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¿Vale la pena la educación?

Antropos

Siendo la educación la que le da sentido de prospectiva a una sociedad, la pregunta de, si vale la pena, es más que una obviedad. Sin embargo, en algunos países como el nuestro, la educación hasta hoy, después de la primavera  democrática de 1944-1054, y algunas buenas acciones que se han dado desde esa época hasta hoy, solo es un discurso de apariencia de los políticos de turno.

La praxis como categoría de transformación de las mentes, de las conductas, de la realidad socio-histórica y de los valores humanos, es el gran referente de la educación como una acción liberadora tal y como lo promovió Pablo Freire en su libro La educación como práctica de la libertad. Y es cabalmente lo que ha estado ausente desde hace muchos años de la historia educativa en nuestro país.

Los programas que han amparado a gobernantes en este pausado letargo mental y cognitivo, son ocurrencias que pierden sentido cuando las autoridades de turno se retiran del gobierno, a no ser esfuerzos que están presentes como los programas de capacitación y formación docente impulsados por la presión del movimiento magisterial organizado de Guatemala los que lleva a la práctica la Universidad de San Carlos en convenio con el Ministerio de Educación.

También debemos de tomar en cuenta que ya hubo esfuerzos de intelectuales, maestros, sociedad civil, gobierno, empresarios, pueblos indígenas, así como se contó con el apoyo de las iglesias católicas y evangélicas para la elaboración del documento más importante que hay en el país en torno a un acuerdo educativo, como fue la propuesta de Reforma Educativa, como fruto de los Acuerdos de Paz.  En este hermoso documento se señaló el rumbo de la educación en Guatemala y se acuerpó con ideas el sentido de una praxis educativa de carácter liberadora. Hay otros aportes significativos que han surgido de iniciativas individuales o de colectivos, pero su mismo carácter, son parciales y duermen el sueño del anonimato y quizás de extinción.

Ciertamente el Estado y la iniciativa privada deben de procurar que la educación se convierta en un bien público de calidad. El entorno lamentablemente nos muestra el lado oscuro. Infraestructura derruida, garajes convertidos en colegios, ausencia de bibliotecas y de libros, laboratorios, canchas deportivas, entorno amigables, y muchas cosas más. A esto habrá que agregarle que se percibe un sentimiento en las familias que la educación no tiene ninguna utilidad, porque sus hijos aún con estudios realizados, no consiguen trabajo y optan por migrar al norte.

Significa que al examinar a fondo el sentido de la educación en y para nuestra sociedad, nos conduce al seno de un conjunto de interrogantes a las que apenas ofrecemos respuestas balbuceantes. Eso sí, soy un convencido que una sociedad educada es una mejor sociedad. Porque la educación forma ciudadanía, competencias y sobre todo valores cívicos tan necesarios para la convivencia social. Ahora bien, ¿cómo logramos que este sueño sea una realidad? ¿cómo alcanzar esta verdad verdadera de que la educación si vale la pena para la sociedad y en particular para Guatemala? Y esa es la cuestión, porque necesitamos que la sociedad y el Estado se conjunten en un solo esfuerzo para encontrar el camino del rumbo de la educación en el país.

Personalmente, después de largas reflexiones, análisis y lecturas críticas que hago de los teóricos de la educación, he llegado a la conclusión que la imaginación creadora y la voluntad política, son los únicos pilares que pueden hacer la diferencia de lo que hasta hoy, se ha hecho en el ámbito de la educación guatemalteca. Ojalá que lo logremos.

TEXTO PARA COLUMNISTA

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