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Cielos nocturnos de diciembre

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Los cielos nocturnos de diciembre me son propicios para contemplar las estrellas, que en esos cielos me parecen visualmente más fulgentes e intelectualmente más inquietantes. Las estrellas consisten en gigantescos globos de gas, principalmente hidrógeno y helio, que nacen de nubes de polvo que flotan en el vasto espacio sideral. En las estrellas supernovas se formaron algunos de los elementos químicos esenciales del cuerpo humano: el calcio de los huesos, el hierro de la sangre y el carbono de los tejidos.

Las estrellas tienden a constituir inmensos grupos llamados galaxias. El Sol, es decir, la estrella en torno a la cual gira nuestro planeta, pertenece a una galaxia denominada Vía Láctea, que está compuesta por mil millones de estrellas. Las galaxias tienden a formar grupos. La Vía Láctea pertenece a un grupo de doce galaxias, llamado Grupo Local.

Los cielos nocturnos de diciembre me invitan a meditar sobre el Universo, el espacio y el tiempo, y el ser humano mismo.

Algunos físicos presuponen que el Universo tiene un origen. Empero, puede no tenerlo, y hasta es posible que no podamos saber que lo tiene o no lo tiene. Presuntamente el origen del Universo fue una instantánea explosión de una primitiva y única masa material, que estaba comprimida en un punto del espacio.

Afirmar que tal fue el origen del Universo es impropio, porque antes de la instantánea explosión (llamada Gran Explosión, que habría ocurrido hace por lo menos doce mil millones de años), el Universo consistía precisamente en aquella primitiva y densísima masa material que explosivamente se expandió. Esa explosión habría sido, entonces, no el origen del Universo, sino el origen de un nuevo estado del Universo.

El Universo comprende el espacio y el tiempo. El espacio, ¿es finito, o es infinito? Si es finito, es decir, si tiene un límite, ¿hay o no hay algo allende ese límite? Si hay algo, ¿qué es? Si es infinito, es decir, si no tiene un límite, ¿hay cosas en todo ese espacio infinito? Si solo hay cosas en una parte, ¿por qué hay un infinito espacio excedente? El tiempo, ¿es finito, o es infinito? Si es finito, es decir, si hay un límite hacia el pasado o hacia el futuro, ¿hay o no hay algo allende ese límite? Si hay algo, ¿qué es? Si es infinito, es decir, si no tiene un límite, ¿hay cosas en todo ese tiempo infinito? Si sólo hay cosas en una parte, ¿por qué hay un infinito tiempo excedente?

¿El tiempo es un ente absoluto en el cual duran las cosas, y el espacio es un ente absoluto en el cual están contenidas las cosas, como pensaba Isaac Newton? ¿O, como pensaba Gottfried Leibniz, el tiempo es solo una relación de sucesión irreversible de las cosas, y el espacio es solo una relación reversible de simultaneidad de las cosas, de modo que, antes de que hubiera cosas, no podía haber tiempo ni espacio? ¿O tiempo y espacio son, como pensaba Kant, formas de la humana intuición, es decir, representación inmediata de las cosas, de modo que si no hay ser humano, no hay tiempo ni espacio ni, por consiguiente, tiene sentido inquirir sobre la finitud o la infinitud de tiempo y espacio? ¿O el espacio es simultaneidad inerte y externa propia de la materia, y el tiempo es sucesión viviente e íntima propia del espíritu, como pensaba Henry Bergson?

Albert Einstein no formuló una nueva teoría del tiempo y del espacio. Propuso una teoría en la cual un reloj funciona más lentamente en movimiento que en reposo, y una vara de medir es más corta en movimiento que en reposo. Algunos físicos erróneamente interpretaron que, según Einstein, el tiempo mismo se volvía más lento (como si la lentitud no fuera lentitud en el tiempo), y el espacio mismo se volvía más corto (como si la cortedad no fuera cortedad en el espacio).

El ser humano es el ser más complejo del Universo conocido por el ser humano mismo. Es tan complejo que él es consciente de él mismo y del Universo en el que él existe. ¿Cuáles son las causas mecánicas o las causas finales de existencia del ser humano? ¿Cómo llegó a existir, es decir, cuál fue el proceso físico, o químico, o biológico, o espiritual, por el cual devino? ¿Es posible conocer esas causas y ese proceso? ¿O ni aún podemos saber que tal conocimiento es posible o imposible? Creo que el ser humano es el más grande misterio del Universo, y probablemente un misterio indisipable, precisamente porque su misma naturaleza parece impedir esa disipación.

La última vez que contemplé un cielo nocturno de diciembre presentí que ese cielo me exhortaba a visitar fantásticas regiones ultragalácticas, en las cuales los más grandes misterios del Universo se develaban como si súbitamente obscuras nubes siderales se hubieran transformado en maravillosas estrellas cristalinas. Y cuando, pasada ya la noche, los primeros destellos aurorales comenzaron a despojarme de las sombras, y amenazaban con delatar mis intrépidas meditaciones, y cuando, con su creciente palidez, las estrellas huían del amanecer, opté por dormir, ansioso de soñar que visitaba aquellas regiones ultragalácticas.

Post scriptum. Los cielos nocturnos de diciembre me sugieren que quizá el saber que más ansiamos es aquel que nunca podremos tener.

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