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Intransigencia

Evolución

En un artículo publicado en el Blog de la Oxford University Press, Richard Weisberg, profesor de derecho constitucional señala que el término “intransigente” ha sido utilizado en discusiones políticas, especialmente del lado izquierdo del espectro, para etiquetar a quienes sostienen puntos de vista opuestos o diferentes, bajo la suposición que una vez se les acusa con este calificativo, el argumento ha sido ganado. En el caso de Guatemala, esto es particularmente notable en la prensa y en “formadores de opinión”, de forma muy similar a lo que sucede en otros países, tal como evidencia el autor. Apunta Weisberg que el diccionario Oxford rastrea el uso del término intransigente a finales del siglo XIX, a una facción de extrema izquierda en España que, al autoproclamarse “intransigentes”, no sentían que el término tuviese una connotación negativa para sí, sino más bien hacían alarde de la inmutabilidad de sus convicciones. Señala también que a inicios de la década de 1880 los Demócratas en Estados Unidos revirtieron el origen político del término aplicándolo a los Republicanos que no estaban en disposición de llegar a consensos, anotando que desde entonces la izquierda, más que la derecha, ha logrado que el término se identifique con “extremismo”. Ello, bajo la suposición que una posición sobre la cual no se está dispuesto a ceder es, per se, indefendible, sin que previamente se haga un análisis sustancial o profundo sobre dicha posición. Una conclusión que extraigo del punto de Weisberg es sencillamente que acusar a alguien de “intransigente” es, generalmente hablando, en sí misma una posición intransigente. Define intransigencia como “la resistencia al impulso de cambiar, con cierta propensión a ser influido, de posiciones que se consideran sensatas” (la traducción es propia).  Añado que, obviamente, en la mayoría de los casos no se discute la “sensatez” de dichas posiciones.

Curiosamente un artículo sobre el tema publicado por la American Nihilist Underground Society ofrece una perspectiva psicológica interesante, el cual resumo en esta traducción libre. Tendemos a cancelar cualquier influjo que no nos gusta del mundo que nos rodea y a crear un mundo falso simbólico como resultado, falso en el sentido que no representa la realidad con exactitud y simbólico en el sentido que es una representación parcial del mundo pero que nos comunica su totalidad. En un auténtico sentido desconstruccionista, la psicología ofrece una serie de diagnósticos sobre esta condición, pero que en términos coloquiales podríamos llamar “engaño”. La raíz de este engaño es una terquedad emocional que se origina, no en el miedo al cambio, sino en el miedo al mundo, por lo que consecuentemente se opta por el mundo “controlado” que es nuestro mundo simbólico y falso. A este “engaño” se le llama “intransigencia”, palabra que se entiende como terquedad o necedad, con indicios de ser egoísta, anacrónico o incapaz de comportarse como lo requiere la realidad fuera de sí. Su sentido etimológico, el cual se entiende como la negativa a hacer concesiones o llegar a acuerdos, sugiere su patrón psicológico: las personas se vuelven reacias a adaptar su visión mental interna del mundo a la evidencia que presenta el mundo.

Aclaro que no me adscribo a la corriente positivista en algún grado implícita en esta explicación, pero que, no obstante, me parece relevante la idea que es una condición psicológica la que a muchos impide cuestionar el sistema de creencias que han adoptado y asumido como válido, convirtiéndolos por ende en personas intransigentes. Sostengo que el reto consiste, entonces, en tener la suficiente honestidad intelectual para saber analizar a conciencia las posiciones y reconocer cuáles son aquellas sobre las cuales no se puede transigir y que deben ser defendidas con vehemencia, cuales son las posiciones que se rechazan por la mera intransigencia del oponente, y, en esencia, cuales posiciones tienen o no méritos lógicos. La consecuencia lógica de este ejercicio de honestidad intelectual consiste en poder identificar aquellas posiciones en las cuales se puede y se debe ser flexible. Tristemente, creo que en nuestra actualidad, difícilmente exista la madurez y honestidad necesaria para hacer este ejercicio y encontrar el denominador común que nos permita avanzar como sociedad.

TEXTO PARA COLUMNISTA

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