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¿Qué celebra México?

Divi Filius

En términos generales,  nada.  Y desde hace mucho tiempo.  Los desaparecidos, las narco fosas, el brutal número de muertos a raíz de la estrategia anti-narcótica; hay que agregar además (por si no fuera ya suficiente) el terrible número de mujeres desparecidas o muertas que van tejiendo en México prácticamente la capital del feminicidio.  A eso, un modelo económico que ha fracasado produciendo más de sesenta millones de mexicanos que viven en pobreza y pobreza extrema.

Desde hace más de 20 años México ha seguido todo un recetario económico,  privatizando, desregulando, recortando gasto, abriendo los sectores estratégicos de la economía nacional a la inversión extranjera en espera de un crecimiento económico superior al 6%… Y seguimos esperando con cristiana paciencia los resultados milagrosos de las ´reformas estructurales´.

La administración del presidente López Obrador plantea un cambio de dirección, tanto en la temática política como económica.  Con metas igual de ambiciosas en cuanto al crecimiento económico bajo la esperanza que el gasto fiscal dirigido a sectores estratégicos del Estado sea la respuesta.  Lo anterior por cierto no ha significado que México cierre su economía,  simplemente significa que vuelven a reconstruir polos de desarrollo otra vez en potestad del Estado.  Titánica tarea, la de modificar el modelo económico y los resultados posiblemente no serán perceptibles durante este sexenio.

Pero si hay cosas que al corto plazo están siendo muy positivas.

Para empezar, ya sea simbólico o no, pero es un gusto que México tenga un presidente accesible a la gente.  Un presidente que puede interactuar sin el muro de separación construido por la seguridad presidencial.  Hace mucho que en México los presidentes han sido hombres intocables.  Ahora, si se quiere buscar una razón menos ornamental para celebrar, hay que decir que a pesar del peso parlamentario que el presidente López Obrador tiene en los diferentes congresos y senados del país ninguna libertad política ha sido cancelada.  La tentación autoritaria no ha caído en la mente del actual presidente mexicano.  Los mejores indicadores de esto lo constituyen el hecho que las prácticas parlamentarias siguen vigentes.  Además, nótese el hecho que las manifestaciones contrarias al presidente López Obrador no fueron reprimidas en ningún sentido.  Tampoco se persigue a los periodistas ´incómodos´ al gobierno.  De hecho, esta administración ha sido más fiscalizada y criticada que las anteriores, y el presidente no ha decidido esconderse.  Allí está, todos los días, en conferencias de prensa matutina dialogando con los medios.  Eso es bueno y sano en toda democracia.  AMLO no es Maduro, ni es Trump.

El combate a la corrupción desde el gobierno federal ha tocado a hombres poderosos de la política mexicana.  Nunca había sido tan claro que un ex presidente mexicano enfrentara a la justicia.  El caso denominado ´La estafa maestra´ comienza a cerrar el paso al ex presidente Peña.  En medio de estos casos, el ejecutivo ha sido respetuoso de los poderes aceptando incluso que los jueces den por bueno amparos multimillonarios que son producto de la corrupción.  Pero el ejecutivo no ha usado su poder para incidir más allá de lo permitido.

La promesa presidencial de hallar a los 43 estudiantes desaparecidos, lanzando por tierra todas las ´versiones oficiales´ que como bien se sabe en México, son ficticias.

Y por último pero no menos importante, los pobres, esa gran mayoría del país que en los últimos 20 años ha sido literalmente negada y hecha invisible, son ahora, al fin, la prioridad de la administración presidencial.

Sí, en México hay razones para celebrar.

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