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Entender los tiempos es vital

Guatemala Al Rescate

En los últimos treinta años América Latina ha experimentado la transición de gobiernos dictatoriales a gobiernos democráticos, lo que desde luego ha producido avances políticos para garantizar el derecho al voto, elecciones libres y la permanencia en el poder de funcionarios electos, sin embargo, todo esto no es suficiente para garantizar la permanencia de los regímenes democráticos, los acontecimientos recientes en el Ecuador son síntomas típicos de riesgos de un retroceso y de cómo éste puede materializarse de manera inesperada.

Pese a las diferencias existentes entre los países de Latinoamerica, tenemos algunas características comunes que explican la debilidad democrática, por ejemplo, la desigualdad que es una de las más relevantes, pues los mayores niveles de concentración de la riqueza se encuentran en esta región, al igual que los mayores niveles de desigualdad, desigualdad que caracteriza a nuestros países y que se manifiesta de diferentes formas, con grandes bolsones de pobreza y altos niveles de estrechez que afectan a una gran mayoría de la población y que podemos ver en el día a día y en las calles de nuestros países.

Se trata a la vez de una pobreza y de una desigualdad multi casual, que atada a la escasez económica, a la falta de acceso a los servicios básicos, a la falta de oportunidades, estimulan la exclusión social y la discriminación, discriminación que afecta a una variedad de grupos sociales, entre ellos indígenas, mestizos, garífunas, campesinos, etc; creando así una enorme masa de excluidos sin ninguna opción a oportunidades.

Otro factor que influye en el debilitamiento de la democracia es la criminalidad, que es una de las mayores preocupaciones de la población latinoamericana y que la afecta gravemente, fenómeno que genera en la población desconfianza hacia las fuerzas de seguridad pública y pone en duda la capacidad del Estado de cumplir con una de sus  funciones claves como lo es la protección al ciudadano.

Y Por último, está demostrado, en una gran cantidad de estudios, que la corrupción es una amenaza para los procesos de crecimiento económico y de desarrollo de los pueblos, y que esta a su vez reduce la posibilidad de construir un pacto social sólido entre la población.

En América Latina hacen falta regímenes democráticos que fomenten la participación ciudadana, que garanticen un Estado fuerte capaz de diseñar y ejecutar políticas públicas adecuadas, para reducir la brecha entre pobres y ricos, lograr que un mayor número de personas puedan acceder a sistemas educativos y de salud, a un empleo digno y gozar de una protección socio–laboral, con énfasis especialmente en aquellos que tienen menos oportunidades.

Al final sólo un trabajo consistente de fortalecimiento institucional, de reconstrucción del Estado, con la participación de diversos sectores de la sociedad, y de los políticos, puede aumentar la percepción de que la democracia tiene un sentido real para una gran mayoría de la población que no se siente satisfecha ni beneficiada con esta como un sistema político; de no trazar o diseñar una meta sostenible en el tiempo de reconstrucción del Estado, de fortalecimiento institucional, y de replanteamiento político, las posibilidades de una regresión política en muchos países están a la vuelta de la esquina.

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