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Llamado al PDH en el caso del Río Mongoy

Lugar Hermenéutico

El agua es un impulsor creador de vida y un elemento constitutivo de todos los seres vivos, todo lo que estimule o inhiba su cantidad y su calidad afectan la biodiversidad, los bosques, la salud de los ecosistemas y las diferentes formas de vida como las hemos conocido hasta ahora.

Dada su vital importancia, desde 2010 la Asamblea General de Las Naciones Unidas reconoció explícitamente el derecho humano al agua y al saneamiento, reafirmando que un agua potable limpia y el saneamiento son esenciales para la realización de todos los derechos humanos. Así mismo en la Constitución Política de la República de Guatemala, textualmente cita en el artículo 127. Régimen de aguas. “Todas las aguas son bienes de dominio público, inalienables e imprescriptibles”

Pese a estos marcos internacionales y de país, dada la falta de una Ley específica que regule la utilización de los recursos hídricos en Guatemala, año con año es común escuchar cualquier cantidad de demandas legales por parte de comunidades sobre el desvío de ríos y la forma en que ello afecta a los habitantes que están ubicados aguas debajo de las referidas tomas.

Uno de estos múltiples casos es el que aqueja a los vecinos de las comunidades de Shanshul y Cola de Pava, del municipio de Asunción Mita Jutiapa, quienes, pese a las denuncias realizadas por varios años a las autoridades competentes, no se ha logrado resolver un problema añejo con los propietarios de la finca por donde pasa el referido río.  

Vale reconocer que este cuerpo de agua esta muy ligado a la historia, cultura y economía, pues es un bello atractivo turístico que se observa desde la orilla de la carretera CA-1 Oriente, al pasar es casi imposible no bajarse a observar y apreciar esta maravilla natural o al menos hasta antes de que estuviera cercado casi por completo.

Este río nace en lo que se conoce como el cerro de las Víboras, un nacimiento de agua clara y fría que se escurre en medio de matorrales y frondosos árboles, desembocando en el lago de Güija, no sin antes ser utilizado por los comunitarios, lo que le hace un recurso vital para los habitantes de las aldeas y comunidades cercanas.

Como mencione anteriormente este se trata de un tema muy añejo, que en los últimos años ha ido subiendo el tono de agresividad de las partes en conflicto, pese a que se ha solicitado la intermediación de la Procuraduría de Derechos Humanos de Jutiapa, el papel de esta se ha visto parcializado, ante lo cual antes de que se lamenten consecuencias más graves, de las contabilizadas a la fecha, de manera muy atenta solicito la intervención del Lic. Jordán Rodas,  Procurador de Derechos Humanos de Guatemala, para tomar cartas en el asunto y buscar una solución conciliada a esta problemática ambiental que afecta de manera directa a cientos de comunitarios e indirectamente a los miles que hemos disfrutado por años de este hermoso cuerpo de agua.

Mientras este bien es escaso en muchas áreas del planeta, en nuestro país, contamos con una vasta riqueza  hídrica, al ser bañado por 38 cuencas hidrográficas, que no son más que un sistema de drenaje natural que conforman una red de 27,000 km. lineales, con un volumen de correntía estimado en más de 93,390 millones de m3 anuales.

Este es suficiente caudal para satisfacer todas las necesidades de agua para el consumo humano, para la agricultura, para producir energía y para el desarrollo agroindustrial. Sin embargo, solo el diez por ciento es aprovechado en todos los sentidos. El resto fluye hacia los países vecinos y hacia ambos mares, muchas veces con altos niveles de contaminación.

En tal sentido,  como el uso del agua es arbitrario y anárquico, el país sufre de stress hídrico en muchos órdenes, porque agua sobra pero no existe una gestión integral del recurso.  Por décadas el país ha estado inmerso en el debate sobre la importante necesidad de regular el uso del recurso hídrico, sin embargo la cantidad de intereses creados, ha falta de normativa y un  adecuado manejo y gestión integral del recurso, ha llevado al uso y abuso por parte de algunos, y a la escases o carencia del vital líquido para una gran parte de la población guatemalteca.

Si a lo anterior agregamos, que  la esquilmación del sistema de cuencas de todo el territorio nacional se ha venido desforestando y contaminando, es urgente la implementación de un sistema nacional para la gestión integrada de las cuencas del país, donde se promueva  la descentralización  por medio de un sistema participativo. 

Este sistema debe articular la  institucionalidad pública partiendo desde el nivel nacional, regional, departamental y  municipal, a su vez debe promover  la coordinación de acciones intersectoriales para responsabilizar y potenciar la gestión y administración de los bienes y servicios naturales  que la cuenca provee.

Sin embargo pese a que en la Constitución Política de la República de Guatemala, textualmente cita en El Artículo 127. Régimen de aguas. Todas las aguas son bienes de dominio público, inalienables e imprescriptibles.  Su aprovechamiento, uso, y goce se otorgan en las formas establecidas por la ley, de acuerdo con el interés del solicitante. UNA LEY ESPECÍFICA REGULARÁ LA MATERIA.”, la cantidad de intereses creados, ha derivado que en pleno siglo 21, nuestro país carezca de normas y mecanismos para la gestión, integral, eficiente y sostenible de los recursos hídricos del país.

En función de lo anterior, es impostergable el llamado nacional para que la población se pronuncie y se responsabilice sobre este bien natural base del progreso social de cualquier nación.  Por ello, debe promoverse desde la Universidad de San Carlos de Guatemala un dialogo serio, franco y sincero entre los diferentes sectores de la sociedad guatemalteca, para  madurar sobre los bienes y servicios naturales a los que todos tenemos derecho, pero sobre los cuales también tenemos responsabilidades.

Seguir postergando este dialogo en torno a los ecosistemas del país y sus medios de regeneración, nos seguirá condenando a la degradación del patrimonio natural y a la proliferación de actividades que van dejando a su paso conflictos comunitarios, contaminación y las muertes asociadas a ello.

Los guatemaltecos debemos hacer e interiorizar nuestra “Carta del Agua”, que declare  el rescate de los cuerpos de agua del país como tema de interés nacional, en una agenda de Estado, programática y presupuestariamente.

De igual importancia es el desarrollo de la normativa y regulación que permitan la implementación del sistema de manejo integrado de cuencas por medio de  comités de cuencas, en todo el país.

De lo anterior, ya existen diversas experiencias exitosas en nuestro país como lo constituyen  la conformación para el Manejo Sostenible de la Subcuenca del río Cahabón, en el cual convergen 11 autoridades municipales, las delegaciones departamentales del sector público, representantes del sector ambiental, empresarial, académico, y los representantes de los pueblos mayas que viven en los alrededores. 

Las cuencas constituyen ecosistemas abiertos en los cuales interactúan diversos componentes bióticos y abióticos, donde el recurso hídrico representa un elemento vital que garantiza el funcionamiento adecuado de esos componentes, por ello esta debe tomarse como la base para el manejo eficiente, integral y sostenible de los recursos hídricos en el país.

Quizá sea un poco tarde para este dialogo nacional en torno al agua y a los recursos naturales, sin embargo en esta, como en otras materias pendientes en nuestro país, más vale tarde que nunca.

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