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Acoso: Acto intolerable

Divi Filius

Desde hace algún tiempo el movimiento #MeToo ha destapado una serie sistemática de actos de acoso sexual.  En diferentes latitudes del mundo.  Las acusaciones han afectado no sólo a ´mortales comunes y corrientes sino  a personas que son ´figuras públicas.  El último de estos nombres famosos, el tenor español Plácido Domingo acusado por más de 19 mujeres.

La temática del acoso no es compleja, pero da para interpretaciones incluso dentro del universo feminista.  Por ejemplo, la versión francesa del movimiento #MeToo puso sobre la mesa la distinción entre el ´coqueteo o flirteo torpe´ y el acoso.  La diferencia es que el último es un acto deliberado, sistemático y continúa incluso una vez la mujer se ha negado claramente.  La mayoría de los casos de acoso sexual contra mujeres que se han destapado a raíz que apareció el #MeToo han sucedido en ambientes donde las relaciones de poder son desiguales y donde existe poca o nula conciencia con respecto a los actos que constituyen el acoso.  Por eso mismo es precisamente sorprende las acusaciones de acoso sexual en contra del director del medio digital ´Nómada´ en razón que, se supondría que alguien que comprende la agenda feminista (y la promueve) evitaría caer en estos gravísimos actos.  Cómo cualquier persona, el director de este medio goza de la presunción de inocencia y tiene derecho a defenderse.  Sin embargo, la pregunta es:  Por cuál razón más de una decena de mujeres ha decidido levantar la voz si todas ellas, ¿se suponía estarían en un ambiente seguro (un ambiente proclive a la agenda feminista)?

Primero. Hay una enrome diferencia entre dedicarse simplemente a difundir una agenda y permitir que la agenda haga la diferencia en el día a día.  Concretamente en la vida íntima.  Segundo.  Hay que tomar en cuenta que el acoso sexual no requiere por fuerza ser descarado ni actos de violencia verbal o física que cosifican a la mujer.  El acoso puede aparecer perfectamente en conversaciones coloquiales y en dinámicas donde técnicamente no hay asimetría de poder alguna.  Y así hay tantas formas al respecto y variadas.  El jefe que le pide a la secretaria vestirse de forma más ´jovial´.  El profesor universitario que realiza las revisiones de examen o las evaluaciones extemporáneas citando en su domicilio o en un bar.  La autoridad universitaria que llama a estudiantes mujeres directamente al celular personal (y en horas de la noche).  También está la versión del que sólo ofrece pasantías laborales a las estudiantes guapas, el que envía poemas y canciones a las estudiantes mujeres y el que las agrega en redes sociales sin haber sido buscado.  Bastaría pensar que sucedería si un #MeToo tomara lugar en las universidades del país.

Los espacios donde se discuten ideas y concretamente las ideas feministas deben ser espacios seguros.  Se trata de tener convicción y congruencia.  Habrá que qienes digan que estas son´ sensibilidades de feministas, femi-locas, femi-chairas, histéricas feminazis o jodas de la ideología de género (cuestión inexistente).  Sin embargo, la verdad es más clara, se trata de proteger a la mujer y su dignidad cual persona humana.  Todos tenemos madres, hermanas, amigas; en esencia mujeres que son importantes.  Nadie en su sano juicio toleraría que sus espacios laborales, personales, de instrucción etc., fuesen espacios donde se está a mercede del sistemático acto de presionar y presionar para continuar intentar condicionar un encuentro sexual.  Y si no presionar, insistir, aunque sea de forma torpe bajo la excusa de ser hombre-feminista.

El acoso es intolerable. Va siendo hora de entenderlo.

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