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¿Qué es adversidad?

Emunah

Es una situación de infortunio, difícil de sobrellevar, dominada por la desgracia que conlleva angustia, presión, pruebas, penas y decepciones. Todos experimentamos adversidades de un modo u otro, ya que hay muchos aspectos de la vida que nos causan incomodidades. Nadie quisiera conocerlas, ya que todos quisiéramos evitarlas de ser posible; pero lamentablemente no son opcionales. Forman parte de la vida y a todos, en más de alguna ocasión nos han visitado.

Algo que si es opcional es nuestra forma de enfrentarlas; ya que en medio de ellas, podemos reaccionar de dos maneras completamente opuestas: quejarnos y alejarnos de Dios; o acercarnos a él por ayuda. Muchos personajes bíblicos pasaron por una terrible adversidad, pero a raíz de esas experiencias sus vidas cambiaron para bien ya que le permitieron a Dios obrar en ellos a través de esas duras pruebas.

Así que si reaccionamos bien ante ellas, Dios puede usarlas a nuestro favor. Por ejemplo José, del libro de Génesis, fue vendido en esclavitud por sus hermanos, y luego siendo esclavo fue acusado injustamente por un delito que no cometió, por lo que fue enviado a prisión por varios años. A pesar de ello, siguió adorando y honrando a Dios, por lo que Dios siempre lo prospero grandemente en medio de todas sus adversidades. Con el tiempo salió libre y ocupó el lugar más importante en Egipto despuéśs del Faraón.

David de igual forma pasó un sin número de adversidades, y por muchos años fue perseguido a muerte por el rey Saúl tanto que tuvo que irse a vivir a las tierras de sus enemigos e incluso hacerse pasar por loco para salvar su vida. Pero a pesar de todas las pruebas y pecados siguió perseverando en Dios, tanto que el mismo Dios lo elogió diciendo que era un hombre conforme a su corazón. Con el tiempo llegó a ser el rey de todo Israel y el más prominente del Antiguo Testamento.

Pero si optamos por quejarnos atribuyéndole la culpa a Dios, tan sólo nos llenaremos de tristeza, odio, resentimientos; hasta convertirnos en personas extremadamente negativas. Al quejarnos permitimos que las adversidades nos dañen más; y nos volvemos en sus víctimas. Las quejas restringen nuestra capacidad de buscar soluciones prácticas que sean inspiradas por Dios, ya que las mismas llenan nuestra mente de negatividad, limitan nuestra creatividad, anulan las buenas intenciones, desactivan las confesiones positivas y esterilizan las bendiciones de Dios.

Cuando nos quejamos nuestra mente y corazón se llenan de ellas, y al repetirlas y escucharlas una tras otra, las empezamos a creer y ese es el panorama que empezamos a visualizar.  Nuestro espíritu es abatido y desfallece, nuestra actitud se torna pesimista, violenta y gris; ya no tanto por las circunstancias externas, ni por los problemas y las dificultades que estamos atravesando, sino como consecuencia directa de nuestras propias quejas.

Filipenses 2:14-15 nos aconseja: “Hagan todo sin quejas ni contiendas, para que sean intachables y puros, hijos de Dios sin culpa en medio de una generación maligna y perversa. Entre ellos brillan ustedes como estrellas en el mundo, manteniendo firme el mensaje de vida.” Buscar a Dios en las adversidades, orar, leer su palabra van a calmar nuestra ira, y nos devolverá la objetividad y el pensamiento racional, para así parar de quejarnos y poder ser capaces de ver la luz en medio de tanta obscuridad.

Aunque nadie de nosotros anhela las adversidades, ellas pueden venir a ser una bendición en nuestras vidas si caminamos con Dios de la mano a través de esos tiempos difíciles. Al enfrentarlas con la firme determinación de seguir alabando a Dios, confiando en su palabra, y dando lo mejor de nosotros es que seremos transformados para ser de bendición en el mundo, luz a las naciones. Obtendremos una victoria personal, y resolveremos el problema, o atravesaremos la adversidad de una manera que glorifique a Dios.

“Tres veces le he pedido al Señor que me quite ese sufrimiento; pero el Señor me ha dicho: «Mi amor es todo lo que necesitas; pues mi poder se muestra plenamente en la debilidad.» Así que prefiero gloriarme de ser débil, para que repose sobre mí el poder de Cristo. Y me alegro también de las debilidades, los insultos, las necesidades, las persecuciones y las dificultades…porque cuando más débil me siento es cuando más fuerte soy” (2 Corintios 12:8-10).

Tomemos ese ejemplo del apóstol Pablo que en sus situaciones adversas no reprimía sus debilidades; sino que las entregaba a Dios para que el poder de Cristo le fortaleciera y le diera la victoria. Por ello mismo, su lema era “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.”

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