Columnas

La apatía electoral

Barataria

Hoy domingo 11 de Agosto  todos los guatemaltecos tenemos una cita con las urnas para elegir al próximo gobernante del país.  Hace algunos días pregunté a un grupo de jóvenes profesionales si ya tenían claro por quien votarían y luego de algunos comentarios sobre uno y otra candidatos la respuesta general es que no saben por quién votarían y que aunque saben que habrá de elegir entre una y otra opción, en realidad sentían una gran apatía al momento de pensar en decidir a quién se le dará el voto.

Desde Cerezo hasta Morales, cada día hemos visto con desazón cómo los gobernantes han traicionado la voluntad popular prometiendo a diestra y siniestra mejor calidad de vida, institucionalidad y otros aspectos que se necesitan consolidad en Guatemala, sin embargo dejan el poder con más pena que gloria, muchos con acusaciones de corrupción y dejando al país peor de cómo lo encontraron.

La apatía electoral ha ido en tendencia y se ha exacerbado en este proceso. Entre los causantes de esta desazón están los partidos políticos que no han sido las organizaciones políticas llamadas a consolidar la democracia en el país, puesto que estas mismas organizaciones no se han democratizado, por lo general responden a intereses personales y no de país en general de una o varias personas que al final  señalan a dedo quienes van a ser los candidatos desde el binomio presidencial hasta los alcaldes incluyendo en los listados desde financistas, parientes de los miembros prominentes del partido o del “dueño del partido” (porque sí que los hay).

El Tribunal Supremo Electoral que había sido poco cuestionado hasta la última elección ha sido un causante desmedido de la apatía electoral.  No es posible que el Tribunal Supremo Electoral, que debería haber sido un árbitro (imparcial por cierto) del proceso electoral se haya convertido en actor indeseable en el mismo inscribiendo los candidatos que quiso y desechando a los que no le agradaron, puesto que inscribió y luego adjudicó cargos a personas cuestionadas; sin embargo a algunos otros les negó la posibilidad de participar aplicando criterios que en realidad conculcaron garantías fundamentales de los tales para evitar su participación.  El Tribunal Supremo Electoral llegó al extremo de apelar sentencias de amparo, convirtiéndose literalmente en parte de los procesos electorales, cuando tales candidaturas no les afectaba porque el Tribunal Supremo Electoral no es parte en los procesos (en todo caso esto debió haber sido hecho por los partidos políticos quienes nunca se pronunciaron legalmente sobre tales candidaturas).  Siendo así, los guatemaltecos tendremos que elegir entre “los candidatos que nos dejaron elegir”.  Un día me preguntaron: ¿de qué color quiere pintar su oficina de blanco hueso o de blanco marfil?   Así no tenía opción de más colores. Esto es lo que ha realizado el Tribunal Supremo Electoral con el electorado guatemalteco.

Otro actor inesperado en el proceso electoral actual lo constituyen dos instituciones que pertenecen al sector justicia:  La Corte de Constitucionalidad y el Ministerio Público, cada uno por su lado ha estado realizando un juego político perverso a intereses aviesos por un lado tenemos un Ministerio Público que ha actuado fuera de su rol al dedicase perseguir a unos y otros candidatos realizando acciones con compromiso mediático puesto que se realizan en tiempos puntuales, allanamientos, declaraciones y presentación de antejuicios.  Precisamente el día de ayer uno de los fiscales lanzó una declaración inoportuna indicando que solicitará la cancelación de un partido político cuyo financiamiento en la elección de 2015 procesos que no se han concluido pero sin embargo del desbocado fiscal afirmó sin aspavientos que de no hacer la cancelación de oficio por parte del Tribunal Supremo Electoral, ellos lo pedirían.  Pregunto ¿Por qué hacer estas declaraciones a dos días de la elección presidencial?  Muy probable que continúe la línea de que el Ministerio Público le encanta la idea de ser actor electoral.

Sobre la Corte de Constitucionalidad, ha desnaturalizado su papel decidiendo los casos a conveniencia política cuando su función jurisdiccional es de justicia constitucional sin comprender que la Constitución es un contrato social no es un documento político aunque fundamenta al Estado.  Sus resoluciones cuestionadas por muchos sectores decidieron totalmente esta elección cuando resolvieron cerrarles la puerta a cuatro candidatos presidenciales.   Han dictado varias resoluciones de amparo lamentables y al darse cuenta del equivoco alcance de sus resoluciones, con total desfachatez salen a “explicar” las resoluciones, cosa que no es correcto cuando sabemos que las resoluciones se entienden por sí misma y si hay términos obscuros para ello existe el recurso de aclaración; explicar las resoluciones y posteriormente emitir comunicados tratando de indicar que “no pueden ser perseguidos por sus opiniones” confundiendo a la población puesto que les hace que las resoluciones judiciales son sus opiniones, lo cual no es cierto puesto que un Magistrado que no esté de acuerdo con una resolución por ser miembro de un cuerpo colegiado emite su voto razonado disidente y cuando quiere explicar su voto en una resolución de la que está de acuerdo emite su voto razonado concurrente.  Los Magistrados de la Corte de Constitucionalidad son responsables por sus resoluciones que nunca se pueden confundir con sus propias opiniones.  Dicho en otras palabras algunos de los actuales Magistrados de la Corte de Constitucionalidad están en serios problemas por su forma en que han resuelto apartándose de su función de Jueces Constitucionales.

TEXTO PARA COLUMNISTA

Lea más del autor:

Emilio Estrada

El Doctor Emilio Estrada, es abogado egresado de la Universidad de San Carlos de Guatemala, obtuvo su PhD en Sociología en la Universidad de Salamanca, España, es abogado litigante.

Avatar de Emilio Estrada