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A propósito de la cumbre de acción climática de la ONU…

Lugar Hermenéutico

Para diversos expertos en el tema, el tiempo de negociar sobre la lucha contra el cambio climático esta por expirar, ya se tiene el Acuerdo de Paris, las reglas de procedimiento, sin embargo, es tiempo de aplicar lo pactado.

Vale mencionar que a diferencia de las llamadas conferencia de las partes, COP, caracterizadas por ser una instancia técnica y atendidas por los encargados de las Secretarías o Ministerios de medio ambiente de los Estados en el mundo, las cumbres son un espacio de la Organización de Naciones Unidas, ONU, directamente dirigido a los jefes de Estado, entiéndase al liderazgo mundial.

La secretaría general de la ONU ha pedido a los países que adquieran un compromiso concreto: que en 2050 alcancen la neutralidad de carbono, lo cual quiere decir que la cantidad de CO2 expulsada a la atmosfera sea igual a la capturada, por ejemplo, a través de los bosques.

Previo a lo anterior el Panel Intergubernamental de Cambio Climático advierte sobre la necesidad de reducir al 2030 las emisiones de carbono globales en al menos un 45%.

Vaya que estamos lejos, muy lejos como país y como comunidad global de alcanzar estas metas, pues más que un compromiso ambiental lo anterior pasa por la responsabilidad de las generaciones que actualmente tienen toma de decisión de hacer un giro a los modos de producción y consumo como los hemos concebido hasta ahora, así como dar un giro de 180 grados a nuestra relación con los ecosistemas priorizando su conservación y salud, que se traducen a su vez en nuestra propia salud.

Aunado a lo anterior una fuerte contribución de los llamados países desarrollados en materia de cooperación técnica y financiera para promover la descarbonización de la economía en países como el nuestro, de las economías emergentes y las que se encuentran en transición.  No se trata solamente de fijar métricas, deben facilitarse los medios para su consecución y en ello el primer mundo tiene un alto nivel de responsabilidad.

La contradicción entre la economía gris bajo la cual hemos operado hasta ahora y la falta de compromiso de grandes economías en el mundo por impulsar un nuevo modelo respetuoso con la madre naturaleza, me hizo recordar al gran astrónomo, astrofísico, cosmólogo, astrobiólogo, escritor y divulgador científico estadounidense, Carl Sagan quien anoto en su libro Un Punto Azul Pálido.

“Las moléculas son tontas, los venenos industriales, los gases de invernadero y las sustancias que atacan la capa protectora de ozono, dada su abismal ignorancia, no respetan fronteras, se olvidan de la noción de la soberanía nacional. Y así, a causa de los casi míticos poderes de nuestra tecnología y de la prevalencia del pensamiento a corto plazo, estamos empezando —a escala continental y planetaria— a representar un peligro para nosotros mismos. Evidentemente, si se pretende resolver esos problemas, ello requerirá que muchas naciones actúen coordinadas durante muchos años.”  

Esta actuación deberá ser tan contundente como los golpes de pecho que se han dado los Jefes de Estado de la mayoría de los países en la recién finalizada cumbre de esta semana.

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