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Intrascendentes reformas a la ONSEC

La Picota

Basta una rápida lectura al proyecto de reformas propuesto en 2010, para la creación de una Secretaría de Servicio Civil que sustituya a la Oficina de Servicio Civil, ONSEC, para entender que es otro de esos chistes que se mandan cada tanto los diputados para justificar el sueldo. La sustitución de una entidad cuya finalidad es, ser el ente rector en materia de gestión de Recursos Humanos a nivel nacional por otra que sería casi lo mismo pero con diferente nombre, no hace mucho sentido.

El problema de fondo se conoce de sobra. La institución es incapaz de controlar la contratación de miles de empleados públicos en toda la república. Se siguen aplicando leyes de hace 50 años, normas que entran en conflicto unas con otras, por lo que nadie sabe cuál aplicar en cada caso. Esa discrecionalidad permite que malos trabajadores no puedan ser despedidos, aun cuando hayan cometido faltas graves.

La principal causa del mal funcionamiento de la administración pública es la inamovilidad de los malos empleados, la contratación de recomendados sin capacidad para ejercer las funciones y los bajos salarios que impiden a los buenos profesionales acceder a puestos estables y con posibilidad de escalar a mandos superiores de acuerdo a su capacidad y experiencia. La burocracia deviene de una serie de procedimientos obsoletos, como el levantamiento de actas o las sanciones administrativas para los empleados transgresores, pero que luego son desechadas discrecionalmente por asesores laborales plegados a los sindicatos.

El procedimiento para la contratación es tedioso. La presión que ejercen los funcionarios, especialmente diputados y sus correligionarios, para que se contrate personal por afinidad política, es el mayor problema. Así mismo, la Ley de Servicio Civil, que va ligada a la Ley de Salarios, Ley de Clases Pasivas y otras que se contradicen y se bloquean, tendrán siempre el mismo resultado: la inoperancia de cualquier institución que trate de regular el tema de los Recursos Humanos, sin importar que nombre le pongamos.

Sobre esta institución se ha escrito mucho, se ha recomendado otro tanto y se han hecho análisis exhaustivos, pero toda voluntad política se ha topado contra el muro de la corrupción.

Tal vez, el mayor problema de la ONSEC sea el pretender centralizar las decisiones que deberían tomarse dentro de cada institución. La homogenización de las relaciones laborales es una utopía tan grande como el Comunismo. Una institución no es igual a otra. La calidad y profesionalismo de los trabajadores deben adecuarse a las actividades de cada sector. Los salarios también deben  ajustarse al mercado laboral y ser competitivos. Un científico no puede cotizarse igual que un licenciado. La responsabilidad, la carga de trabajo y los conocimientos que cada puesto requiere, no pueden homologarse por tablas o estratos de trabajadores con salarios nominales que, en algunos casos, son ridículos.

Si queremos tener un gobierno de primera, debemos contratar a los mejores. Además, Se debe establecer la edad límite para el retiro obligatorio. Nadie en su sano juicio quiere morir sentado en un escritorio solo porque las condiciones para jubilarse no le favorecen. Las oficinas públicas están plagadas de personas de edad avanzada cuyos conocimientos se han quedado obsoletos. Sin duda la movilidad del personal es, en algunos casos, la razón de nuestro subdesarrollo.

El proyecto de ley presentado en 2010 es muestra del desconocimiento de los verdaderos problemas que se viven día a día en la administración pública. No importa cuántos gobiernos pasen ni cuántos directores cambien. El problema de fondo no ha sido discutido. Se necesita de la confluencia de todos los actores sin que solo un sector lleve la voz cantante.

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