Navidad Contigo

Emunah

Hay una canción navideña que dice: “Santa Claus llegó a la ciudad, todo lo apunta, todo lo ve, te sigue los pasos estés donde estés…te observa cuando duermes, te mira al despertar, no intentes ocultarte de él, pues siempre te verá. Él sabe de ti, él sabe de mí, él lo sabe todo, no intentes huir, Santa Claus llegó a la ciudad.”

De pequeño crecí con la ilusión, como muchos otros niños, que Santa Claus era quien me traía los regalos y que para ser premiado había que portarse bien.  Asimismo, crecí con las posadas y los nacimientos sin comprender realmente lo que significaba. Entre el bullicio de las fiestas, los cohetes, las luces, los regalos, las comidas y todo lo que envuelve esta festividad creí comprender lo que la Navidad representaba.

Hasta que un día llegó, no a la ciudad, sino a mi corazón el verdadero motivo de la Navidad. Entonces por fin pude entender que el verdadero regalo navideño no eran los juguetes, los estrenos, ni mucho menos las fiestas; sino el de celebrar al “Salvador de la humanidad”. Me di cuenta de que para recibir éste maravilloso y extraordinario regalo, no se trataba con que, si era bueno o malo, sino en saber qué lo necesitaba para ser salvo.

Con el pasar de los años pude darme cuenta de que, aunque es una época del año que muchos celebran, muy pocas personas entienden su verdadero significado. Debido a que, por las tradiciones y costumbres navideñas, muchos al igual que yo lo hice, pierden de vista su esencia. Desde que él llegó a mi vida muchas cosas hicieron sentido, no tan sólo la Navidad sino también mi existencia. Me di cuenta de que él me ama sin reservas y que él tiene planes de bienestar y no de calamidad, para darnos un futuro y una esperanza.

Por ese motivo es que aquellos que lo hemos recibido en nuestros corazones celebramos sin parar. Por ello cada 25 de diciembre simbólicamente conmemoramos el día en que Dios vino a este mundo, en la forma de un recién nacido, para revelar su amor por la humanidad. Festejamos en familia lo que Él hizo por nosotros y agradecemos el hecho de haber dispuesto morir por nosotros en una cruz de humillación, tormento y maldición por amor a nosotros.

Aunque la Navidad tradicionalmente está relacionada con un período de celebración y se promueven los sentimientos nobles y buenos: paz, amor, perdón, solidaridad, y tiempo con los amigos y familia; cosas que no están mal y que todos deberíamos cultivar. También es un tiempo apropiado para reflexionar en cuanto a nuestro destino eterno y sobre el nacimiento de Jesús en nuestros corazones y su permanencia en nuestras vidas; ya que él es la fuente de todos estos sentimientos nobles, de todas las virtudes, y de nuestra salvación.

Así que a pesar de todas las distracciones y tradiciones de la temporada, debemos esforzarnos por darle al Señor el lugar que se merece; recordando que la esencia de la navidad no es su aspecto exterior, reflejado en los arbolitos, luces, y las diferentes costumbres; sino su significado interior, ese es el verdadero tesoro, que Él reine en nuestros corazones para que “quite ese corazón duro como la piedra, y nos dé un nuevo corazón y un nuevo espíritu” Ezequiel 11:19.

Mi deseo para esta época es que “compartamos bellos momentos con nuestros seres amados, amistades, y nuestro prójimo llenos de alegría”; pero asimismo tengamos la oportunidad de valorar y celebrar el nacimiento de nuestro Salvador Jesucristo. Perseveremos en el fortalecimiento de una relación sincera y de amor con Dios, y digámosle “esta Navidad quiero pasarla contigo”.  Así que esta temporada dediquemos un tiempo para recordar la manera que Dios nos salvó, y en comprender que “No hay Navidad sin Jesús.” ¡Feliz Navidad!

TEXTO PARA COLUMNISTA
Navidad Contigo 3

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