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El embuste de la izquierda

Evolución

Generalmente hablando, quienes se ubican del lado “izquierdo” del espectro ideológico, así eludan decantarse expresamente por sus vertientes más extremas como el socialismo o el comunismo, tienden a defender en mayor o menor grado la idea de democracia como sistema de gobierno. Ello en contraposición a la idea que la democracia es más bien un método pacífico y civilizado de escogencia temporal de los gobernantes, dentro de un contexto de alternancia en el ejercicio del poder. Esta particular idea, por sí sola no implica la adopción de los ideales republicanos que si bien requieren alternabilidad en el ejercicio del poder, involucran valores más profundos, como el respeto irrestricto a los derechos individuales, sobre todo ante el riesgo de la tiranía de la mayoría, el “rule of law”, el gobierno limitado y un sistema de frenos y contrapesos que garantice la efectividad del sistema en la defensa de dichos derechos. Por supuesto que ubicarse del lado “derecho” del espectro ideológico tampoco necesariamente implica defender el republicanismo como sistema de gobierno. Eso es algo más bien propio del liberalismo clásico y si bien las “derechas” tienden a defender algunos derechos individuales, tampoco lo hacen con la convicción debida y en algunos casos terminan inclinándose también por el estatismo y el mercantilismo que en buena medida contravienen los ideales republicanos.

Es común y característico del pensamiento de izquierda una crasa hipocresía y una doble moral. Se autodenominan demócratas pero en realidad sólo exhiben ciertos rasgos democráticos en la medida que esto sea un medio para alcanzar el fin último, que no es más que la imposición a como dé lugar de su forma de pensamiento o su consolidación en el poder con la consigna de anular cualquier posibilidad que éste les sea disputado o despojado aún por medios democráticos. En lo cultural, por ejemplo, se dicen tolerantes pero censuran y agreden a todo quien no se adscriba a su modelo de “corrección política”. Ofenden e insultan a cualquiera que sostenga valores morales diferentes, así sea en el ejercicio de la libertad de culto, pero hay de aquel que “les ofenda” osando cuestionar o no aceptar sus imposiciones, ese es un intolerante todofóbico que merece ser ostracizado o exterminado, y se sirven del brazo de la “ley” para castigar a quienes no han querido someterse a sus imposiciones y censura.

En lo político, se han agenciado del poder por medios “democráticos” pero con la intención de perpetuarse en él, anulando cualquier posibilidad democrática futura de que el poder sea restituido a sus legítimos titulares, es decir, los ciudadanos. Dicen defender la democracia, pero lo hacen en una única instancia, la que les garantiza el ejercicio del poder absoluto, luego de ella no hay democracia que valga para retirarles el poder que a la fuerza, ilegal e ilegítimamente usurpan. Cuba, Venezuela, Nicaragua y Bolivia han sido ejemplos notables de tiranías que en algún momento gozaron de algún respaldo democrático. Todos sufrieron algún proceso de reforma constitucional en cierto grado ilegítima que permitió a sus gobernantes perpetuarse en el poder por medios fraudulentos con apariencia democrática, pero cuya naturaleza tiránica totalitaria resulta siempre evidente. Evidente, lógicamente, excepto para los siempre hipócritas de izquierda. Hoy, por ejemplo, denuncian como un “golpe de estado” la dimisión de un dictador que estuvo 14 años en el poder y que de forma fraudulenta quiso perpetuar su dictadura ilegítima, sin embargo, en ningún momento denunciaron las violaciones a los procesos democráticos mediante las cuales llegó a usurpar el poder.

Al final, el pensamiento de izquierda converge invariablemente hacia el totalitarismo. Y en ese sentido, en lugar de develar su hipocresía, más bien habría que reconocer que están siendo congruentes con sus ideales, en el sentido que al final del día buscan siempre obtener el poder absoluto a toda costa y lo que su visión marxista alguna vez supuso que lograrían por medio de la violencia, hoy ven que pareciera ser más factible su embuste por la vía “democrática”. Lo más irónico aparte de los tontos útiles que les creen, es que encuentran el perfecto aliado inverosímil en la derecha mercantilista, estatista y corrupta.

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