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El #MeToo que falta: Universidades

Divi Filius

Sin duda, este ejercicio colectivo de mujeres por romper el silencio con respecto al acoso y abuso sexual en diferentes contextos debe trascender el ámbito del acoso cometido por los famosos en la industria cinematográfica.  Se necesita eventualmente, que las mujeres ´de a pie´, rompan el silencio en espacios alejados de los reflectores.

Esto incluye, empresas, partidos políticos (vaya si las comisiones de género en los partidos políticos no se prestan al acoso) y, por mucho, las universidades.  Recientemente dos universidades centroamericanas, importantes, realizaron ejercicios sobre denuncias de acoso sexual.  La universidad de San Carlos de Guatemala por vía de la Asociación de Estudiantes Universitarios (AEU) realizó un ejercicio de denuncias anónimas entre los meses de octubre y noviembre 2018 recibiendo un total de 787 denuncias.  La Universidad de Costa Rica (UCR) abrió una investigación formal debido a denuncias de acoso sexual en varias de sus sedes implementando, además, un nuevo protocolo al respecto.

Y es que, al igual que en el caso de las denuncias por acoso y abuso sexual contra Martín Rodríguez Pellecer (quien tiene derecho a probar su inocencia, dicho sea de paso), se muestra que el acoso sexual no necesariamente deja de suceder en espacios ´seguros´ y donde las relaciones interpersonales estarían guiadas por la confianza y el respeto.  El caso de Martín Rodríguez Pellecer trasciende la situación de un ´abordaje torpe´ (stupid flirting´) o un simple miss conduct (de hecho revela un predador sexual que necesita terapia urgente).

Uno puede solamente ponerse a pensar si en su calidad de docente universitario Rodríguez Pellecer habría cometido algún tipo de este acoso en las aulas universitarias.  Y la pregunta sería, ¿Por qué no se han revelado dichos casos (si es que lo hay)?  De nuevo, por una razón muy sencilla, el acoso por parte de docentes a mujeres universitarias (a veces también a hombres, o viceversa) no requiere la explicitud de ofrecer un masaje tántrico. (esto en referencia a las acusaciones contra Martín Rodríguez Pellecer).  Su forma, su modo, su dinámica está de alguna manera envuelta en ofrecimientos que parecen no tener ninguna maldad, pero conllevan una intención que claramente viola el espacio de interacción seguro.

Aquí algunos ejemplos de las dinámicas que, explícitas o tácitas, son en última instancia acoso.  Pero tan comunes en la dinámica universitaria  :….. ´salgamos por un café mientras le reviso su examen´ ; ´el examen extemporáneo en mi oficina, tarde y por la noche´; ´deme su celular le mando la información, ´; envío de poemas, canciones y mensajes de buenos días al correo electrónico de las alumnas,; ´venga a mi oficina ayúdeme a revisar contenidos… ; ´pase por mi oficina y platíqueme en cualquier momento qué le parecen las clases o los profesores´…;  llamadas a los celulares de las alumnas en horas de la noche´…. , hacer grupos de alumnos en redes sociales para luego agregar a las alumnas guapas;  sesiones de asesoría de tesis en el departamento del asesor´;  iniciar conversaciones con alumnas donde el profesor refiere a su vida sexual o sus gustos sexuales para luego buscar continuar la conversación en un bar´,    etc.. etc. y mucho más.  La lista sería eterna, pero lo que vale la pena resaltar, es, precisamente, que este comportamiento es tan común en decanos, directores de carrera, asesores de tesis y docentes universitarios.  Situación que es, muy triste.

La universidade pierden el tiempo en asegurarse que sus docentes se traguen el ´credo´ o la ideología del recinto cuando el único interés de una universidad es producir, preservar y diseminar conocimiento. Punto.  Lo que el docente crea en su vida personal es ajeno.  Pero si se trata de valores (y vaya si las universidades en Guatemala no se jactan todas de enseñar los valores correctos), valdría la pena no hacerse de la vista gorda ante el acoso.  La lección es muy simple, y muy clara. No se necesita jalar del brazo a una mujer o tocarle las nalgas sin permiso para acosarla.  Hay formas ´sutiles´ pero que son igual de graves.  Esas formas son invasivas pues no son solicitadas.  Y son acoso.  Si una mujer accede a un encuentro o contacto sexual, luego de haberse negado reiteradamente esto es acoso y no una ´conquista´.  Si una mujer no accede al encuentro sexual, pero recibe sistemáticamente solicitudes no pedidas para tener ese encuentro, esto es acoso.  Por donde se vea.  Cómo se vea.

Vendría bien un #MeToo en diferentes facultades, en diferentes universidades del país.

TEXTO PARA COLUMNISTA

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