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Editado Para La Historia

Nuestra historia comienza en el vagón dormitorio del rey Gustavo Adolfo de Suecia. Noche fría de invierno. Sobre la cama un ser con un cuerpo de ensueño, completamente desnuda, mitad negra mitad apache, mitad pantera mitad mujer. El rey se acerca y le coloca en su muñeca derecha una pulsera de brillantes: – Para que no tengas frío, le dice. Ella mira atenta y prolongadamente los brillantes y mostrando la muñeca izquierda, desenfadada, responde: – Aquí también tengo frío. Fue una intensa relación que solo duró un mes. Estamos hablando de la maravillosa Josephine Baker.

Pero no siempre la vida de esta artista fue oropel y brillo. Tuvo momentos muy difíciles, tanto personales como profesionales. Sirvió de espía al servicio de la Francia Libre y tuvo el grado de teniente del Ejército de Francia por su trabajo durante la Segunda Guerra Mundial.

Josephine Baker nació en San Louis, Missouri, en junio de 1906 y falleció en París en abril de 1975 a la edad de 68 años. Su nombre real era Frida Josephine MacDonald, hija de artistas de poco calibre. El padre abandonó a su madre en 1907 y su madre se casó con un obrero del que tomó el apellido de Baker. Desde niña tuvo que combinar la escuela con el escobillón y el trapeador limpiando casas de familias blancas para poder ayudar a mantener a su familia, de la que era la hija mayor. Siendo niña se instaló en su ciudad un circo en el que se presentó bailando y donde ganó su primer salario: un dólar.

Se casó en 1920 y se dedicó a la vida artística. Pasó por tríos y grupos artísticos hasta que decidió probar su suerte en Broadway a la edad de 16 años. Su color, sus sinsabores. La suerte le sonrío al cabo de 2 años de estar en Nueva York cuando la esposa del agregado comercial de la embajada de los Estados Unidos en París le propuso un salario de $250 semanales si la acompañaba a París, donde su marido quería presentar una revista musical con gente de color. La revista se llamaría “La Revue Noire”.  

Su primera representación en la Ciudad Luz fue el 2 de octubre de 1925 en el muy prestigioso Teatro de los Campos Elíseos, vestida sencillamente con una pequeña falda con bananas y bailando endemoniadamente el charleston, que aún en esa época era desconocido en Europa. Del asombro, el público pasó al entusiasmo generalizado. Rápidamente se convirtió en la inspiración de los artistas de moda, de los pintores y de la alta sociedad.

En 1926 se casó con un italiano, Giuseppe Abbatino, con quien estuvo casada hasta 1936. Durante este periodo fue su empresario, lo que correspondió con los años de mayor éxito de Josephine. Tenía gran fama no solo en Francia, sino en toda Europa.

Era invitada tanto para cantar como para bailar en películas y en importantes cabarets de París y de Europa. Famosa fue su presentación en el Casino de París acompañada por su guepardo Chiquita, que causaba terror entre los músicos y asombro entre los espectadores.

Con la ocupación de Francia por Alemania, Josephine Baker comenzó a trabajar para los servicios secretos de la Francia Libre, ya que tenía entrada a los más encumbrados salones y círculos de la capital francesa. Más adelante tuvo que huir a Marruecos porque en una cena que le ofreció el mismísimo Goebbels previamente se le anunció que el pescado que le servirían para comer estaba envenenado. Logró escapar tirándose por el hueco de la ropa sucia del hotel y posteriormente anunciando su muerte. El mismísimo Hitler decía que la Baker era un diablo.

Recorrió todas las zonas de guerra desde Marruecos hasta el Cercano Oriente. Dentro de las partituras musicales llevaba los mensajes secretos de un lugar a otro. Al terminar la guerra fue condecorada con la Medalla de la Resistencia, la Cruz de Guerra y más tarde con la Legión de Honor, que es la más alta condecoración que otorga la República Francesa.

En Casablanca, como resultado de un parto en el que su hijo nació muerto, tuvo una gran infección por lo que se le tuvo que realizar una histerectomía condenándola a no ser madre nunca más. Esto hizo que se dedicará a adoptar hijos de 12 países diferentes del mundo llevándolos a vivir a su castillo en Dordoña. Ella los llamaba su “Tribu Arcoíris”.

Con el movimiento por los derechos cívicos de Martin Luther King se trasladó a los Estados Unidos para participar en la Gran Marcha a Washington por el trabajo y la libertad. Fue una mujer muy comprometida en la lucha por los derechos de los negros en su país.

Ya 1964 comenzaron sus graves problemas financieros. Hacienda le reclamaba grandes cantidades de dinero. La solidaridad de los artistas franceses no se hizo esperar. Muchos le daban importantes cantidades de dinero y otros le abrían las puertas de sus cabarets para que trabajara y pudiera cumplir con sus obligaciones fiscales. Lamentablemente llegó el momento de declararse en bancarrota. Fue su gran admiradora y compatriota, la princesa Gracia de Mónaco, la que le tendió la mano ofreciéndole alojamiento gratuito por el resto de su vida en Mónaco.

En 1975 logró regresar a su apartamento parisino, ciudad donde se presentaba en diferentes espectáculos de la capital. La mañana del 10 de abril sufrió un ataque cerebral que fue el que le causó la muerte. Recibió honores militares y funerales católicos en la iglesia de la Madelaine.

La vida de Josefina Baker nos demuestra que oropel y brillo pueden ir de la mano con grandes sacrificios personales y con acciones por lo que uno cree justo y necesario.

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