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Una Angelita, dos demonios, un machete y un hormiguero

Desde Mi Trinchera

Es medio día, de un 13 de septiembre de 1996; sentados en la sala de mi hogar,  mi padre y madre, con toda la atención en el noticiero de un canal local, que transmitía en vivo el fusilamiento de dos demonios, en realidad no eran humanos… Al menos eso sigo pensando hasta el día de hoy. Han pasado 26 años desde que el motivo por el cual estos demonios fueron pasados por las armas, fue el de violar, torturar y asesinar a una inocente niña de 4 años, Sonia Marisol Álvarez García; 26 años pasaron y la paz en el cielo de esta Angelita, se le vuelve a arrebatar, gracias a una resolución de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, la cual ordena al Estado de Guatemala, pagar un resarcimiento de 20 mil dólares a las familias de los fusilados, gracias al pedido de la nefasta Procuraduría de los Derechos Humanos de Guatemala al frente del PDH Jordán Rodas, la ex fiscal General Claudia Paz y Paz y Frank La Rué.

Es un lunes como cualquier otro, el 19 de abril de 1993 Sonia Marisol Álvarez de tan solo 4 años juega y disfruta la vida llena de colores y risas; pese a las carencias económicas y las pocas oportunidades de tener una mejor calidad de vida, al igual que muchos otros niños de las aldeas del departamento de Escuintla, algo también muy común en toda la república; ese día le cambiarían a Sonia su vida…por una muerte terrible, y su familia quedaría marcada por el dolor y la tristeza por el resto de sus vidas.

Los demonios tienen nombres, y los que le robaron la vida a Sonia, se llamaban Roberto Girón y Pedro Castillo Mendoza.  Sonia está en su casa, donde en apariencia cree jugar segura… – imaginemos ese terrible instante en que estas lacras humanas con lujo de fuerza secuestraron a la niña, la llevaron a un lugar desolado, aterrada no comprendía que sucedía, entre golpes y amenazas se tuvo que tragar el final, que su misma inocencia no le permitía comprender, la desnudaron y empezó la tortura, para perpetrar la violación sexual se tomaron todo el tiempo a su gusto y antojo, mientras uno de los malditos le separaba sus piernitas el otro le abría su vagina con un machete, para tener una penetración más rápida y fácil, -para Sonia el dolor tuvo que ser inimaginable, las lágrimas inocentes, llenas de dolor y horror de seguro corrieron por su rostro tratando de buscar clemencia o piedad en sus esbirros, pero para estos dos monstruos, su capacidad creativa para el mal no tenía limites, para asegurarse el “máximo placer”, le introdujeron su cabecita en un hormiguero, para que se moviera más mientras la seguían violando; al final, después de sentirse satisfechos sexualmente, decidieron darle fin a los despojos que aún quedaban… la degollaron y su cuerpo fue localizado, semienterrado, a la orilla de un rió en la finca Atiú, en Guanagazapa, Escuintla, terminando de esta manera la corta vida de Sonia Marisol, una Angelita arrancada de la tierra y llevada al cielo de la forma más brutal y salvaje, una forma que es imposible de imaginar.

El 13 de septiembre de 1996 fueron ejecutados en la Granja Penal de Canadá, Escuintla Roberto Girón y Pedro Castillo Mendoza, después de un proceso judicial luego que fueron encontrados culpables y confesaron con detalles el horrendo crimen; el mismo Presidente de la República por esa época Álvaro Arzú Irigoyen, en su libro “Y el tiempo se me fue”, describe los difíciles momentos emocionales, la responsabilidad y valentía que afronto al tomar la decisión de no conceder el indulto presidencial y ordenar que se cumpliera la sentencia de aplicar la pena de muerte y fueren fusilados, estos dos malnacidos que tomo;

“No leí todo el proceso, pero sí parte de la declaración de ellos mismos, y hubo párrafos tales que yo dije: “FUSILENLOS”, como cuando la niñita le meten la cabeza en un hormiguero para que se moviera mientras la estaban violando”

Presidente Álvaro Arzú Irigoyen.

La sentencia fue cumplida, y su fusilamiento fue transmitido en vivo por los principales canales de la televisión nacional; yo como un joven ciudadano para ese tiempo, comprendía que pese, que se había tomado la mejor decisión, Sonia jamás volvería a la vida, esa niña nunca más volvería a jugar, a correr, le habían arrebataron su futuro, y destruyeron la vida de toda una humilde familia. Hasta el día de hoy pienso, que  si en mis manos estuviera el poder de decidir sobre estos dos demonios, con gusto cada año los desenterraría y volvería a fusilar una y otra vez.

23 años después la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), vuelve a manchar su nombre y su paz, al condenar al Estado de Guatemala por el fusilamiento de estos dos malditos que la asesinaron; bajo los argumentos de que los culpables no contaron con una defensa técnica, Guatemala violó los derechos a la vida, a la integridad personal y las garantías judiciales en el proceso más que merecido en contra de los mencionados. Ese político e ideológico tribunal que desde San José, Costa Rica nos quiere imponer una sentencia, que más que puramente legal, es asquerosamente amoral, ofensiva para cualquier ciudadano racional, y que solo fomenta, aplaude y además premia, a criminales que por la naturaleza de sus delitos merecen únicamente la muerte.

Los promotores e intercesores ante la CIDH, que lograron demandar al Estado de Guatemala, resultan ser iguales o peores que los criminales que fueron fusilados, Jordán Rodas al frente de la PDH, la ex Fiscal General del Ministerio Público Claudia Paz y Paz y Frank La Rué, todos ellos activistas de la izquierda y que en otros casos judiciales, con tintes políticos han logrado obtener millonarias cantidades de dinero, que les han sido pagadas con los impuestos de todos los guatemaltecos, por simular y fingir ser víctimas o ser querellantes adhesivos, en procesos judiciales inventados y manipulados, con el único fin de hacerse ricos de una manera repugnante.

Guatemala necesita justicia, una no selectiva, necesita que se aplique con la, simple y objetiva efectividad que demanda nuestra Constitución Política de la República de Guatemala; el que se atreve a decir, que la justicia solo debe ser correctiva y con fines de rehabilitación al condenado, es un hipócrita, y muy probablemente no ha vivido el dolor de las víctimas que como Sonia Marisol y toda su familia padecieron de esta clase de criminales, que les arranco de un tajo la vida de su ser querido.

El que mata debe morir, y nuestra Constitución Política en su artículo 18 contempla la PENA DE MUERTE, siendo un derecho constitucional y pedido a gritos por la mayoría de guatemaltecos, el Organismo Ejecutivo y el Congreso de la República están en la obligación de emplear todos los mecanismos que les faculten legalmente para hacer que se cumpla de inmediato la voluntad del pueblo, los funcionarios y quienes tienen los medios para oponerse y obstaculizan su aplicación deben ser considerados, igual o peor que esos criminales que gozan de su protección.

“Tras la resolución de la Corte yo era la última instancia, ellos estaban pendientes del perdón presidencial”.

Álvaro Arzú Irigoyen.

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