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Una política adaptativa para el cambio climático

Sueños…

La historia humana se construye con mentiras. Parece una afirmación demasiado exagerada y un poco irrespetuosa. Queremos dejar solamente un dato, el recuerdo de un nombre que lleno de mentiras es la base fundamental de nuestro sistema económico-social de actualidad.

Nos apoyaremos en el célebre ensayo de Stefan Zweig, Américo Vespucio, historia de un error histórico, en donde, según la brillante traductora Úrsula Barta, este distinguido escritor desentierra el misterio de cómo un continente tan lleno de vida, riquezas y Estados fallidos, que ha llenado con su garra, arte y literatura los últimos siglos del mundo, pudo llevar por nombre, el nombre de pila, de un cartógrafo que sería desconocido por el mundo si no fuera porque con esa denominación se bautizó el continente de mayor influencia del mundo actual.

Por supuesto no fue Vespucio el mentiroso genial. No fue Américo quién decidió llamar al nuevo mundo con su ineludible nombre. Fue otro desconocido, un impresor alemán, quien tuvo en sus manos una obra portentosa, totalmente desconocida por el mundo, llamada Mundus Novus, escrita en lengua latina por un tal Albericus Vespucius o Vesputius.

Américo, nunca soñó que el nuevo mundo sería llamado con su nombre. “La gloria la hizo la casualidad, un impresor que, a su vez, nunca soñó que daría a un desconocido tanto renombre.” Nos dice Úrsula. En medio del maremágnum producido por la llegada de riquezas de América, y el auge de los viajes de conquista por el mundo redondo entregado por Cristóbal, llevó a que un joven y excelente matemático y geógrafo llamado Martin Waldseemüller preparara un documento para la orientación marítima alemana, y se encontró con el libro de Américo, y como no tenía otro nombre, supuso que el documento lo había escrito el verdadero descubridor. Así que llama a las nuevas tierras el continente de Américo o América.

La confusión no para allí. Unos errores monumentales traen otros. Luego de aquel 1503, año del bautizo de nuestra América. Cerca de 280 años después las colonias norteamericanas de Inglaterra se sublevan e independizan, y como no tienen un genérico que valga la pena, o por lo menos no uno que los idenfique como migrantes, deciden ponerse como nombre América. Estas provincias desarrapadas conquistan medio continente norteño y se hacen llamar Estados Unidos de América, usurpando el nombre de todo el continente. Otro error monumental. Que a la postre obligó a llamarse americanos a los gringos y “latino” americanos a los del sur del río Bravo. Lo que no se sabe es sí los habitantes de Roma, capital del Lacio, que son los verdaderos latinos, les parece bien o no les importa que el monton de indios y mestizos de este lado nos hagamos seguidores de la Lacio.

Pero, ya nos fuimos por las ramas. Lo que queríamos comentar, a partir de hoy, es el grave error del ser humano de destruir tan diligente, apasionada y eficientemente las condiciones de vida del planeta Tierra, con el error adicional de eliminar ya más de la mitad de las especies de otros animales que poblaban el planeta hace apenas 50 años. Y es que vale la pena reflexionar sobre el asunto. Sí queremos aferrarnos a nuestro error de buscar las ganancias empresariales a través de la explotación eficiente y competitiva de los recursos del planeta, llevando al mundo al desastre y la destrucción de la vida, pues no pasa nada.

Pero, sí queremos preservar la vida en el planeta, por un mínimo destello de dignidad y bondad que pueda anidar aún en nuestros oscuros corazones, pues sería el momento de iniciar el ajuste de nuestro sistema de producción y consumo.

Para tal fin vamos a comentar el escrito de Kristalina Georgieva, flamante directora del Fondo Monetario Internacional, llamado La era adaptativa, que apareció en las páginas del FMI, en diciembre del 2019. https://blog-dialogoafondo.imf.org/?p=12431.

“Ninguna institución o persona puede permanecer al margen de la lucha contra el cambio climático. Cuando pienso en los increíbles desafíos que debemos enfrentar ante el cambio climático, mi mente se centra en los jóvenes. A fin de cuentas, ellos serán quienes gocen de los frutos o soporten la carga de las medidas que se tomen hoy.” Sin ningún miramiento, en forma valiente nos indica, que cuando piensa en su nieta de 9 años, ve su futuro cuando cumpla 20, y la chiquilla será testigo de un cambio climático, que incrementará en 100 millones de personas más en la pobreza.  Su visión de futuro afirma que cuando la niña cumpla 40, “140 millones quizá se conviertan en migrantes climáticos, personas forzadas a huir de hogares que ya no son seguros ni capaces de brindarles subsistencia. Y si vive hasta los 90, el planeta puede ser 3°–4° más cálido y apenas habitable.”

Vale la pena que uno de los órganos más conservadores y liberales del mundo ya esté preocupado por el tema. Seguiremos analizando este pensamiento.

TEXTO PARA COLUMNISTA

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