Home > Columnas > La trata laboral un delito que nos negamos a ver

La trata laboral un delito que nos negamos a ver

Poptun

Hoy se conmemora el Día Internacional contra la Trata de Personas.  Esta fecha busca sensibilizarnos frente a la denominada esclavitud moderna, dar a conocer las distintas singularidades que  concurren, las experiencias que viven sus víctimas, así como la necesidad de suscitar la denuncia.

La trata de personas, es un negocio rentable para el crimen organizado, de alcance transnacional y que es tolerado por los gobiernos.  Este ilícito somete a un infierno a sus víctimas porque vulnera los derechos humanos de las personas afectadas, puesto que promueve el comercio y explotación de los damnificados, mediante violencia, engaño o abuso.  La trata, no hace distinción de víctimas, lo que significa que cualquiera puede serlo: mujer, hombre, niña o niño, personas adultos mayores, pero por su condición de vulnerabilidad, los más dañados son niños, niñas y adolescentes.

En Guatemala, este delito se encuentra previsto en el artículo 202 ter del Código Penal, en el que se establece: Constituye delito de trata de personas la captación, el transporte, traslado, retención, acogida o recepción de una o más personas con fines de explotación”.

Cuando se aborda el tema sobre la trata de personas, sobreviene la relacionada a la explotación sexual, que es la forma más usualmente reconocida y la más documentada, pero no siempre la más recurrente. En oposición, hay otras modalidades de este delito que nos negamos a observar, pero son parte de nuestra realidad habitual: menores de edad, ancianos o discapacitados pidiendo limosnas en semáforos, una niña trabajando por horas en una tortillería o trabajando como esclava en faenas domésticas, un niño vendiendo productos, drogas o trabajando en tareas agrícolas, entre otras.

Y es por eso que el artículo 202 ter del Código Penal instituye  asimismo: “Para los fines del delito de trata de personas, se entenderá como fin de explotación: La prostitución ajena, cualquier otra forma de explotación sexual, los trabajos o servicios forzados, cualquier tipo de explotación laboral, la mendicidad, cualquier forma de esclavitud, la servidumbre, la venta de personas, la extracción y el tráfico de órganos y tejido humanos, el reclutamiento de personas menores de edad para grupos delictivos organizados, adopción irregular, trámite irregular de adopción, pornografía, embarazo forzado o matrimonio forzado o servil”.

La trata de personas con fines laborales es la forma más periódica de explotación en el mundo.  Diversas personas son sometidas a este tipo de aprovechamiento, puesto que aunque a veces no exista una privación de libertad total o parcial, son objeto de un acatamiento al agresor que les impide resistirse a los intereses del tratante, entre ellas por medio de  castigos, amenazas, sujeción a deudas, inducción de miedo, por ejemplo de aviso a las autoridades migratorias.

Las personas en condiciones de pobreza y por la falta de oportunidades laborales, se ven obligados a recibir míseros salarios o incluso no lo reciben.  Deben desarrollar arduas jornadas laborales y mantenerse en una labor que sólo les ofrece pésimas condicionales laborales y explotación.  El Informe denominado “Trata de personas con fines de explotación laboral en Centroamérica, Guatemala”, refiere que la OIT estima que el segundo lugar en el mundo después de Asia en cuanto a trabajadores forzosos lo ocupa América Latina.

Los grupos que más sufren de esta explotación laboral, son aquellas personas con mayores riesgos de vulnerabilidad, entre ellos los niños, mujeres, ancianos, inmigrantes y personas privadas de libertad.

Es frecuente que niñas, niños y adolescentes que viven en el interior de la República sean atraídos con ofrecimientos laborales, y transportados a la ciudad para ser obligados a cumplir largas jornadas de trabajo. Incontables mujeres son explotadas dentro de las maquilas. Varios migrantes durante el transcurso del viaje son usados por las redes de traficantes que se convierten en suplidoras de mano de obra barata para empleadores inescrupulosos que los someten a brutales condiciones de explotación laboral.  Las personas privadas de libertad han revelado en muchos países, especialmente en EEUU, que son forzadas a trabajar y a recibir un mal pago que contraría los salarios mínimos y condiciones laborales adecuadas.

La trata de personas con fines laborales por “contener actividades productivas o comerciales poco reguladas o que se benefician de políticas de flexibilización laboral” es un problema mucho más complejo. Por lo pronto, los ciudadanos nos debemos sumar a detener este flagelo, porque las víctimas de la trata nunca consienten la explotación.  Denunciar aquellos casos que observamos como normales, pero constituyen auténticos ilícitos de trata de personas, es una opción. Una cultura de denuncia, puede poner fin a este delito.

TEXTO PARA COLUMNISTA

Lea más del autor: http://elsiglo.com.gt/2019/07/23/propositos-de-la-conmemoracion-del-dia-de-nelson-mandela/