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El Palacio Postal de la Ciudad de México

Editado Para La Historia

Desde que el hombre es hombre ha tenido necesidad de comunicarse. Primero fue por medio de señales y sílabas hasta que apareció el lenguaje. La escritura llegó después y con ella la necesidad de comunicarse con otros hombres en lugares lejanos. Se usaron palomas mensajeras, señales de humo… El correo ayudó al avance y al desarrollo de la humanidad.

En México, el correo nació con la Primera Real Cédula en 1579. El primer correo se encontraba en lo que hoy en día es la intersección de la calle del Correo Mayor y la calle La Soledad de la Ciudad de México. Hoy la principal oficina de correos se encuentra en el Palacio Postal cito en el Eje Central Lázaro Cárdenas y Calle de Tacuba.

Desde mediados del siglo XIX en todo el mundo se dio un auge industrial al que México no escapó. Este periodo coincidió en el país con el del presidente Porfirio Díaz. Se desarrollaron los ferrocarriles, las minas, las industrias, las carreteras y por, razones obvias, el correo. En vísperas del primer Centenario de la Independencia de México, las autoridades de la época consideraron oportuno celebrarlo con una serie de construcciones en la tónica del movimiento arquitectónico del momento. Debido al gran aumento del correo y ante el reducido tamaño de su antigua sede, se decidió construir un Palacio Postal a la altura de los de las grandes ciudades.

Como se suele hacer en estas ocasiones fue el presidente quién colocó la primera piedra en septiembre de 1902 del que se llamaría Quinta Casa de Correos o Palacio Postal, quinta porque desde sus inicios en la Ciudad de México era su quinta sede. Los trabajos se terminaron en 1907.

El ganador del concurso internacional que se lanzó para este proyecto fue el arquitecto italiano Adamo Boari y la parte de ingeniería recayó en el ingeniero mexicano Gonzalo Garita. Ambos se esforzaron porque, tanto desde el punto de vista técnico como arquitectónico, el nuevo Palacio Postal respondiera a lo más novedoso de su época. En cuanto a la técnica podemos decir que fue revolucionario su método de fundición de los cimientos, el uso de grandes vigas de hierro fundido, la utilización de elevadores eléctricos e incluso del teléfono. En cuanto a la parte arquitectónica, el italiano Boari optó por la mezcla de diferentes estilos anteriores, que es lo que se llama estilo ecléctico. Podemos ver en el Palacio Postal toques de gótico veneciano, de la época de los Reyes Católicos, del estilo mudéjar pero, para un ojo advertido, no escapan aquí y allá los toques de Art Nouveau.

Los amplios y funcionales espacios, las ventanillas de atención al público, las puertas y ventanas son ricos en ornamentos de colores cálidos en los que los bronces de rejas y balaustradas, fabricados especialmente en Florencia, los mármoles italianos y mexicanos y las escayolas reproduciendo mármoles de cálidos colores dan una sensación de lujo y funcionalidad a este Palacio. Un gran domo con un enorme vitral permite la entrada de luz para hacer más espectacular el brillo de los bronces y el esplendor del lugar.

En los años 1970, el contiguo Banco de México tuvo necesidad de más espacio, por lo que consideró natural utilizar los pisos segundo y tercero del Palacio Postal para su ampliación, lográndose esta materialmente gracias a dos pasarelas que unían ambos edificios. En los años 1990 se tomó la muy sabia decisión de reconstruir el Palacio, devolviéndole su esplendor de antaño. Reconocidos arquitectos, ingenieros y orfebres trabajaron durante 2 años para su recuperación.

Si bien el internet, que ha revolucionado al mundo y también al correo con sus emails de transmisiones inmediatas al otro lado del mundo, ha hecho que el flujo de cartas no sea como antes, no por eso el Palacio Postal deja de cumplir su misión, al servicio del pueblo de México. Hoy en día en la primera planta podemos encontrar un correo normal pero, al mismo tiempo, el edificio alberga la historia del correo en ese país, una biblioteca con más de 8500 volúmenes, salones y el Museo Naval del Distrito Federal.

El Palacio Postal es un edificio del que, por su función, belleza e historia, el mexicano tiene razones para estar orgulloso.

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