Press "Enter" to skip to content

Y después de las elecciones ¿qué?

Evolución

Este domingo haremos nuevamente la pantomima de cumplir con al menos uno de los pilares de una república consistente en la alternancia en el poder público, al menos en el sentido formal. Esperemos también que no sea la última vez en mucho tiempo que tendremos ese privilegio, a diferencia de varios países en nuestra región. Ello dependerá, primero, de la elección que hagamos; segundo, de la voracidad política de quien resulte electo y de qué tan fuertes sean sus inclinaciones dictatoriales una vez se siente en el trono; y, tercero, de la precaria capacidad de nuestras instituciones de resistir a un eventual embate y asalto con miras a reformar la constitución y acabar con este último vestigio de república que nos queda que es la alternabilidad en el ejercicio del gobierno, decidida por medios democráticos. Éste, particularmente, era un riesgo que hasta hace poco era inimaginable, se presumía inconcebible y se percibía inverosímil.

La realidad hoy es que hay un riesgo significativo que el contrapeso que se supone debe ser el Congreso, se convierta más bien en una alfombra, más que aplanadora, que allane el camino a cualquier apetencia desmedida de quien ejerza el gobierno y a la vez les controle y condicione. A ello debemos sumarle la inefectividad de una Corte Suprema que será heredada por el próximo gobierno pero que será integrada políticamente por los mismos actores dominantes en este período. Pero, sobre todo, debemos considerar la función descarada e ilegítima de la que ha sido la peor Corte de Constitucionalidad de nuestra historia, y eso es decir mucho, la cual se ha erguido a sí misma como poder absoluto y con ello ha impuesto la agenda ideológica de los tres ignominiosos que la dominan, a quienes aún les queda tiempo para continuar con su particular misión destructiva que han llevado a cabo hasta ahora. Esta “Corte” y la próxima que también será integrada políticamente por la facción predominante en nuestro medio, podrá perfectamente actuar en complicidad con quien ostente el poder político a manera de sancionar e imponer cualquier reforma profunda a la actual Constitución, literalmente, en la medida que se les antoje.

No se trata de ser alarmista, simplemente es la naturaleza del pésimo sistema que tenemos. Es tan sencillo como esto: La fuerza política que controla el congreso, controla a su vez la integración de la corte suprema. En cuanto exista colusión de intereses entre el gobierno y el congreso, sobre todo si pertenecen a la misma facción, pueden tener a su vez el control de la corte de constitucionalidad, puesto que en términos prácticos estarían designando a tres de sus cinco miembros titulares, puesto que uno es nombrado por el presidente, otro por el congreso y el tercero por la corte suprema afín a la misma fuerza política. Al controlar la corte de constitucionalidad tendrán, esencialmente, poder absoluto. Si bien ese es el más extremo de los riesgos, en el mejor de los casos nos veremos inundados de legislación intervencionista, incluido seguramente incrementos de impuestos, y expansión de la burocracia ineficiente y de los programas clientelares que, si bien quizá no acaban ahogándonos, subirán la intensidad de la corriente contra la cual hemos venido luchando en nuestro afán de desarrollo y progreso.

Reitero mi recomendación, piense muy bien que va a hacer con su voto este domingo. Pero también recuerde que su responsabilidad ciudadana no termina ahí y que el riesgo del abuso de poder en contra de sus derechos seguirá latente sea quien fuere que resulte electo presidente, por lo que, como ciudadanos, la mejor arma que tenemos es mantener suficiente presión sobre la clase política para evitar y luchar contra esos abusos, sobre todo los que representan los mayores riesgos.

TEXTO PARA COLUMNISTA

Lea más del autor:

%d bloggers like this: