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La necesaria utopía educativa

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Antropos

“¿Pero acaso ahora no podemos tener utopías?”. Pareciera ser una pregunta desesperada en un mundo en donde aflora la angustia, el escepticismo, la desesperanza, la destrucción, el engaño y el autoengaño.

Creer en la utopía es un derecho que no se le puede quitar a nadie. Ahí están los grandes ejemplos de la historia, cuando en momentos de profunda crisis, surgen proyectos de vida colectivos que salvan del naufragio a la humanidad.

El ser humano, como tal, tiene el derecho de construir sus propias utopías, “como señales en el cielo, afirmó Eduardo Galeano, para caminar hacia un mejor futuro”. Desechar las utopías convierte a nuestras sociedades en conjuntos sociales más frágiles y llenos de incertidumbre.

La utopía es el proyecto que retoma los anhelos de justicia y promueve una sociedad que contenga las condiciones para la felicidad humana, presente en las utopías de toda época, pero con adición de una interpretación de la historia y la sociedad, que permitan no sólo la anticipación del futuro, sino también la concreción y la actualización efectiva de las imágenes de ese futuro.

La utopía es aquella que se entiende como la crítica y negación de la realidad social e histórica actual y se proyecta como el horizonte de una mejor sociedad. Es el hilo que enhebra la aguja para coser la esperanza del futuro.

Y ahora que ya vivimos este  siglo XXI, llamado el siglo de la globalización, del agotamiento de los ecosistemas, debiera ser llamado el siglo de la revitalización de la comunicación en su dimensión humana; y a la escuela debiera dársele un nuevo significado, de modo que sea un contraste entre lo que se está haciendo  en la vida cotidiana y lo que debiera ser. La escuela no puede ser repetidora de realidades, sino modelo a la que se aspire y por la que se trabaje. Debe ser la maqueta cuyo diseño represente los ambientes en donde la comunidad escolar sueñe vivir.

La ciudadanía entiende que la educación es fundamental. Entender que es imprescindible para forjar el sentido de ciudadanía social, económica, política e intercultural. Significa que la utopía en educación se convierte en la aspiración que exige, “la construcción y la reconstrucción, dice Bauman, de los vínculos interhumanos, así como la voluntad y la capacidad de implicarse con las demás personas en un esfuerzo continuo por convivir la convivencia humana en un entorno hospitalario y acogedor propicio para la cooperación mutuamente enriquecedora entre hombres y mujeres que luchan por adquirir mayor autoestima, por desarrollar su potencial y por hacer un uso adecuado de sus capacidades”. Es idear nuevos proyectos y aprender a vivir en un mundo multicultural.

Francisco Pacheco, explica que “nuestra utopía educativa se expresa como la aspiración de la sociedad a formar, un ideal de ser humano capaz, inteligente, creativo, solidario, justo y equitativo. Un ideal de ser humano cultivado en los valores de respeto y tolerancia. Un ser humano que valore la vida sobre todas las cosas, el sentido de comunidad y de participación ciudadana.  Es necesario, recobrar los ideales y superar la ausencia de utopía y la falta de sentido”.

Significa que la educación avanza desde un proceso dialógico, para constituirse en la ventana que abra posibilidades de una utopía generadora de valores dignificantes para la sociedad. De una utopía basada en una ética solidaria orientada a fortalecer una escuela que asuma el compromiso de forjar inteligencias, creatividad y fraternidad.

Habrá que tomar en cuenta que la educación es el eje de la historia de un país porque permite formar a las personas para la vida y  para un mejor desempeño. La educación se convierte en la base central de la movilidad social ascendente logrando proveernos de una mejor oportunidad frente al fenómeno de la globalización y a su vez, nos prepara y capacita para ser  competentes sobre la base de una mayor inversión en la formación del recurso humano, considerado hoy, como el recurso estratégico para el desarrollo de la sociedad.

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