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Humillación y Guerra

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Barataria

“EL QUE SE ARRODILLA PARA CONSEGUIR LA PAZ, QUEDA CON LA HUMILLACIÓN Y CON LA GUERRA”   Winston Churchill

El día jueves recién pasado el mundo quedó totalmente sorprendido de los sucesos que acontecieron en Culiacán, Sinaloa en nuestro vecino país de México.  De un operativo de rutina que resultó con la captura de uno de los hijos del narcotraficante Chapo Guzmán, provocó la reacción de gente armada al servicio del narcotráfico y se sembró literalmente el terror en aquella ciudad, transcurrieron muchas horas hasta entrada la madrugada para que cesara la presencia de fuerzas al servicio del crimen organizado y que lograran la liberación del capturado.  El Presidente mexicano compareció ante los medios a manifestar su acuerdo con la liberación indicando que lo hacía en “aras de la paz y la seguridad de la ciudadanía” y consecuentemente sembró un precedente nefasto para el futuro de aquella nación en su lucha contra el crimen.

Es evidente que estos hechos ocurren bajo la premisa de que en un Estado debe prevalecer el imperio de la ley y con ello consecuentemente el orden, para ello se encuentra instituidas las fuerzas de seguridad.  Las causas para el florecimiento de estructuras criminales muy bien organizadas devienen de la corrupción y la ausencia del Estado.  Los casos como los sucedidos en México, dejan al descubierto la incapacidad del Estado en su lucha contra el crimen organizado, pero a su vez refleja la existencia de un gobierno muy dispuesto a negociar con criminales en lugar de combatirlos.  No se puede imaginar cómo un gobierno so pretexto de mantener la paz y velar por una “seguridad ciudadana” inexistente prefiere arrodillarse ante los narcotraficantes que combatirlos cómo es su deber para preservar el imperio de la ley.  Seguramente muchos criticaran estas líneas, pero en realidad la existencia del Estado obliga a combatir sin tregua los grupos criminales y permitirles negociar sobre la base de amenazas expone a la existencia de un Estado complaciente que prefiere convivir con el crimen que combatirlo.

El caso mexicano debe exponer a los guatemaltecos a considerar lo que ocurre aquí en Guatemala en donde aterrizan avionetas con cargamentos de drogas y las fuerzas de seguridad se ven imposibilitadas de llegar hasta allí porque la misma población civil es utilizada como un “escudo humano” para evitar que se acceda al lugar en donde están las aeronaves y permitir que la droga pueda ser evacuada.  Es decir que el Estado se encuentra muy ausente en la mayor parte del territorio del país y a veces el gobierno pretende hacerse notar a través de instaurar estados de excepción que en realidad nunca van a sustituir la presencia real del Estado puesto que esto implicaría mucho más que la presencia de fuerzas de seguridad.  Lo mismo podemos decir de la corrupción de los funcionarios públicos, la delincuencia en las calles, la extorsión campante que literalmente cohabita con los guatemaltecos, tanto que hemos llegado a considerarla parte de nuestra propia idiosincrasia porque ya no nos sorprende que un piloto, un vendedor de shucos o un comerciante muera por no pagar extorsión, ni que alguien en moto pase asaltando a varios conductores, porque esto ya lo consideramos parte de nuestro propio folclor cuando en realidad no debería ser así.

Cuando Sir Winston Churchill manifestó su opinión sobre la guerra consideró las condiciones  en que puede conseguirse la paz.  Las guerras son dañinas, causan estragos y mucho dolor, sin embargo ninguna nación por muy pacifista puede someterse a los dictados de quien amenaza precisamente esa paz.   En nuestros países latinoamericanos se sufren amenazas de todo tipo, desde dentro del gobierno con la corrupción galopante, fuera del gobierno por grupos y personajes oscuros que buscan corromper y obtener riquezas deshonestas, hasta los grupos criminales y el narcotráfico.  Todas estas amenazas que asechan la paz de nuestros países nunca podrán eliminarse si no se combate, convivir con estas amenazas no es una opción porque naturalmente terminarán por sobrepasar la capacidad de estos Estados y los resultados serán como el caso mexicano o guatemalteco acaso.

Los Estados deberán ser consecuentes con el combate de estas amenazas porque arrodillarse para conseguir que se vayan, que desaparezcan o que dejen de existir únicamente se logrará que superen las capacidades de los países y que, cuando en realidad nos demos cuenta habrán colmado tanto las instituciones que será imposible conseguir la paz y nos quedaremos, tal y como indicó Churchill, con la humillación y con la guerra misma que se podrá evitar por un tiempo, pero tarde o temprano surgirá.  Estoy seguro que muchos criticarán que se combata el crimen, la corrupción o todas aquellas amenazas porque la paz es un anhelo de todos, pero cuando no  se combaten las amenazas a ella puede que lleguemos a convivir de tal manera con los enemigos, que cuando queramos reaccionar ya nos han sobrepasado y de todas manera habrá que enfrentarlos tarde o temprano.

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