminación de aguas de ríos sin cuidar la vida de los seres que allí viven. A la naturaleza se le expone a los embates del desarrollo y por eso ahora empieza a cobrar lo que le corresponde, ya no llueve en muchas partes, los cultivos ya no producen ni para el consumo familiar, aumenta el calor que está cambiando la vida de todos y en algunas regiones llueve mucho hasta provocar inundaciones.

Para algunos, el desarrollo es solamente la acumulación de riqueza a costa del sufrimiento de otros. Las noticias nos tienen al día acerca de la eliminación de las hijas e hijos de la patria por defender el territorio, no vale la vida de las personas cuando se anuncia la llegada de un proyecto de desarrollo que beneficia a una o dos personas, el pueblo no importa. El Estado no propicia soluciones a la pobreza, pero persigue a los empobrecidos y acompaña a quienes tienen para entrar a las comunidades encarcelando a líderes y a reprimir para lograr el objetivo.

Es necesario demandar a la persona que ocupe la presidencia de la República como resultado de las elecciones del 11 de agosto, que revise el modelo de desarrollo a impulsar, cuáles son las estrategias y acciones que ejecutará cuyos efectos deben ser el respeto a la vida, el cuidado y conservación del medio ambiente, los beneficios palpables que ayuden a mejorar las condiciones de vida de los más pobres y el fomento de la cobertura y calidad de los servicios públicos. El desarrollo debe ser sinónimo de vida, justicia, bienestar y paz.

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