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De la era de la información a la interpretación

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Se ha dado en llamar la era de la información al periodo que sucedió a la era espacial y que va ampliamente ligada al desarrollo de las tecnologías de la información y la comunicación, se estima que inició en la segunda mitad del siglo XIX con la invención del teléfono, la telegrafía, que dio un salto cualitativa y cuantitativamente con la red de internet global.  

Para el sociólogo británico Anthony Giddens, hasta hace algunos años, las fronteras entre la dimensión local y la dimensión global estaban bien definidas,  ahora según este cientista social los límites  son cada vez más débiles dado el flujo masivo de información que circula  mili segundo a mili segundo por los distintos medios.  

Esta avalancha de datos y el constante torbellino de símbolos en contextos tan  complejos, convulsos  y dinámicos como los actuales  hacen que  necesariamente hagamos un llamado a despertar o estimular  nuestro sentido de la interpretación, así como  desarrollar nuestra  disponibilidad mental de escrudiñar lo que hay detrás de la información a la cual tenemos acceso.

De acuerdo con la real Academia Española interpretar se refiere al hecho de explicar acciones o sucesos que pueden ser entendidos de diferente manera.  Lo que está sucediendo en estos momentos en el Sur del continente puede interpretarse de diferentes maneras, cada parte esta exponiendo sus diferentes puntos de vista, los cuales tienen la validez dependiendo de la arista que se vean, sin embargo, se necesitan muchos más elementos para tener una adecuada interpretación de cada situación.

De la misma manera podrían seguirse enumerando ejemplos como el anterior, pues en sociedades como la guatemalteca donde el pensamiento crítico no es una virtud que se ejercite en las familias o en los sistemas educativos, no siempre se logran aplicar frases como las del eco teólogo brasileño Leonardo Boff, cuando anota que “cada punto de vista, es probablemente la vista desde un punto”, vaya frase maestra.

Por ello, mucho más  valiosos que ese torbellino de datos que inundan nuestro espacio real y virtual en cada momento, es interpretar esos datos bajo su contexto en sus múltiples dimensiones.  Dimensiones territoriales, socioeconómicas, culturales, generacionales, por mencionar algunas.   Lo anterior en el marco del mayor respeto posible pues finalmente cada elemento que vemos o leemos simple y sencillamente es la visión de algo o de alguien, no tiene por qué ser correcto o incorrecto, es simplemente la comprensión de su algo, de su mundo, muchas veces mucho más estrecho de lo que imaginamos.  

Ponerse en el lugar de quien escribe un texto o bien emite una opinión y comentario, analizando ampliamente su contexto, puede ser un buen ejercicio para comprender la dimensión de sus pensamientos.  

Bien cabrían ejercicios de este tipo en momentos socialmente complicados para buscar soluciones a los problemas más graves del país conciliando las diferentes interpretaciones que existen sobre Guatemala, pues no es lo mismo opinar de la desnutrición o el desempleo desde un set de televisión, desde un aula universitaria, que de la periferia de la ciudad o bien desde la cruda realidad rural de cualquier punto del corredor seco del país.

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