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Argentina y México: Lecciones para tomar en cuenta

Divi Filius

México y Argentina han sido dos referentes latinoamericanos.  Dos países de muchísima influencia política, cultural e intelectual para esta región.  Posiblemente sólo Brasil comparte el mismo nivel de influencia que los dos anteriores países mencionados en la región.

La actual situación política y económica de la Argentina no solamente tiene que interpretarse con respecto a la falta de ortodoxia fiscal y la ´indisciplina fiscal´.  Hay una lección muy importante que la administración del presidente Macri incluso aprendió tarde: si no se cuida de la gente, se pierden votos.  Luego del ejercicio de primarias obligadas, Macri fue desechado para postularse.  Inmediatamente, entendiendo el rechazo popular adoptó medidas de mucho sentido común cuando una economía no está bien, entre ellas reducir el IVA y reducir los impuestos a productos de consumo popular.  ¿Acaso no lo podría haber hecho antes? No, Porque antes de cualquier cosa el interés de la administración era las cifras macro por encima de la gente y la concesión de negocios a personas cercanas.  Si las izquierdas no saben administrar de forma eficiente, a las derechas se les olvida que la gente no come de “variables macro estables”.  Además, a veces los mercados tardan un poco más en funcionar sin importar la desesperación ciudadana.  No se trata solamente de un voto irracional que de nuevo pondrá al peronismo en la casa Rosada; se trata que las derechas se les olvida que sin compensadores sociales en medio de los ajustes, la gente sufre y castiga en las urnas.  Pero que alguien cómo Macri entendiera la importancia de los compensadores resulta difícil. Tampoco entendió el sentido común ciudadano: Si no hay dinero para los programas sociales, ¿Qué justifica reducir impuestos a la inversión donde los ´agentes de mercado´ son amigos del presidente?

En México, las cosas son diferentes.  Al menos por ahora.  La administración del presidente López-Obrador no está cerrando las puertas a la inversión privada, ni tampoco a los proyectos conjuntos entre el sector público y privado.  Pero está combatiendo fuertemente la evasión fiscal.  Resulta que la clase oligarca en México tiene acumulada un nivel de riqueza que les permitiría vivir sin ninguna preocupación por las siguientes diez generaciones.  Pero, ¿Hasta qué punto esta riqueza no es producto de la corrupción, la evasión, la manipulación de los mercados y el compadrazgo político?  La pregunta es válida, es honesta y razonable.  La evidencia dura lo responde.  Si el sistema político se ha prestado para producir multimillonarios, ¿No se vale  repartir la riqueza también entre las clases populares?

La derecha argentina produce los anticuerpos que ponen a la izquierda en el poder.  Y eso parece ser un ciclo que no tiene salida.  En el caso de México, aún está por verse si la administración del presidente López Obrador podrá mantenerse alejada de los vicios de las izquierdas sudamericanas y con ello, articular una suerte de progresismo pero con un fuerte sentido de meritocracia y espíritu democrático.  La lección para los demás es países es muy simple:  Se vale pensar en reformar el sistema, abrir a la inversión pero los compensadores sociales deben estar: La gente no come al día-día de la estabilidad macroeconómica y mucho menos de los ajustes de mercado.

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