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¡Desperezándome!

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Mirilla Indiscreta

Como alma en pena, el grito solitario de un ciudadano, desgarra la penumbra de esa noche prolongada del 16 de Junio del 2019, domingo, fecha señalada para su primer encuentro, cara a cara, con los subastadores hábilmente disfrazados de redentores.

Una mera formalidad en un país, en que él como borrego, sabiendo de antemano el resultado y que los titiriteros ya lo habían esquilmado, y su lana, vendida totalmente, ya nada podía hacer para evitarlo.

Aquel domingo, él se intuía y sabía traicionado, pero los payasos del circo le habían confundido la razón y borrado el entendimiento.

Cubierto con su valiosa y radiante lana dominguera, esperaba la feria donde exhibiría con inocencia y entusiasmo su albura cívica.

No quería aceptar, que aquella mañana rodarían las máscaras y que el circo en pocas horas se transformaría en un rastro siniestro que al cambiar el sórdido escenario, soltarían a los lobos descaradamente, para que la fiesta cívica se transformara en festín de mercenarios.

La bruma que amenazó desde temprana hora aquel domingo, avanzó siniestra, se posó como huracán pasmado sobre la geografía nacional y desapareció la aurora.

Un tanto confundido, asistió confiado, saturado de informaciones y experiencias cruzadas, que lo habían desnudado y vuelto a vestir metódicamente, para comprobar, que moralmente desarmado, no ofrecía resistencia alguna frente a cualquier acto de violación, que lo redujo en los últimos años a la condición de objeto desechable.

Nunca antes se había visto tan halagado y despreciado simultáneamente.

Su cerebro no alcanza a discriminar tanta agresión y cortejo a su inteligencia innata al mismo tiempo.

Como gelatina, sólo los topes óseos del cráneo, impiden que su masa encefálica, se le escape por las orejas.

Una vorágine de contradicciones, en la que él, a cada rato, se vuelve masa, reacciona como plebe y sufre como individuo.

Ignora que todo ha sido diseñado para abusarlo… con su adhesión y consentimiento.

Lo han acobardado sistemáticamente sembrándole el temor a ser víctima de su propia condición de ciudadano.

Pudo ver inanimado cómo, el nuevo orden, lo atropellaba todo, sin miramientos, límites ni consideraciones de ninguna especie, engullendo el Estado de Derecho y el Régimen de legalidad.

Las trompetas de las huestes de ocupación en frenética marcha triunfal, apenas le hicieron espacio a los lamentos de las chirimillas que temerosas o compradas terminaron sumándose al festejo de la intervención.

El ardid maquiavélico consistió darle voz robándole la voluntad y como consuelo haciéndolo sentir héroe de una farsa planeada con detalle.

Equivalente a las prósperas prostitutas que se entregan por miedo o por dinero y después se felicitan por la calidad del cliente.

Lo condujeron, para votar y así botar, consolidar y prostituir su propio sistema.

Asistiendo “democráticamente” a las urnas con papeletas marcadas de antemano y entregar a su país, la soberanía, la vergüenza y su dignidad.

Después repartirían, entre cómplices y algunos otros hasta sorprendidos, los beneficios de la maniobra política, para que defendieran por ellos, el asalto a la institucionalidad, a cambio de un mendrugo electoral que pudiera consumar la venta de la patria con todo y sus habitantes, que nunca suman ni cuentan.

Una versión contemporánea de la Encomienda Colonial, en que se repartían los señores encomenderos, una porción de territorio, incluyendo a su gente.

En el nuevo orden y la nueva democracia, mandan los procónsules designados para ejecutar la intervención, que hicieron de nuestro país, el primer intento exitoso en la región, de borrar “democráticamente” a todo un pueblo.

Mercenarios extranjeros y cómplices locales gritando sin pudor “Si se pudo”.

El pueblo como siempre, acostumbrado, en su larga historia, gritando en las plazas su desgastado estribillo “El pueblo unido jamás será vencido”

¡Qué va!… ¡Vencido y vendido!… ¡Se acostumbró a gritar desde la llanura…! ¡No conoce otra posición…! ¡Ignora como lo ven desde las alturas!

¡Siempre pueblo… viendo desde abajo…! ¡Aplaudiendo al que se instala en la tribuna, a disponer por ellos!

¡Eterno pueblo…! ¡Haciéndolo sentir ganador…! ¡Siempre y cuando acepte dócilmente que ha sido perdedor!

¡Aplaude y llora…! ¡Los de arriba interpretando el llanto como muestra de felicidad! ¡Los de abajo saben que es de frustración por la traición consumada!

Igual que Garrik del célebre poema de Juan de Dios Peza: Reír llorando, inspirado en el actor y dramaturgo inglés David Garrik de quién decía en lacerante verso: “Que no sabía si reír con llanto o llorar a carcajadas”

¡Sumando cada día más causas por las cuales luchar…! ¡Pero asesinando a la vez, La Palabra y sus profundos contenidos, como recurso de lucha…!

Ahora las protestas caben en los 140 caracteres de un tweet …

 ¡Todos leemos sin leer…!

 ¡Sabemos, sin saber!…

¡Sufrimos, sin gemir…!

¡Peleamos las batallas de otros, y perdemos las nuestras…!

¡Nos enseñaron a gritar en el desierto, esperando el maná del cielo!

Sin embargo nos dicen y consuelan que: ¡Salvamos a la patria!

¿De qué o quién? ¡No importa!

Sentimos la necesidad de celebrar un triunfo… de algo o de alguien

¡La ingrata satisfacción de celebrar triunfos ajenos!

¡Una triste forma de subsistir… sin existir!

¡En la nueva geopolítica latinoamericana! ¡El voto a cambio de naciones!

¡Por lo menos…! ¡Por ahora!… ¡Mientras escuchamos esa ansiada voz en el desierto!

¡Hasta que ese momento llegue, continuará siendo el gran negocio de mercenarios y vende patrias!

TEXTO PARA COLUMNISTA

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