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Los retos del nuevo Canciller

Divi Filius

Ningún canciller designado, en cualquier nación tendría una tarea fácil considerando los hechos que marcan actualmente al sistema internacional.  Indistintamente que se trate de una nación desarrollada o un país en vía de desarrollo,  cualquier Estado miembro del Sistema Internacional tiene la responsabilidad de mantener acciones congruentes con los principios que sostienen al Sistema Internacional.  Lo anterior es, en esencia la tarea de cualquier canciller.

La finalidad esencial y básica de cualquier Doctrina de Política Exterior, o de la Política Exterior de cualquier nación es defender así como promover los Derechos Humanos  Si, pueden existir muchos otros objetivos legítimos en una agenda de Política Exterior pero los Derechos Humanos son la clave del accionar.  Lo anterior no quiere decir –como mucho suponen en Guatemala-  proteger delincuentes o firmar tratados con el ALBA.  Promover los Derechos Humanos a través de ejecutar una Política Exterior quiere decir, no guardar silencio por ejemplo cuando se cometen atrocidades en manos de los Estados.  Lo anterior aplica a los clásicos casos de eliminación sistemática por razones étnicas ( lo que Turquía actualmente está haciendo con los kurdos en zonas de Siria), significa condenar el uso desmedido de la fuerza (la represión en Bolivia, Chile o los abusos del ejército israelí en las continuas campañas militares sobre Gaza); significa también condenar golpes de Estado y significa también no reconocer gobiernos que emanan del fraude o la violencia.  La fuerza no puede ser la base del derecho que guíe las acciones.  Estoy seguro que todo lo anterior posiblemente sea contrario a las visiones de mundo construidas sobre aspectos religiosos y también es cierto que el lobby evangélico tiene hoy una fuerza muy concreta pero los criterios técnicos son más importantes que la irracionalidad colectiva basada en la superstición.  Por último, la nueva Cancillería podría pensar un rol más activo para atender los niños guatemaltecas ´enjaulados´ en el sistema migratorio estadounidense y no delegarlo – como se ha hecho hasta ahora- en manos de cónsules mexicanos.

Además, la nueva Cancillería tiene que coordinar los esfuerzos que permitan que Guatemala siga insertada en el orden multipolar.  Con lo cual, la Política Exterior de la siguiente administración debería de conducirse bajo los principios del multilateralismo.  Eso es fundamental ya que, sólo en las dinámicas multipolares los Estados con profundas simetrías pueden interactuar en términos de igualdad frente a otros Estados.  Hay que agregar que,  la dinámica multipolar obliga a los Estados a sostener las promesas hechas en materia de cooperación y en materia de integración. Guatemala debe continuar naturalmente con su membresía en la Organización de Estados Americanos,  con su participación en el Grupo de Lima así cómo  los demás foros de integración, CARICOM,  SICA,  SIECA,  y el resto de sopa de letras.  Pensar que salir de estos espacios vale la pena por ahorrar dinero del erario público es no comprender que un país pequeño, con profundas carencias y sin mayor peso en la palestra internacional no puede sostenerse apostando por el aislacionismo.  En esta misma idea relacionada con evitar gastos económicos por materia de relaciones exteriores, Guatemala debe continuar en la ruta de solucionar pacíficamente el diferendo territorial con Belice, cueste lo que cueste.  Dicho sea de paso, también será importante hacerle ver a la Comunidad Internacional que decisiones que terminan unilateralmente compromisos adquiridos es una acción que no volverá a repetirse.

Todo lo anterior es importante que la nueva  Cancillería comprenda.   Porque al final la buena gestión repercute sobre la marca-país. Y por derivación, la agenda de inversión extranjera.

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