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El rostro humano de la sociedad

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Descubrir Las Raíces

El pasado 21 de octubre, International Federation for Family Development (IFFD) celebró su Congreso mundial en Londres, bajo el título “La familia, el rostro de lo humano”, con 1.300 personas procedentes de 70 países, para compartir experiencias sobre lo que reconocían como  la empresa más importante de sus vidas: su familia. Participaban 300 jóvenes profesionales en esta jornada denominada “proyecto personal”, para profundizar en los fundamentos de una vida plena, en lo personal y en lo profesional.

 
¨Porque ahora se están dando más casos, que confluyen en esta idea: vale la pena: ¸están descubriendo una verdad de orden natural de siempre: que vale la pena esa dedicación a la familia, el negocio más rentable para un padre. Por supuesto, también para una madre, solo que las mujeres -muchas- son más listas y ya descubrieron esto hace mucho tiempo.

El congreso ha contado con la participación de conferenciantes de primer nivel internacional, pero su verdadero objetivo no era recibir los experimentados consejos de los mejores especialistas en matrimonio y familia, sino visualizar una vez más que la familia es, en verdad, el rostro de lo humano, el lugar donde la persona está llamada a nacer, crecer, amar y morir.

Una sociedad que olvida o maltrata a la familia degenera en el individualismo

Es lo que Joachim Chu, el presidente de IFFD en Hong Kong, denominó en su día la “Family Enrichment culture”. Una cultura que no entiende de razas, religiones, sexos, nacionalidades o clases sociales, para la que solo se exige una condición: querer ser feliz en el entorno propio del ser humano, la familia.

Una de estas mujeres listas es Mary Ann Glendon, madre de tres hijas, con dos nietas ya. Esos son sus datos más interesantes: experta en Derecho Constitucional, profesora en Harvard. Son interesantes sus apreciaciones sobre la familia. Y valientes, por ser hechas en una sociedad tan deshecha en muchos aspectos, como es la norteamericana.
Afirma, cómo para la supervivencia de la democracia es vital la familia. Por supuesto, la familia de siempre: uno para una y para siempre; y abierta a la vida. Razona: la democracia, para su marco legal y económico, requiere de  ciudadanos con virtudes  como la moderación y el  autodominio, asi como  aptitudes para la cooperación, el compromiso, la reflexión.

Si la sociedad no logra inculcar a sus ciudadanos esas ideas y sentimientos que los preparan para la libertad y les permiten disfrutar de ella, no habrá independencia para pobres ni para ricos; solo tiranía para todos. Y la familia es la única institución natural que puede moderar la codicia individual, el egoísmo y la ambición. Mary Ann, hace ya un tiempo, fue jefa de la delegación del Vaticano ante la Conferencia mundial de Pekín. Sin embargo, toca valores universales no exclusivos de una religion, aunque a los cristianos, más a los que hemos crecido en sociedades cristianas, como es la nuestra y los hemos mamado, nos resultan connaturales. Cuenta Mary Ann de su marido, por cierto judío: Sus padres llegaron a Norteamérica desde Rusia, sin nada, ni siquiera tenían educación. Pero trabajaron muchísimo y estaban muy unidos: gracias a eso sus hijos pudieron tener estudios. El sueño americano es posible si la gente trabaja y la familia está unida. Si falla la segunda, no es posible el progreso.

Lo que se invierte en la familia tiene un retorno social mucho mayor que uno invertido en el individuo. Y esa necesidad de amor de los primeros años de vida se intensifica en el ser humano adulto. La autonomía y el desarrollo personal, contrariamente a lo que podría parecer, reclaman ese entorno familiar. La familia es el lugar irremplazable del amor, el único donde el amor incondicionado está asegurado.

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