Press "Enter" to skip to content

Soluciones de fondo

Evolución

Recientemente se dio a conocer un estudio donde uno de cada cuatro de los encuestados reveló que piensa que su única posibilidad de superarse está en emigrar a Estados Unidos. Si bien hay estudios económicos abundantes que demuestran que en general la percepción del panorama económico tiende a tener una inclinación pesimista, y esto es así aún en países bastante prósperos, en Guatemala el horizonte para muchos realmente es muy poco alentador. Sobre todo, para quienes se ubican en los estratos socioeconómicos más bajos. Y no es de extrañarse, puesto que para este segmento de la población se reúnen factores determinantes que virtualmente les anulan cualquier posibilidad de prosperar.

Primero, la inmensa mayoría de estas personas no cuenta con capacitación suficiente o habilidades especializadas que aumenten su productividad. Muchos se desempeñan, en el mejor de los casos, en labores agrícolas rudimentarias. Segundo, y más importante, no existen en el país las inversiones de capital suficientes y necesarias para que dichas personas puedan encontrar puestos de trabajo de mayor productividad, en los cuales, lógicamente, serían remunerados acorde.

En esencia, la diferencia en este sentido entre Guatemala y Estados Unidos es que el valor de la productividad de los trabajadores en Estados Unidos es, por mucho, mayor al de Guatemala, y por ende, la remuneración que perciben por su productividad en aquella economía es sustancialmente más alta. Aún sin conocimientos técnicos de economía que expliquen las razones, la gente simplemente nota que pueden ganar mucho más dinero en Estados Unidos de lo que en Guatemala jamás podrían aspirar, y por ende, la decisión racional para muchos es emigrar a ese país para mejorar su bienestar.

En Guatemala nos hemos empecinado en la idea que la solución a nuestros problemas pasa por obligar al pueblo y gobierno de los Estados Unidos de América a abrirle sus puertas sin restricción alguna a todos cuantos quieran ingresar a dicho país, a ser partícipes de los beneficios de dicha economía, a percibir la asistencia de sus programas sociales incluso sin contribuir a su sostenimiento en muchos casos; y mejor si también nos eximen del cumplimiento de sus regulaciones formales. Esa ha sido la genuinamente típica actitud latinoamericana que hemos adoptado, en la cual nos hemos emberrinchado, y cuyo corolario consiste, además, en echarle la culpa al “imperio” del norte cuando  todo nos sale mal. En nuestra latinoamericaneidad infantil no conocemos otra explicación, otra solución.

En realidad, esa es únicamente la otra mitad de la explicación de nuestra desgracia. La primera y principal justificación de nuestro subdesarrollo, para la abrumadora mayoría, pasa porque el “Estado” no hace un buen trabajo en redistribuir la riqueza que le expolia a la minoría relativamente más productiva del país, no les expolia lo suficiente o no interfiere lo suficiente en sus actividades económicas para introducir más impuestos, regulaciones, restricciones, trámites y cualquier otro obstáculo que se le antoje que, por supuesto, por arte de magia, conducirán a mayores niveles de inversión en nuestra economía y brindarán más y mejores oportunidades de empleo para nuestros desamparados conciudadanos quienes hoy entienden que no tienen otra salida más que huir de este país y sus circunstancias.

Y a menos que en Guatemala empecemos a aprender pero en serio cuales son las ideas y políticas que realmente conducen al desarrollo y prosperidad sostenibles, y empecemos a implementarlas con convicción, las soluciones de fondo que hasta la fecha hemos venido clamando, no servirán si quiera de excusa para nuestra decadente desdicha. Hoy nos hemos librado de una propuesta política cuyo objetivo principal pasa por explotar la miseria del pueblo para su propio beneficio político y cuyo único resultado es perpetuarla. Qué agradable sería pensar que el nuevo gobierno habrá dejado sus ofrecimientos ligeramente menos populistas en una campaña de la cual ya salió victorioso y deje de repetir las mismas fórmulas retrógradas que solo nos mantienen en el subdesarrollo y pobreza. Veremos.

Lea más del autor: