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Relaciones difíciles

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Queda claro que la calidad de vida no depende sólo de cosas materiales (salud, trabajo, estudios, dinero, tiempo de ocio,…), ya que hay otros factores que inciden en nuestro bienestar emocional. Uno de ellos es cómo nos va en el a menudo espinoso ámbito de las relaciones personales.

Y dentro de este espacio tan amplio, no es el menos importante cómo nos desenvolvemos ante esas personas a las que, por la razón que sea, no soportamos, no podemos ni ver. Expresiones como «no le aguanto», «me hace la vida imposible», «me pone los nervios de punta» son afirmaciones que no por enfáticas y aparentemente desmesuradas son menos representativas de una realidad que puede acabar por afectarnos psíquica y mentalmente. Cada uno es como es, sin duda, y hemos aprendido, mal que bien, a llevarnos al menos medianamente con la gente con que congeniamos poco pero que, a nuestro pesar, vemos con cierta frecuencia. Pero, ¿qué podemos hacer cuando la incompatibilidad es manifiesta, cuando alguien que aparece en nuestra vida con regularidad nos resulta literalmente insoportable?

No podemos omitir la existencia de una gama de anti valores como la vanidad, soberbia, egocentrismo, autoritarismo, egoísmo,… ¿Qué hacer con los mismos y que comportamiento debemos tener ante ellos? Todos debemos esforzarnos en que nuestra relación con los demás, y especialmente con quienes tratamos a menudo, discurra por unos cauces, si no afables, al menos correcto. Resulta más apropiado aprender a situarnos en una posición defensiva y lúcida desde la cual no suframos ese malestar y donde el miedo no anule en nosotros la capacidad de generar esa respuesta racional y ponderada que ansiamos dar al problema.

Ya cuando la situación se hace verdaderamente insostenible, posiblemente el motivo de que no tomemos la decisión más lógica (cortar por lo sano, y dejar de tratarlas) es que, sencillamente, no podemos. O no nos conviene, que viene a ser lo mismo. Un jefe o la compañera de enfrente en el trabajo, una profesora o un colega de estudios en la universidad, un pariente que vemos cada semana, un amigo al que los demás aprecian y que la tiene tomada con nosotros,…

Partamos, por esta vez, de que el culpable es el otro. ¿Qué hacer para convivir en una mínima armonía con esa persona? Ignorar el problema y mirar a otro lado es como pensar que, porque no las vemos, las cosas no están ocurriendo. La realidad existe y, si es problemática y atenta contra nuestro bienestar emocional, hay que plantarle cara y mirarla de frente. Podemos hacer algo también ante ese tipo de personas: abordar la situación de tal manera que consigamos no sentirnos mal y por tanto que no se nos agolpen tantos sentimientos que pueden minan nuestra autoestima e incluso aumentar nuestra agresividad. Que en el caso de sopesar todas las alternativas y se llega a la conclusión de que no hay nada que hacer (y las circunstancias nos lo permiten) habrá que romper con la relación.

No obstante recuerde que siempre hay alguien que nos puede entender, que nos querrá y nos comprenderá, además de estar dispuesto a escucharnos y ayudarnos.

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