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¿Por qué tantos plásticos?

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Resulta usual que tras algún evento masivo, marchas, fiestas, celebraciones, una vez culminadas estas, nos demos cuenta como constancia gráfica, visible, palpable, tangible que la actividad se realizó, inclusive con la posibilidad de calcular a grosso modo la cantidad de participantes, por la cantidad de bolsas plásticas que quedan en la grama, en la calle, hasta en los árboles productos de los vientos, como huella prehistórica de que por ahí pasaron una cantidad significativa de personas que se divirtieron unos, protestaron otros, pero… ahí quedó como un alto contaminante no degradable los empaques de agua ¿pura?, confiterías diseminados a lo largo de kilómetros y kilómetros y que obviamente contrastan no solo con la belleza de la naturaleza viva, sino que afean, dándonos una señal de ser poco cuidadosos, por decir una palabra conservadora.

¿Plásticos? Se aplica a las sustancias de distintas estructuras y naturalezas que carecen de un punto fijo de ebullición y poseen durante un intervalo de temperaturas propiedades de elasticidad y flexibilidad que permiten moldearlas y adaptarlas a diferentes formas y aplicaciones. ¿Qué propiedades tienen los plásticos? resistencia, flexibilidad, capacidad de recibir impresión, transparencia, impermeabilidad, claridad, facilidad para reciclar, posibilidad de reutilización, pero basado en la resistencia y la impermeabilidad, esto los haces no degradables ¿Degradables – degradación? Transformación de una sustancia compleja en otra de estructura más sencilla. Que el hecho de no ser degradable, no permite que el plástico se destruya con tanta facilidad, entiéndase no susceptibles de asimilarse de nuevo en la naturaleza bien sea por efectos de la lluvia o el calor , demorando nada más y nada menos que  unos 500 años en degradarse. ¿Se imagina usted una de las carreteras principales de nuestro país, durante 500 años “adornadas” de bolsas plásticas? Pero para “añadir la gota” que derramará el vaso, los plásticos como desecho generan acumulación de aguas, que se convierten en criaderos de mosquitos, transmisores de enfermedades como el dengue, estancamientos y obstrucción de tuberías. Nada, que un simple desastre.

Todo esto nos conlleva a pensar en el daño que hacemos cuando compramos cualquier producto cuyo envase es plástico y ante la carencia de un recipiente donde botarlo – no previsto ante la ausencia de una cultura que nos permita conservar y cuidar el medio ambiente –, pero además alguien que llame la atención al que pretende contaminar, adicionándole a una autoridad policial que sancione al agresor del planeta Tierra.

E inclusive tenemos condiciones para no partir de cero: muchos esfuerzos se han realizado por acciones concretas de instituciones del estado y organismos no gubernamentales, formando sobre todo a los más jóvenes en como hacer nuestra vida más confortable y limpia. Sin embargo nos encontramos el contraste, que son los mayorcitos quienes con su mal ejemplo echan a perder lo que la escuela enseña.

A nadie le gusta que le ensucien dentro de su casa ¿y acaso fuera, sí? Espero que a partir de hoy, usted estimado lector y del vecino o compañero de trabajo al que le comparta mis artículos, que al llegar a su casa, al trasladarse en cualquier medio de transporte, tener más cuidado en botar lo desechable, donde deba botarse y nos ayude a hacer de nuestro país, un país libre de contaminación.

TEXTO PARA COLUMNISTA

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